martes, 25 de mayo de 2010

Noise ó Sobrepasando el límite


No nos damos cuenta, pero la ciudad es cada día más y más agresiva con nuestros sentidos. Lo notamos cuando invado alguna actividad en la que intentamos concentrarnos, como cuando intentamos hablar por celular en la calle, o nos queremos detener para escuchar algo en particular. Ahí las bocinas, los motores de los colectivos, las motos, nos invaden la cabeza.

El tema es que no tenemos mucho para hacer, nos refugiamos, nos escondemos, nos ponemos a salvo hasta que un nuevo ruido venga por nosotros.

Yo vivo en un barrio apacible del gran Buenos Aires, un suburbio con árboles y calles tranquilas, sin embargo, a la noche, cuando todos dormimos y sin un patrón fijo de días y horas, una alarma se enciende y nos despierta.

No nos damos cuenta del todo, quizá nos haga levantar al baño o encender una luz o preguntarnos siempre lo mismo, de dónde será?

Dura poco, unos segundos, es notable, pero alguien la apaga, alguien que sabe que puede suceder.

Preguntamos en el barrio y nadie sabe. Es un misterio.

Hace un par de años pusimos vidrios dobles en toda la casa. Fantásticos los vidrios dobles. Todo el mundo cree que es por la temperatura de la casa, aísla mejor, en verano es necesario menos aire acondicionad y en invierno menos caldera, pero eso no es todo. Baja mucho el ruido, mucho, y secretamente, creímos que era para ya no volver a escuchar esa alarma.

Esta película, Sobrepasando el límite o Noise, está protagonizada por un cada vez más inclinado a la comedia absurda Tim Robbins, eterno joven de la pantalla americano ahora recién separado de la bellísima Susan Sarandon. Cada vez más histriónico, aceptando papeles que rozan el absurdo, la comedia negra, pero a la vez cada vez más patético y desamparado.

Encarna a un hombre que se muda a Nueva York con su familia y los ruidos pasan a ser parte muy importante de su vida. Está en una zona poco complicada, el Upper West Side, pero de todas maneras inmerso en una ciudad que genera tano ruido como basura por metro cuadrado, ruidos con los que uno convive y a los que se acostumbra ni bien pisa esas calles, estarán ahí toda tu estadía, y cesarán en ningún momento.

Alarmas, la marcha atrás de los camiones y camionetas, las motos, os bomberos las ambulancias, todo está ahí para taladrarte la cabeza.

Y el bueno de Robbins, que narra algunas partes de la trama tomando una interesante distancia del relato, nos hace ver los sinsabores de esos ruidos que lo interrumpen durmiendo a su hija o intentando intimidad con su esposa, después de semanas de no lograrlo.

Se obsesiona más de la cuenta, tanto que está dispuesto a romper cada uno de los autos que tienen su alarma activada en medio de la noche sin que sus dueños vengan a desconectarlas.

Un relato simple, del estilo día de furia, en el que todos, en algún lugar, nos vemos representados.

Robbins rompe, va preso dos veces, sigue rompiendo, pierde trabajo, amigos, esposa e hija y ahora que tiene tiempo, solo se dedica a esto. Convertido en justiciero, se llama EL Rectificador (Rectifier) y es capaz de deambular por la ciudad como un justiciero anónimo hasta acabar con la última alarma molesta.

Esa es la historia, por lo demás, un par de buenas actuaciones y situaciones ridículas que se cruzan, que dan qué pensar y nos hacen reflexionar acerca del mundo de las peticiones por derecha, del mundo de la política que no escucha las necesidades y del mundo de los vigilantes y los justicieros solitarios.

Hay un párrafo aparte para el rol que encarna William Hurt, alguna vez una actor que iba camino a ser de culto y que ahora acepta papeles en los cuales se toma el pelo de tal manera que uno piensa que ya no podrá tener retorno. Todavía lo recuerdo en Accidental Turist y no me creo este presente de parodia que tiene.

Es divertida, corta, efectiva, hace pensar y gira en torno a una cuestión menor, como casi todas las cosas de la vida.

domingo, 23 de mayo de 2010

The men who stare at goats


Un elenco multiestelar para componer una de esas películas en las que uno adivina que lo mejor debe haber sido compartir el set de filmación en el momento creativo.

Otro de esos buenos libros que, cuando se hacen guiones, necesitan imperiosamente de un elenco de buenos intérpretes para hacer algo que seguro no será memorable, pero seguro será divertido.

En la línea de los hermanos Coen, esta película es ideal para los amantes de lo bizarro. No hay historia, o mejor dicho, si que hay una historia, es el nacimiento, apogeo y ocaso de un escuadrón especial del ejercito de los Estados Unidos, demasiado influidos por Bush y casi tan desequilibrado como él mismísimo comandante en jefe.

Un escuadrón psíquico, un grupo de hombres con habilidades especiales, paranormales, que son entrenados por un lisérgico Jeff Bridges y se convierten en una suerte de escuadrón semi secreto y muy especial en el que brilla un multifacético George Clooney.

No mucho más, un poco menos de una hora y media de una sucesión de incongruencias, nombres en clave y situaciones poco creíbles, para hilvanar una historia poco parecida a otras del género.

Tiene aciertos, y hay que buscarlos por las actuaciones, la de Mc Gregor, la de Clooney, la de Bridges y la de un inflado Kevin Spacey, que es indudable que vuelve a filmar cuando encuentra un guión en el que se puede cagar de risa.

Va a defraudar a los que necesitan linealidades y argumentos con mensajes, a los que quieren seguir un hilo conductor de una historia, a los que quieren que “pasen cosas” en el relato.

En esta película, no pasa nada, hay un narrador, hay un periodista que se raja de su patética situación personal y decide que lo mejor es ir a la guerra de Irak y hay unos personajes que pertenecen a un escuadrón que se ha desintegrado pero que busca redimirse y entronar nuevamente a su viejo líder e inspirador.

De paso, la película es muy irónica para con el Ejército americano, al parece, muy permeable para gastar recursos y embarcarse en historias de dudosa procedencia y en seguir pistas inverosímiles, como las armas nucleares de Saddam, no es cierto?

domingo, 9 de mayo de 2010

Cold Souls


Hay películas que nos llevan a la superficie más brillante, y películas que nos llevan y nos depositan en el fondo, donde por lo general no llega el sol y es oscuro. Claro, también están las que no nos mandan a ninguna parte y todo el tiempo tenemos la sensación que estamos en la misma silla.

Cold Souls es una ingeniosa historia, un buen libro contado de manera eficaz, un poco moroso, pero muy eficaz.

Paul Giamatti hace de Paul Giamatti, un famoso actor norteamericano que, mientras ensaya Tío Vania de Chejov, se da cuenta que su alma le pesa demasiado en el proceso de creación de su personaje central.

Sencillamente no puede con ella, lo atora en el proceso creativo y lo hace padecer. Tanto, que no duerme y siente todo el tiempo que algo le carcome todo su interior. Lo oprime.

Ve en el New Yorker un artículo acerca de una clínica de un doctor que ofrece desalmar a quién lo ordene, tener el alma en un depósito personal y privado, y aventurarse a andar por la vida sin alma o con un alma alquilada, por un tiempo.

Así de simple es la anécdota, y así de poderosa.

Giamatti, en una actuación increíble por lo poderosa, irá pasando por distintos estados, se sacará el alma del cuerpo, andará sin una que lo haga sentir y será frío, despiadado,, liviano, seco y hueco.

Después, desesperado, mientras deja su alma en un depósito, será transplantado con el alma de una poetiza rusa, lo que le permitirá interpretar a un Tío Vania sensacional. Pero seguirá a la deriva, perdido, hasta que decida ir corriendo a recuperar su alma y todo se complicará.

En ese momento se cruzan historias y se enriquece la trama, saliendo el la cuestión casi de cámara que plantean estas películas con un actor sobresaliente que sencillamente inunda la pantalla, para ir dejando protagonismo a una historia de tráfico ilegal de almas entre los Estados Unidos y Rusia, con mafiosos en el medio y una mula. Una mujer que es la encargada de introducir las almas de los donantes en Nueva York.

Es ella, Nina, quién le dará a la historia un carácter distinto y bien logrado. Será una mujer que, de tantas almas que transportó, al quedar en cada operación un residuo de cada una de las almas en la suya propia, irá adquiriendo características singulares, que hacen que Giamatti entable con ella una relación especial.

Bien contada, con los suburbios de Nueva York y de San Petesburgo como escenarios, con una banda de sonido sensacional entra las que se destacan un par de bellísimas canciones interpretadas por Lhasa de Sela, Cold Souls es, un ejercicio para la mente, cansada la mayor parte del tiempo, de consumir esos enlatados, historias que al no encontrar un buen final tienen que recurrir a lo extraordinario, a lo inexplicable, y gastan millones en adornar un reltao que no lo vale.

Este es un buen libro, muy bien actuado y con un brillo particular.

Hace pensar en cuántas cuestiones de los avances tecnológicos tomamos como normales, cuántas veces nos encontramos con esos dilemas medio morales, medio intelectuales, sin saber hacia dónde nos llevan.

Hay sorna en esta película, y está bien que lo haya.

domingo, 2 de mayo de 2010

The road


Sin hacer juicios de valor ni bajadas de línea acerca que por qué todo está árido y gris en ese mundo que habitan, la historia de padre e hijo que compone Vigo Mortensen y ese chico en The Road es de tal aridez que incomoda desde el primer segundo hasta el último.

No hay más argumento que ese, dos almas solas en un mundo seco, en el que ya no quedan ni animales ni plantas ni agua transparente y en el que están demasiado borrosos los límites entre los malos y los buenos.

Eso es todo, y alcanza para construir un relato fuerte, sin moralina ni adoctrinamientos acerca de por qué la raza humana hizo que todo eso que se ve suceda.

Hay un par de notas muy fuertes, pero sobre todo hay todo el tiempo en los gestos, en las miradas, en las carnes grises de los protagonistas con sus dientes destruidos, sus dedos flacos y sus huesos demasiado visibles, hay todo el tiempo una mirada animal que asusta.

Cuando se cruzan con otras personas, de las pocas que quedan, cuando los ojos enfocan algo que se parece a comida, cuando se les acelera el pulso ante un insecto que pueden almorzar, todos esos momentos nos evocan al animal que todos llevamos adentro, y que sale de a ratos, en intermintencias, a veces demasiado seguido, a visitar el mundo.

Una religión lejana, hecha a la medida de eso que está sucediendo y sobre todo a la medida de lo que no sucede, y una moral ajustada a la nueva realidad, can conformando los diálogos de estos padre e hijos que están en la aventura de ir al sur, en busca de algo indefinido, muy parecido a un sueño y solo teniéndose el uno al otro.

Y no hay mucho que decir. Aprender a cuidarse mutuamente, a evocar los buenos ratos del pasado en colores y a sobrevivir.

Duro relato de basado en una muy vendida novela, en el que la desesperanza, los páramos y los árboles secos son el escenario perfecto para estas nuevas enseñanzas.

Bien por Vigo, el fana de San Lorenzo que es capaz de componer a estos desclazados de mirada dulce, en medio de la desesperación más absoluta y es capaz también de transformar su cuerpo de acuerdo a las exigencias del relato. Hay una breve pero contundente aparición del eterno Robert Duvall y un pibe que hace de un demasiado sensible pero efectivo hijo, por el que todo el relato se sostiene.

Es árida, dura, agobiante de a ratos, pero está buena para ver y salir a abrazar fuerte a los nuestros, comerse un buen plato de locro y brindar por tenerlo a mano.

sábado, 1 de mayo de 2010

El corredor nocturno


Otro buen libro que no logra llegar bien a su otro lenguaje. Pero esta vez no es por falta de pericia del director, malos actores o mala adaptación, todo eso está muy bien en la película, creo que simplemente este libro no creaba una película a su lectura.

La verdad es que se trata de una de esas películas argentinas que tienen ritmo, fotografía, música y actuaciones a la altura de ese cine que quisiéramos ver seguido.

Ojalá esta sea una película más en medio de una catarata de títulos de nuestra industria. Lamentablemente no es así, si bien hay bastantes estrenos en el año, rara vez llegan a ser productos que valgan la pena.

Acá hablamos de una coproducción con España y de una maximización de cuidados, eso está todo bien, en los rubros técnicos la película es sólida, creo que lo que le falta es una historia para contar.

Bien actuada por un trío más que interesante, Sbaraglia en la madurez, Solá componiendo a uno de esos sinistros personajes indispensables en las películas de género misteriosos, irónico, refinado, cruel, despiadado, frío, un papel a su medida, tan desapercibido como fue su estadía en Puerto Madero (me pregunto cuál es la verdad de su huída) y la tercera es Erica Rivas, un encanto de intérprete y una actriz con cada vez más recursos.

Lo que falla, otra vez, es la historia.

El argumento tiene un crescendo interesante en los primeros 40 minutos, cuando no sabemos, cuando nos asustamos, cuando intuimos lo que va a pasar, cuando hacemos conjeturas.

Cuando todas esas cuestiones se van develando, cuando los personajes entran en cajas más o menos estables, la historia se desvanece y pasa a ser un argumento de novela de las 7 de la tarde, desperdiciando talento interpretativo y buenos recursos de dirección.

Hay mucho cuidado de la imagen, mucho cuidado de la música incidental, mucho cuidado de los climas y de la química entre los actores, pero que no alcanzan a sustituir un final débil en cuanto a la historia.

Por otro lado, se maneja todo el tiempo un estereotipo del trabajo en una empresa, que no tiene mucho que ver con la realidad, con lo que todos los que pertenecemos a ese mundo, nos quedamos un poco con la sensación de que se improvisa también en otros aspectos.

De todas maneras, por un montón de razones está por encima de la media nacional