lunes, 24 de octubre de 2016

La leyenda de Tarzán

La leyenda de Tarzán

Una vuelta de tuerca romántica y con tecnología bien usada, para la historia de siempre



6 Butacas


Tarzán ya es John Clayton cuando comienza la película, está casado felizmente con la bella Jane y han dejado atrás el mundo que los unió para vivir apaciblemente en la mansión que le pertenece a su familia, como herederos de Lord Greystoke.

Pero algo está ocurriendo en el Congo Belga, un inescrupuloso hombre de negocios está formando un ejército paralelo (20000 hombres) y fortificando una ruta de negocios vinculados a los diamantes, que necesitan de la urgente atención del gobierno británico y el de los Estados Unidos, de inmediato.

Curioso giro de la historia. Los dos gendarmes mundiales deben recurrir a Tarzán, que está casi retirado, para que esa incursión para salvar a ese hermoso pueblo de la tiranía (les suena?) no sea un fracaso.

Así empieza la película.

Más allá de estas cuestiones idelógicas, la película está muy bien filmada.

El reparto es más que justado (un buen Tarzán, en la creación de uno de los hijos de Stellan Skarsgard, una hermosa Jane, la ascendente Margot Robbie, y un villano a prueba de balas compuesto por Christoph Waltz con un Samuel Jackson como yanky divertido pero letal) y la tecnología está absolutamente ajustada y usada sin estridencias para beneficio de la historia.

Todo lo demás lo sabemos.

Se puede ver.

Toro

Toro

Tres hermanos al margen de la ley, un malo muy malo y lo obvio


5 Butacas


Hay algo de barroquismo innecesario en el estilo de filmar del director, y eso no es bueno. Porque se puede con un guión flojo, pero no con el exceso de virtuosismo para cubrir los baches.

Se puede compensar con buenas actuaciones, con música, con edición, para hacer que una película resulte interesante. Pero no ocurre en Toro, que si bien tiene algunos intentos y un par de buenas actuaciones, hay momentos en los que intenta suplir agujeros de la historia con esmeradas tomas y música y rebusques, pero eso no alcanza.

Es la historia de tres hermanos que trabajan para un capo de una ciudad costera (en Andalucía), una ciudad que es chata escencialmente, pero que tiene un submundo ligado a la pesca, y a los negocios tradicionales que son conducidos con mano dura por el personaje que interpreta José Sacristán (tantos buenos recuerdos...).

Algo sale mal, uno de los tres hermanos es herido mortalmente, uno va preso (Toro, el más joven) y el tercero, un díscolo que se hace trampa hasta a sí mismo, vive con ese pesar mientras su hermano menor purga condena. Este personaje lo interpreta el prolífico y profesional Luis Tosar (a quién vimos en 100 años de perdón, rodada en Buenos Aires).

Algo quedará roto entre todos ellos, y los años de condena de Toro apaciguan las cosas, pero no los recuerdos.

Bastará un disparador (nada menor, el hermano díscolo se queda con plata del jefe y le secuestran a la hija) para que todas esas viejas cuentas quieran cobrarse.

Y se desatará la guerra entre todos.

Hay un nuevo cine español que se mete con estos policiales bien ambientados, con ritmo, adaptados a la cultura española y con temáticas interesantes.

Pero esta película no está a la altura de esto nuevo y bueno que está pasando.

El guión es demasiado trillado, no hay sorpresas ni giros nuevos. Sabremos siempre lo que va a pasar, y encima hay actuaciones exageradas, lo que le quita brillo y credibilidad.

Arranca bien, se desvanece y se hace menos creíble a medida que avanza.

Y además está hablada tan cerrada que necesita subtítulos.

Una pena.

La punta del iceberg

La punta del iceberg

Se plantea como un thriler de oficina, pero no logra ni tensión ni sorpresas


3 Butacas


Solo la buena cosa de ver un rato a Maribel Verdú (cada vez más huesuda) que es una buena actriz, y una promesa de relato en los que suponemos que van a pasar cosas. Pero a los 10 minutos ya sabremos, por indicios, por tono, por falta de sorpresa, que no va a suceder nada.

Es interesante el escenario de una gran empresa para ubicar una investigación de muertes sospechosas, y eso es el disparador.

Una empresa grande, supuestamente tecnológica, que corre detrás de objetivos muy desafiantes y estresantes, y tres ejecutivos de una de las filiales, que, tendremos que descubrir por qué, se suicidan en la oficina en el lapso de meses.

Allí enviarán a la Verdú desde la central, para investigar qué pasa, y no pasará nada.

Todo será explícito, todo se dirá en voz alta, todo irá transcurriendo casi tal como nos imaginamos que puede suceder, entonces no hay misterio, no hay sorpresa, y las cosas suceden como creemos que van a suceder, por lo que ya no tiene mucho sentido seguir mirando.

Es definitivamente mala.

Al menos desde lo estético hay algo de cuidado y no han recurrido a desnudos innecesarios o cuestiones de mal gusto visual, pero nada más.

El guión es muy pero muy flojo.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Free state of Jones

Free state of Jones

Bien contada historia y oportuna, sobre la temática racial



7 Butacas



Ese es el telón de fondo de esta historia ubicada en el centro de la cruenta guerra civil de los Estados Unidos.

En la lucha Norte-Sur, un soldado enfermero, que asistía sin pelear, aunque sabía hacerlo, al verse tocado profundamente por una muerte cercana, decide desertar de una guerra que no lucha con convicción, y se aísla en un pantano para no ser colgado por desertor.

Otro buen rol para Matthew McConaughey, que compone a Newton Knight, el desertor que, escondido con negros escapados de plantaciones y de crueldades, va reclutando en ese lugar inaccesible para la caballería, a un pequeño ejército de desclasados, que se irá haciendo cada vez más poderoso.

Tan poderoso, que toma con arte de guerrilla varios condados, hasta dictar una constitución propia.

Esa es la anécdota central, una historia adentro de otra historia que la contiene. La vida de un hombre que arranca como desertor, pero que se termina convirtiendo en un líder indiscutible.

Podría haberse quedado ahí, pero el director avanza con el tema que aún subyace fuerte en esa sociedad, la cuestión racial.

Y lo hace desnudando que, a pesar de Lincoln (ya sin él) y las nuevas leyes de sufragio universal y abolición de la esclavitud, el establishment se las arreglará para seguir explotando y seguir oprimiendo.

Así, la aparición de KKK, los abusos, los asesinatos, y hasta un caso que se irá intercalando en el relato, como es un juicio 80 años después, en el estado de Mississippi, le hacen al ñieto del protagonista por haberse casado con una mujer blanca, pero siendo blanco él (rubio) pero con 1/8 de sangre negra, ya que su abuelo rehizo su vida con una esclava a la que salvó del oprobio.

Muy interesante historia, bien contada y explotada, con una buena actuación del protagonista y varios subtemas que se van tejiendo de manera inteligente.

La duración es el único punto flojo.

Concussion

Concussion

Smith se destaca en una historia real de un deporte que conocemos poco



6 Butacas



Peter Landeman es el director de aquella muy buena película que fue Parkland, y en Concussion, también se mete con un hecho real (Parkland era el nombre del hospital al que llevaron a JFK después de los disparos, y adonde murió) y también crea una atmósfera de interés cinematográfico con una historia que nos es muy lejana, pero que por esa capacidad del director, podemos seguir con atención.

A veces pasa, y cuando sucede es mágico, que un director logra, a fuerza de buena tensión narrativa, que nos interesemos por un tema que a priori está lejos de nuestros intereses culturales o como en este caso, deportivos.

Concussion es la historia de un médico, un estudioso africano nacionalizado en USA (buena interpretación de Will Smith, que está para mucho más que para la comedia) que comienza a interesarse por el deterioro en la salud (con síntomas muy particulares) de estrellas del fútbol americano.

Es un patólogo muy especial, y a partir de esas señales que va encontrando en los cuerpos que llegan a su mesa de trabajo, puede inferir que hay algo que está complicando a todos los jugadores.

Lo estudia a su costo y llega a la conclusión que los repetidos golpes en la cabeza de los jugadores de fútbol americano, van produciendo heridas permanentes que son irreversibles, y que hay que llamar la atención sobre esto.

Por supuesto que toda la poderosa maquinaria del deporte más popular en USA se opondrá, y que a fuerza de seguir adelante a costa de perderlo todo, le darán la razón.

Es una historia simple, ajena, pero muy bien contada. Se puede ver sin ser especialista.


Eddie the eagle

Eddie the eagle

En clave de humor, una biopic tierna



6 Butacas



Esos personajes efímeros, que destellan unos días con alguna situación inesperada, un heroísmo repentino, una cruzada, un detalle. Ese es Eddie the eagle, un inglés obsesionado con ser olímpico, a cualquier precio y en cualquier disciplina, que al final, lo logra.

Esta película británica rescata, con el humor característico y corrosivo de los isleños, la vida y los avatares de Michael Eddie Edwards, un corajudo y obsesivo inglés cuyo sueño de ser olímpico se realiza en las olimpíadas de invierno de 1988 en la que participa en salto en esquí.

Toda la película es un gran homenaje a los que nunca dejan de creer en ellos mismos, en la capacidad de superar todos los obstáculos y en encontrar en el camino a los compañeros correctos.

Eddie crece en un hogar trabajador en Inglaterra, y sin recursos se las arregla para intentarlo todo para lograr su sueño de ir a una olimpíada. Y como hace todo relativamente mal, se complica mucho su niñez y adolescencia.

Con torpeza, con tropezones, descubrirá un día que lo puede intentar en una disciplina en la que el equipo olímpico inglés nunca tiene buenos candidatos, que es el salto de altura con esquíes.

Se va solo a preparar a los alpes y allí, sin un peso y durmiendo de prestado, logra marcas que lo hacen clasificar para las olimpíadas de Calgary de 1988.

Su desempeño en los saltos, pero mucho más su carisma en unos juegos en los cuales la televisión hace una gran diferencia, lo convierten en popular primero y leyenda después, aun sin lograr medallas significativas.

Es una película muy llevadera, entretenida, que cuenta con el soporte actoral de Hugh Jackman y que con unas imágenes muy cuidadas y una gran reconstrucción de época, se hace muy llevadera.

Es para pasar un buen rato con una historia real, contada con humor inglés.

lunes, 17 de octubre de 2016

Our kind of traitor

Our kind of traitor

Un Le Carré más accesible, menos críptico y el recuerdo de Hitchcock


6 Butacas

Son poderosas las historias de John Le Carré, tanto, que a veces tienen tantas puntas para seguir que nos perdemos en la maraña que proponen.

Siempre plagadas de intrigas, de gente que sabe más de lo que aparenta, de traiciones, muchas veces requieren de saberes previos o información que no abunda.

Y nos hace trabajar.

Esta vez, la historia tiene un origen que a su medida es un gran homenaje al maestro del suspenso. 

Porque utiliza uno de sus recursos preferidos, un tipo común, con una vida normal, se ve envuelto en una gran intriga en cuestión de minutos y de manera imprevista y por lo general, no querida.

Ewan McGregor es un profesor de poesía en la universidad de Londres, y pasa unos días de vacaciones con su esposa, una exitosa abogada, en algún exótico lugar. Una noche, en un restaurante exclusivo, comparte cena ocasionalmente con un grupo de exaltados rusos millonarios y desde ese momento, una sucesión de hechos inesperados, cambian el curso de sus apacibles vidas de manera definitiva.

Es que el ruso más exaltado, que habla a los gritos y descorcha botellas de 15 mil euros (siempre correcto Stellan Skasgard, River) le pedirá un favor inesperado, que entregue en su País de origen, un pendrive al servicio secreto británico.

En ese pendrive estarán datos importantes sobre las maniobras de lavado de dinero de la mafia rusa en Europa.

A partir de ese momento, involucrado involuntariamente en el proceso, todo se complicará peligrosamente, y el tranquilo profesor se verá en medio de dos poderes que se desconfían demasiado.

Esto es lo interesante de la historia. No requiere de saberes previos, de alta política, son dos grupos de poder que usan un eslabón débil, para negociar.

La historia fluye bien, los papeles están correctos (está muy bien Damian Lewis como Héctor, el oficial del servicio secreto de su majestad que se la juega sin permisos para seguir con el caso) pero tiene el problema de sobreactuar algunos pasajes, como que el profesor de una escena a la otra se arme para defenderse. No es algo que hagan todos los profesores de poesía, convengamos.

Pero se puede ver.

Es distinta, dentro de un género que siempre es atractivo, pero que no ofrece cosas nuevas.

The Shallows

The Shallows

Vuelta de rosca al eterno tiburón hambriento en clave video clip.



6 Butacas

Lo que mejor le va a esta película es la belleza de sus imágenes y el ritmo de clip musical que hace que por varios momentos, prescindamos del suspenso.

Y lo que tiene peor es eso mismo. A veces, la imagen es tan poderosa en términos de belleza y plasticidad, que no nos tensiona imaginarnos al enorme tiburón allí, a metros de la protagonista.

Es un mal camino comparar aquél tiburón (que nos hizo hasta dudar de Mar del Plata) de fines de los 70, con este.

Allí hubo una historia, un entramado político, social, historias de vida de los abnegados que en contra de todo y de todos se embarcaron para cazarlo, y era de las primeras veces que nos asustábamos y saltábamos de la silla con un fenómeno cercano, no con monstruos marinos, sino con uno que nos podíamos encontrar en cualquier playa (aunque esto no fuera cierto).

Allí, la música de John Williams desde sus primeros acordes en el crepúsculo, nos puso al borde de la butaca. En esta, signo de los tiempos, la música juega en clave de complicidad con el universo juvenil que intenta captar.

No está mal la película, si ponemos a un lado el recuerdo de aquella de Spielberg y nos sumergimos en las nuevas claves del relato.

Acá hay dos protagonistas igual de potentes, la bella Blake Lively, a quién todos reconocen como la chica de Gossip Girl, y el bicho.

Solo ellos dos.

Y un inmenso marco natural en algún secreto lugar de México.

Esa batalla desigual, ese duelo, es el centro del relato y está bien logrado.

El director, un catalán que ya tiene rodaje en Hollywood (es el responsable de varias de la saga de Liam Neeson por ejemplo) tiene oficio y lo pone al servicio de una historia que es bien simple y que intenta hacer foco en lo poderoso de esa lucha nada pareja.

Por supuesto que hay una historia personal en el fondo, pero no importa nada. Solo los queremos ver a ellos dos en un duelo húmedo y desigual.

Es muy para pochoclo, para ver con hijos adolescentes.