lunes, 15 de septiembre de 2014

7 Cajas

7 Cajas



7 Cajas es una película paraguaya, y de tan paraguaya tiene un aire familiar.
Para ver subtitulada de manera obligatoria, no hay manera de seguir sus diálogos mezcla de guaraní y español, compendia una despiadada cadena de desencuentros, descalces, suciedades, maldad extrema y humor, de manera casi perfecta.
Es una película fuerte, como lo fue en su momento Ciudad de Dios, y que tiene el efecto ese de exorcismo que tanto nos atrae, eso de ver lo que les pasa a otros como si fuera extraño a nuestro acervo.
Es un relato marginal, de lumpenaje, de escoria, de hambre y de desequilibrio.
Ubicado en un enorme mercado popular cuenta la historia de un adolescente changarín, que con su carreta acarrea “mercadería” (palabra que se utilizará mucho en la película y que suena así, en castellano).
Uno de los encargos será el de las famosas 7 cajas misteriosas que deberá cuidar celosamente para poder cobrar un enorme pago, que le permitirá adquirir ese objeto de la modernidad que lo desvela, un teléfono celular que filma.
Los enredos, idas y vueltas, giros inesperados, que se irán sucediendo están hilvanados de manera desprolija pero efectiva, habida cuenta de que es desprolijo el entorno y la violencia en la que se zambulle el relato.
Toda la película transcurre en el escenario auténtico, con gentes auténticas y sonidos ambiente perfectamente calibrados para dar a la película un realismo del que solo salimos por los efectos cinematográficos a los que se apela (hay abuso de algunos, como la cámara subjetiva) y por los raptos de humor que los diálogos ofrecen.
Un humor ácido, mordaz, inesperado y brutal.
La trama está muy bien construida y los personajes fluyen y son creíbles.
Sobre todo están muy bien pintados los policías y sus métodos y obsesiones.
7 Cajas es tan buena como dicen.
Es también tan latinoamericana y tan miserable que estremece.
Es fuerte, es inteligente y es brutal.
Una enorme sorpresa este cine paraguayo.
Como fue Whisky para Uruguay.
Estereotipos que están ahí, dando vueltas muy cerca nuestro, en esas realidades que preferimos no ver y que, cuando las vemos reflejadas en la pantalla, nos producen esa sensación de incomodidad insoportable.


1 comentario:

  1. ¿Por qué esa costumbre argentina permanente de menospreciar al vecino más chico? ¿Desde qué lugar se creen habilitados para este tipo de drítica desde un escalón más arriba? ¿Cantidad? ¿Tamaño? Con Brasil no tienen la misma postura.

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