domingo, 28 de septiembre de 2014

God's Pocket

God´s Pocket



Penúltima película protagonizada por Philip Seymour Hoffman, primer largometraje dirigido por John Slattery (Roger Sterling de Mad Men) God’s Pocket es sencillamente obligatoria.
No sol porque es la oportunidad de volver a ver en la pantalla a uno de los mejores actores de su generación, sino porque es una historia tan bien construida, tan jodidamente bien hilvanada y tan cercana aunque tan diferente, que conmueve.
La pobreza de ese barrio marginal, esa villa en medio de la ciudad de Philadelphia que se llama God’s Pocket, en donde se puede ser cualquier cosa pero la gente no perdona que no seas nacido ahí, bellamente retratada como marco para contar una historia brutal.
La del matrimonio que conforman PSH y Christina Hendricks (la pelirroja de Mad Men) y su vida pobre, ella con su belleza pálida y triste, él con su camión de venta de carne, y un episodio, la muerte del desequilibrado hijo de ella en un “accidente” en una obra en construcción y el desmoronamiento de es vida entre un cadáver que no se puede enterrar, una esposa a la que no se puede satisfacer  y una deuda que no se puede pagar.
Ese trío infernal será el nudo narrativo de esta película independiente que lastima y conmueve.
Lastima por sus idas y vueltas despiadadas, por el retrato de una realidad que conocemos mucho por los noticieros, el increíble espejo de ese barrio con nuestra villas domésticas, las violencias diarias en la calle, las traiciones, la marginalidad que hasta por momentos de tan brutal se vuelve hilarante.
Esas ropas viejas, gastadas, el calor insoportable combatido por viejos acondicionadores ochentosos, las flores en los acolchados, la humedad y los baños pequeños con cosas que gotean, la dificultad para lograr lo más básico y la injusticia ante una muerte que todo el mundo pasa por alto menos una madre que reclama y grita.
Todo nos suena tan familiar que no podemos dejar de conmovernos y sentirnos reflejados.
La música también está presente con una banda de sonido perfecta.
Y actuaciones a la altura de este relato de perdedores, de marginales, de tipos y tipas de clase baja que solo tienen un orgullo: ser nacidos y criados en God’s Pocket.
Entre tanto buen pasaje, la maravillosa actuación de Philip Seymour Hoffman y su obesidad desbordante, su respiración dificultosa, sus caras de resignación y humillación, las máscaras de un hombre siempre a punto de explotar.

Todo vale esos momentos de clase actoral, hace que valga la pena.

Fading Gigoló

Fading Gigolo



Si fuera un vino, podríamos leer en su etiqueta “clásico, Turturro elabora este blend con cepas clásicas, equilibradas, conocidas” y estaríamos haciendo justicia.
Esta es una película que vibra en esa sintonía, la de Brooklyn, la de Manhattan, la de los barrios judíos ortodoxos, la de los italianos fogosos, la de la melancolía de la ópera y la de los sentimientos.
Y la de Woody Allen, la de su modo de hablar, tan presente todo el tiempo, su cadencia, sus reflexiones sobre la vida y la muerte, sobre el amor y el vacío, sobre las calles de esa ciudad que venera y sufre.
Turturro hace entonces una película clásica en todo sentido, la escribe y la dirige.
Y está bien hecha, aunque la historia que nos presenta es demasiado obvia y básica, no deja de arrancarnos una sonrisa cómplice. Es pequeña, pero no pretende otra cosa.
Un librero llamado Fioravante (Turturro) tiene que cerrar su negocio por falta de clientes, y esa tarde su viejo amigo Murray (Allen) le cuenta que su dermatóloga, que es una bellísima y rica señora de Manhattan (nada menos que Sharon Stone) tiene la fantasía de un trío sexual con una amiga (la bomba latina Sofía Vergara), y que está dispuesta a pagar 1000 dólares por conseguir al amante.
Murray le propone entonces a Fioravante que sea él, que necesitan esos dólares ahora que el negocio está en baja, y este termina aceptando lo que será una sociedad lucrativa.
La historia es buena, no tanto la materialización de esos días de sexo pago y sus enredos. Quiero decir, le falta enredo, comedia, situaciones, para que sea una película capaz de llevarnos un poco más allá de la anécdota del italoamericano familiero que se ve forzado por su amigo judío a una aventura de esta calaña.
Allen será ácido, realista, picante, y Turturro navegará entre la culpa, la vergüenza, el descubrimiento y el enamoramiento, que será el culpable del fracaso final del negocio.
Es una película que parte de una buena anécdota, pero menor en su desarrollo.
Es para nostálgicos de aquél viejo cine de Woody en el que las historias menores mandaban.

Turturro es un director y escritor interesante, que tiene una búsqueda muy italiana de raíces (su comedia musical Romance y Cigarrillos es muy interesante) pero que todavía no despegó con un trabajo definitivo.

lunes, 15 de septiembre de 2014

7 Cajas

7 Cajas



7 Cajas es una película paraguaya, y de tan paraguaya tiene un aire familiar.
Para ver subtitulada de manera obligatoria, no hay manera de seguir sus diálogos mezcla de guaraní y español, compendia una despiadada cadena de desencuentros, descalces, suciedades, maldad extrema y humor, de manera casi perfecta.
Es una película fuerte, como lo fue en su momento Ciudad de Dios, y que tiene el efecto ese de exorcismo que tanto nos atrae, eso de ver lo que les pasa a otros como si fuera extraño a nuestro acervo.
Es un relato marginal, de lumpenaje, de escoria, de hambre y de desequilibrio.
Ubicado en un enorme mercado popular cuenta la historia de un adolescente changarín, que con su carreta acarrea “mercadería” (palabra que se utilizará mucho en la película y que suena así, en castellano).
Uno de los encargos será el de las famosas 7 cajas misteriosas que deberá cuidar celosamente para poder cobrar un enorme pago, que le permitirá adquirir ese objeto de la modernidad que lo desvela, un teléfono celular que filma.
Los enredos, idas y vueltas, giros inesperados, que se irán sucediendo están hilvanados de manera desprolija pero efectiva, habida cuenta de que es desprolijo el entorno y la violencia en la que se zambulle el relato.
Toda la película transcurre en el escenario auténtico, con gentes auténticas y sonidos ambiente perfectamente calibrados para dar a la película un realismo del que solo salimos por los efectos cinematográficos a los que se apela (hay abuso de algunos, como la cámara subjetiva) y por los raptos de humor que los diálogos ofrecen.
Un humor ácido, mordaz, inesperado y brutal.
La trama está muy bien construida y los personajes fluyen y son creíbles.
Sobre todo están muy bien pintados los policías y sus métodos y obsesiones.
7 Cajas es tan buena como dicen.
Es también tan latinoamericana y tan miserable que estremece.
Es fuerte, es inteligente y es brutal.
Una enorme sorpresa este cine paraguayo.
Como fue Whisky para Uruguay.
Estereotipos que están ahí, dando vueltas muy cerca nuestro, en esas realidades que preferimos no ver y que, cuando las vemos reflejadas en la pantalla, nos producen esa sensación de incomodidad insoportable.