lunes, 22 de noviembre de 2010

The American


The American

Está bien, Clooney tiene novia italiana. Solo eso es lo que justifica esta película que el hijo de Rosemary produjo para estar cerca de ella. Empaparse un poco del italiano que apenas habla pero que ya reconoce.

Como cualquier gringo en tierra ajena se apichona y casi no habla. No es pura introspección, hay en esos gestos de meterse hacia adentro la imposibilidad de relacionarse con el entorno.

No juntó actores ni actrices a la altura de las producciones americanas que acostumbra a liderar, y acá tiene un conglomerado de italianos que se la rebuscan con el inglés, algún que otro ruso y desmembrados detrás de la cortina.

No hay una trama, pero a veces uno se lo banca, que la historia sea mínima, que solo se reflejen momentos de la vida del protagonista, pero se lo banca cuando es interesante, no es este el caso. Acá no pasa nada, pero nada de nada.

Ni siquiera podemos enamorarnos del personaje del sacerdote, que todo lo sabe o lo intuye, por lo flojo de la actuación de quién lo encarna.

Hay algunos intentos de buenos momentos en algunos pasajes musicales, con un dejo de nostalgia de películas de los 70, de esas de espionaje que cruzaban varias fronteras europeas, como si Clooney fuera de repente Roger Moore. Pero nada más.

También se refleja esto en uno de los personajes femeninos, que se viste llamativamente a la antigua, y se peina como la 99.

Italia es bella, como paisaje, y hay unas tomas aéreas que le hacen un buen favor al ministerio de turismo.

El único buen tino de toda la película es el de fotografiar con abundancia de detalles a la tana de la que se enamora el asesino en su ocaso.

Cansado de no poder entablar nunca una relación, de estar vacío por miedo a tener que deshacerse de su ocasional pareja (como sucede ni bien arranca la película) se termina acostando con prostitutas, pero con la originalidad de volver siempre a la misma, en búsqueda de una forma de relación, aunque más no sea, de revolcadas.

Esa tana es una tana de las tanas que uno quiere ver en el cine. Buenos ojos, divertida, melancólica, buenas tetas, curvas, un poco de cadera casi al límite y esa manera de hablar en inglés que tanto nos gusta. Como la Loren o la Cuccinota.

No hay nada más en la película. Si la idea era mostrarnos a un asesino despiadado, hábil, solitario, a punto de hacer su último trabajo, se quedaron en los guiones, pero nunca pasaron eso a la pantalla.

El final, pésimo, bizarro casi, como escena de esa hermosa película en la que Sandro hace de agente secreto, peleando contra la organización Medusa, dirigida por Luis Tasca. Operación Rosa Rosa.

Me quedo con esa.

Todo en esta es malo.

George, volvé a la senda de Up in the air. Como homenaje a tu novia italiana, te lo tomo, pero…fijáte.

sábado, 13 de noviembre de 2010

RED



RED

Desconozco el nombre bizarro con la que la película se conoció en nuestra cartelera, es la sigla (los gringos aman las siglas) por Retirados Extremadamente Peligrosos.

Una comedia, una de tiros, una de acción, una de espías, una de todo eso.

Con un dejo de aquellas viejas películas de los superagentes, Tiburón, Delfín, y Mojarrita, pero con efectos especialísimos, buenos actores, y una trama pasable, es una buena manera de pasar el rato.

En un tono de comedia británica, del estilo Ritchie, con buenos actores y una trama con alguna intriga que se devela bien al comienzo, lo tiene al eterno, al incombustible, al siempre lastimado y sangrante Bruce Willis en uno de sus clásicos roles, un duro de matar que acá se toma las cosas con filosofía, un poco de humor y un corazón enamorado (si, ok, como en casi todas sus películas).

Torcerá la boca, se lastimará, sangrará, y como si nada, una mañana antes del desayuno, nos meterá en una intriga en el seno mismo de la CIA que no nos dejará respirar siquiera.

Está enamorado por teléfono con una operadora del servicio social, una Sarah Jessica Parker que se siente muy cómoda en la comedia, un tanto tuneada para mis recuerdos, con dientes perfectos como teclado de piano y un rostro como alargado, totalmente alejada de sus clásicos roles de chica que llora.

El resto de la banda, que se irá sumando a media que se los necesite, maduros en serio (o será que Willis no envejece?) el gigante John Malkovich (se me hace que es argentino a veces) Morgan Freeman y la estirada Helen Mirren (hacía falta que su personaje se llame Victoria?).

Todos son retirados, muy jodidos, están alerta siempre, y van al encuentro y ayuda de su amigo Willis, que para colmo de males, está enamorado y no puede hacer que su chica zafe de quedar pegada en la intriga y persecución que se desata a los diez minutos de empezada la película.

Hay música de la buena, buenos efectos, cambios de planos y escenarios con buenos trucos, hay tintura y estiramientos de Helen Mirren que la hacen parecida a su propia figura en el museo de Madamme Thuseau, está el docotro Troy de Nip Tuck haciendo el papel de un vicepresidente de Estados Unidos, cagón, teñido y muy garca y hay una perla, una hermosa aparición de un milagroso Ernest Borgnine.

Cuántos recuerdos viejo pillo. Lo hacía finado, pero esos minutos me llevaron a sus hazañas, esas de blanco y negro en las que sus dientes separados, y sus mohines fueron una marca registrada.

Buenas coreografías de disparos y persecuciones, una aparición también muy celebrada de Richard Dreyfuss, como si la película de verdad se dispusiera a exhumar viejos momentos de la pantalla.

En definitiva, lo que mejor saben hacer, entretener, divertir, producir una emoción que no dura, pero que parece real.

Qué más le pedimos a una película de acción?

Y como si fuera poco, aunque los malos son ellos mismos, los de la agencia inescrupulosa que quiere borrar unas viejas cuitas que quedaron desde q981 en Guatemala, hay rusos, para alegría de todos.

Así nos dejamos un poco de joder con los piel verde.

Un regocijo, quizá le sobren unos minutos.