martes, 21 de febrero de 2012

The descendants


The Descendants

Hace rato que digo que Clooney es un buen actor, un actor a la altura de papeles a la antigua, esos de las emociones, los que hacían Jimmy Stewart y Cary Grant. Películas redondas, con principio, problema y final. Que nos hacían reír y llorar en los mismos 30 minutos.

Los descendientes es una película de esa naturaleza, con la extrañeza que le introduce el situar la acción en Hawai, y los toques de ironía que introduce un sólido director, como es Alexander Payne.

Payne es el responsable de Entrecopas, por ejemplo. Buen director de actores y capaz de crear climas y fotografiar la belleza del entorno.

Clooney es el marido de Elizabeth, a quien nunca veremos de pie. Se va a morir desde la escena uno. Se golpeará la cabeza y Clooney será el marido devoto padre de dos hijas, una adolescente y la otra casi, que tendrá que apuntalar todo lo que lo rodea.

Encima de todo eso, es el responsable familiar por un fideicomiso sobre unas tierras valiosísimas que pertenecieron a su familia por generaciones y ahora están a punto de ser vendidas.

Pero las cosas no serán tan lineales.

A medida que avance el relato irán sucediendo cosas. Cosas que no sabía, que sencillamente ignoraba, que ni siquiera sospechaba, y que irán transformado esa pena en ira, en rencor, en rabia, hasta que la calma volverá a su corazón y será el momento del final.

Todo se complicará en su vida, y tendrá que lidiar con todo eso.

Incomprensiones, desapegos producto de la falta de atención.

Como si de pronto tuviéramos que poner el freno de mano en todo lo que hacemos días a día porque hay algo que nos paraliza, y a medida que vamos tratando de retomar el ritmo, vemos que ya nada será como era y que cada camino que intentamos nos trae nuevas sorpresas.

En alguna medida, la desatención que le brindamos a los que queremos por estar ocupados, encerrados en nuestros negocios, sin verlos como deberíamos.

Hay cosas interesantes en la película. Dos actuaciones sobresalientes, la de Clooney, que logra ponerse en la piel del que no sabe todo, que solo tiene un par de sólidos principios y que necesita saber para reconstruir lo que está perdiendo. Con una despedida final que emociona en serio, y la actuación de la joven Shailene Woodley, para tener en cuenta, será seguro una cara que veremos seguido en la pantalla grande.

En resumen, buen trabajo interpretativo y buen guión.

La fotografía de Hawai es un poco densa, y mucho más densa es la música constante. Me gustan ambos recursos, una buena atmósfera, una buena fotografía a veces nos ayuda y mucho a sentirnos parte. Y ni hablar de la música, cuánto le debemos a la música a la hora de las emociones y los momentos inolvidables. Pero no es este el caso.

Hay abuso, hay panfleto, como si estuviéramos todo el tiempo frente a una publicidad del departamento de turismo de las islas.

Si no fuera por eso, y por algunos minutos de más, es un clásico moderno.

Esos que nos ponen frente a las cosas que nos rodean y de las que no siempre estamos conscientes.

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