lunes, 27 de febrero de 2012

The Double


The Double

“por volverte a ver…” diría con justicia la canción. Tanto tiempo sin vernos, también le iría como fórmula. Es que en los últimos 10 asistimos a un lento, pertinaz y planificado movimiento de sustitución de malos, que al menos a mí, no termina de cerrarme.

Y en The Double vuelven los rusos, hay atmósfera de guerra fría, y de CIA versus FBI y de líos y dobles agentes.

Es la ópera prima como director de un tal Michael Brandt, que tiene como antecedentes los guiones para cine de Wanted (esa de las balas en cámara lenta y una Angelina Jolie comestible) y la versión de Rusell Crowe de El tren de las 3y10 a Yuma. Buen manejo de los tiempos y el ritmo, eso es lo que asegura.

La película llega en Abril. No será de esas que recordarán por siempre, pero tiene algunos condimentos buenos.

Solo algunos.

Es la vuelta a un rol de acción de Richard Gere, maduro, canoso, potente, y una buena oportunidad para mostrar a Topher Grace, un ascendente joven buen actor.

Cuál es el problema de la película? Que necesita de una enorme pericia narrativa. Por qué? Porque decidieron revelar de entrada la doble identidad de un agente (de esos que siempre se revelan al final) entonces será necesario ir siguiendo muy de cerca qué más hay en el juego para mantenernos atrapados.

Si ya sabemos de entra quién es el malo, todo en la película tiene que estar al servicio de ir descubriendo qué más no sabemos de él, cómo lo hace, los motivos por los cuales hace lo que hace. Y eso no es tarea fácil. Y en The Double no llega a lograrse.

Hay un giro al final, algo inesperado, pero que no alcanza para salvar la ropa.

Gere está bien, tiene oficio, compone a un agente frío, del que siempre vamos a estar en deuda con conocer su pasado y con algunos momentos de emotividad (muy a cuentagotas).

No pasa de ser una de tiros y algo de trama (algo).

La buena nota es la vuelta a los sets de los malos rusos.

Nos habíamos olvidado un poco lo malo que pueden ser, y está buenísimo! Aunque hay que ser muy cautelosos para que no se pasen de la raya y resulten caricaturas (siempre una gran tentación) los malos en The Double son malísimos, y mantienen tibios los viejos rencores de la guerra fría. Hay intrigas, dobles personalidades, infiltrados y mucho dinero dando vueltas en sus respetables vidas americanizadas. Pero están al acecho, en cualquier momento les dan la orden y ser arma el tole tole.

Hay otra buena nota, que son unos minutos para Martin Sheen. Una gloria de la pantalla. No hay mucho en The Double.

martes, 21 de febrero de 2012

The descendants


The Descendants

Hace rato que digo que Clooney es un buen actor, un actor a la altura de papeles a la antigua, esos de las emociones, los que hacían Jimmy Stewart y Cary Grant. Películas redondas, con principio, problema y final. Que nos hacían reír y llorar en los mismos 30 minutos.

Los descendientes es una película de esa naturaleza, con la extrañeza que le introduce el situar la acción en Hawai, y los toques de ironía que introduce un sólido director, como es Alexander Payne.

Payne es el responsable de Entrecopas, por ejemplo. Buen director de actores y capaz de crear climas y fotografiar la belleza del entorno.

Clooney es el marido de Elizabeth, a quien nunca veremos de pie. Se va a morir desde la escena uno. Se golpeará la cabeza y Clooney será el marido devoto padre de dos hijas, una adolescente y la otra casi, que tendrá que apuntalar todo lo que lo rodea.

Encima de todo eso, es el responsable familiar por un fideicomiso sobre unas tierras valiosísimas que pertenecieron a su familia por generaciones y ahora están a punto de ser vendidas.

Pero las cosas no serán tan lineales.

A medida que avance el relato irán sucediendo cosas. Cosas que no sabía, que sencillamente ignoraba, que ni siquiera sospechaba, y que irán transformado esa pena en ira, en rencor, en rabia, hasta que la calma volverá a su corazón y será el momento del final.

Todo se complicará en su vida, y tendrá que lidiar con todo eso.

Incomprensiones, desapegos producto de la falta de atención.

Como si de pronto tuviéramos que poner el freno de mano en todo lo que hacemos días a día porque hay algo que nos paraliza, y a medida que vamos tratando de retomar el ritmo, vemos que ya nada será como era y que cada camino que intentamos nos trae nuevas sorpresas.

En alguna medida, la desatención que le brindamos a los que queremos por estar ocupados, encerrados en nuestros negocios, sin verlos como deberíamos.

Hay cosas interesantes en la película. Dos actuaciones sobresalientes, la de Clooney, que logra ponerse en la piel del que no sabe todo, que solo tiene un par de sólidos principios y que necesita saber para reconstruir lo que está perdiendo. Con una despedida final que emociona en serio, y la actuación de la joven Shailene Woodley, para tener en cuenta, será seguro una cara que veremos seguido en la pantalla grande.

En resumen, buen trabajo interpretativo y buen guión.

La fotografía de Hawai es un poco densa, y mucho más densa es la música constante. Me gustan ambos recursos, una buena atmósfera, una buena fotografía a veces nos ayuda y mucho a sentirnos parte. Y ni hablar de la música, cuánto le debemos a la música a la hora de las emociones y los momentos inolvidables. Pero no es este el caso.

Hay abuso, hay panfleto, como si estuviéramos todo el tiempo frente a una publicidad del departamento de turismo de las islas.

Si no fuera por eso, y por algunos minutos de más, es un clásico moderno.

Esos que nos ponen frente a las cosas que nos rodean y de las que no siempre estamos conscientes.

Medianeras


Medianeras

Es el amor en los tiempos de la conectividad y de la soledad. Es la poesía de Buenos Aires, son sus calles, son sus malosentendidos, son sus músicas que casi ni se oyen.

Son los seres que tenemos cerca, tan cerca nuestro, en el trabajo, en la facultad, en el club, en la cancha, en el teatro. Veintilargos? Treintaycortos? Allí están retratados, con sus fobias, sus miedos, sus osadías, sus estudios que no sirven par ser felices y sus ganas de serlo.

Cómo encontrar a Wally entre tanta gente, cómo encontrarlo si ni siquiera sé cómo es el Wally para mí? Se pregunta Mariana (bellísima Pilar López Ayala) mientras Martín (Javier Drolas) trata de no hacerse la misma pregunta y se hunde en una relación con una paseadora de perros.

Historias pequeñas, actuales, sensibles, ambientadas en una Buenos Aires más hostil y desordenada que lo habitual, pero bella y poética como los protagonistas.

Los dos, a su tiempo, abrirán ventanas en sus medianeras de edificios, cagándose en los códigos y permitiendo que entren rayos de luz a sus vidas. Los dos emprenderán, a su manera y con sus tiempos, el camino que los lleve a encontrarse, sin saberlo, irán dejando migas, se verán sin verse, se seducirán sin conocerse hasta que, irremediablemente se produzca el encuentro.

Si está película hubiera sido filmada con poca plata por una productora independiente de Estados Unidos y hubiera ganado el Sundance, estaríamos elogiando su estructura y su narrativa.

Gustavo Taretto es el director, hasta hoy solo había hecho cortometrajes, y esa gimnasia ayuda para que a la película no le sobre nada. Y lo digo en serio. Incluso en aquellos pasajes en los cuales la acción es (película argenta al fin) más morosa y distraída.

Las dos actuaciones centrales (hay cameos o pequeñas apariciones de Carla Peterson, Inés Efron y hasta Jorge Lanata haciendo de traumatólogo, faso en mano) son muy buenas. Y no me quedo corto, son de una simpleza y profundidad que llaman la atención.

Pilar López de Ayala es una sorpresa grata, y más sorpresa es comprobar su ciudadanía, es española y compone a una argentina tan pero tan creíble que da envidia. Además de ser hermosa por todos lados.

Una noche, un trago, la luz apagada, ganas de ver historias de gentes, de entrecerrar los ojos para escuchar un buen diálogo, eso y nada más es lo que se necesita para entrarle a Medianeras.

Un poco más de hora y media! Y puedo asegurar que dan ganas de un poquito más, lo que hoy en día no es poca cosa.

Decía al comienzo cuántas veces al día nos cruzamos con Mariana y con Martín, los conocemos, los escuchamos, los adivinamos a veces, pero pocas veces nos vamos con ellos a sus casas, a sus horas muertas, a sus ganas de conocer a alguien con quien compartir cosas, a alguien normal.

Pocas veces nos asomamos a esos días de departamento vacío, de pocas cosas en la heladera y ropa colgada en sillas.

Medianeras nos pone cerca para que espiemos sus vidas, para que los escuchemos en la soledad y sepamos qué les pasa.

Una última mención a los diálogos, que en realidad son pocos, y a las narraciones en off que se van alternando para ir contándonos los estados de ánimo.

Vale la pena. No esperen grandes cosas, sino lo íntimo.

Tinker tailor soldier spy (El Topo)


Tinker tailor soldier spy (El topo)

Una de espías, el regreso a los buenos papeles de Gary Oldman, Puñado de buenos actores ingleses en una escena, otra de John Le Carré, cómo la presentamos?

Es todo eso y algo más.

Es una muy buena narración. Morosa, llena de miradas y silencios, bien fotografiada y con unas actuaciones correctas y que pagan cada segundo.

Pero hay que estar demasiado atento, demasiado focalizado en los detalles en los flashbacks, en las constantes pistas que va dejando el devenir de la historia, para no llegar al final sintiendo que mejor hubiera estado entrar a ver la de tiros.

Del director (sueco) no teníamos referencias anteriores, pero es evidente que está bien elegido y es sólido para hacer algo tan difícil como es llevar a la pantalla los intrincados textos de Le Carré.

Gary Oldman, John Hurt, Ciarán Hinds, Colin Firth, Benedict Cumberbacht (el de Sherlock BBC, si) y Toby Jones (el increíble Capote de la que no brilló a causa de Philip Seymour Hofman) son los buenos interpretes de este relato que se construye bien con ingleses, por sus miradas, manejo de los silencios y la flema, y por su pasión controlada.

La historia es la historia de un topo, un agente ruso metido en lo más alto de una organización secreta británica, todo tan creíble y tan guerra fría que da gusto.

Es que está bueno volver a ver que los malos no son los árabes ni los de barba larga y piel aceituna. Los malos acá (muy malos, hay que decirlo) son los clásicos rojos, con sus borracheras y su falta de alma para deshollar a los traidores.

La película maneja un sublenguaje de lo no dicho, los sobreentendidos, que es magistral, y tiene en la iluminación (o la falta de ella) un aliado de climas y sensaciones.

Los actores están todos muy a la altura, sobresale claro Oldman, componiendo a un avejentado número dos del grupo, echado y vuelto a tomar al servicio de manera oculta, para desenmascarar a la rata adentro de la organización, allí en lo más alto.

Lo bueno que tiene el relato, además, es que todo el tiempo sospecharemos por turno que cada uno de los posibles candidatos puede ser el doble, y eso le hace muy bien a la trama, nos mantiene atento.

También habrá las muy británicas historias de amor entre señores y viejos despechos y añoranzas por la época en que la guerra no era fría.

Es una buena película pero atención, como dije, es muy importante estar muy atentos, demasiado atentos. Lo que suele suceder con las historias de espías, pero un poco más.

Por lo demás, la ambientación en unos años sesenta imprecisos, los buenos retratos de los funcionarios y las historias cruzadas, son ingredientes no centrales pero absolutamente necesarios y no ociosos.

Vale la pena verla.

lunes, 20 de febrero de 2012

Tower Heist


Tower Heist

El director, Brett Ratner, me había hecho terminar de redondear mis pensamientos alrededor del incondicional gusto por la nueva comedia americana con Horrible Bosses, una maravilla del nuevo o renovado género. Con esta película, demuestra además que puede también hacer una comedia industrial, masiva, y con todos los ingredientes.

Por momentos espejo de Ocean 11, en la que un grupo de osados va a dar un golpe maestro y millonario (comparten a Casey Affleck en el cast) la primera parte de la película (quizá mucho tiempo) nos vamos a entretener viendo, para entender después, porque este grupo de gente pacífica, laboriosa, sumisa y aplicada, van a ser capaces de planear y ejecutar un golpe maestro.

Lo harán en n contexto de gran actualidad en los Estados Unidos, esos grandes millonarios que todo lo transformaban en oro (ya critiqué en este blog una sensacional película sobre uno de estos pillos protagonizada por Kevin Spacey) que por obra y gracia de sus trampas y codicia, serán despreciados por todos.

La moraleja siempre presente en las películas americanas es que también allí, esta gente paga.

Un magnate de las finanzas muy bien interpretado por el bueno de Alan Alda (muy parecido en rasgos al famoso Maddock) y un grupo de ex empleados de la torre más lujosa y segura de Manhattan dispuestos a recuperar lo que alguna vez le dieron para administrar, nada menos que sus ahorros, sus pensiones, sus futuros.

Habrá algo de gusto a venganza popular, algo de justicia por mano propia, y mucho ritmo de comedia en la que todo encaja, pero a diferencia de las maravillas de la nueva comedia bizarra, esta vez será a la medida de Hollywood, de los grandes estudios, y de los productos que se destinan a grandes audiencias.

Ben Stiller y Eddie Murphy (también productor) son dos sellos garantizados de un tipo de cine que fluye y es honesto y fiel a sí mismo (Stiller ha hecho intentos muy interesantes para salirse de esos cánones) y el resto del elenco tiene una solidez a prueba de riesgos innecesarios.

La siempre hermosa y buena comediante Tea Leone y Matthew Broderick completan un pool de caras conocidas, buenos para los suyo, correctos, otra vez, a la manera de un Oceans 11 o 12 o 13 que no se toma en serio.

Aquí también habrá disparos pero nadie muere, habrá romance pero no concretado y habrá un malo muy malo al que todos vamos a querer despellejar por lo que hizo con los ahorros de todos.

Tiene buen guión, pocos gags, pero bien seguido el guión y las interpretaciones y guarda algunas sorpresas para el final.

Buena comedia para estos días de carnavales imprevistos y fines de semana nublados. Quiero decir, para los que no nos gusta demasiado el corso…