lunes, 17 de abril de 2017

Sons of Anarchy

Sons of Anarchy

A partir de la estructura más antigua, una historia vibrante, violenta y conmovedora.
Hamlet hecho serie, para disfrute de masas.




9 Butacas



Sons of Anarchy es una serie (7 temporadas, desde el 2008 al 2014) que, con la excusa de contar la vida desde adentro de un club de motociclistas que vive y reina en un pequeño pueblo de California, desarrolla con detalles de nuestra época y una intensidad visual y musical exquisitas, el clásico drama del desafío al poder y las relaciones tóxicas.

Es un Hamlet moderno, con todos sus ingredientes y condimentos, y casi todos sus personajes.

El personaje central es Jax Teller, cuyo padre junto con otros 9 jinetes, fundaron el Club de Motociclistas SOA o Sons of Anarchy.

Nunca veremos al padre, de Jax, si a su sucesor (no solo en la conducción del club, sino en la vida de su propia madre, en este caso reemplazamos cuñado por mejor amigo en el drama Shakespereano) y su despiadado método de conducción del Club.

Manteniendo una tensión entre la moralidad adaptada a sus propias necesidades, y la protección a su pueblo (Charming, existe en el mapa!) el Club desarrolla actividades lícitas (un taller grande de autos y motos) pero obtiene ingresos importantes por otras actividades, fundamentalmente son la puerta de entrada de la importación ilegal de armas a los Estados Unidos, armas que provienen y a la vez financian los poderosos reyes del Ejército Revolucionario Irlandés.

Organizados como una verdadera empresa, veremos una y otra vez las sesiones de un directorio muy particular, en la que los directores llevan chalecos de cuero con insignias y las decisiones se toman por voto mayoritario.

Lo que atrapa de la historia, que la hace vibrante, son los permanentes conflictos, las dificultades de lidiar con otra bandas, con asesinatos, con un código de honor muy varonil y muy particular y con la defensa de la familia (la propia) como valor supremo.

Mientras se suceden los tiroteos, los conflictos, hay una historia que se va desarrollando que es poderosa y atrapa, es la disputa del poder.

El mejor amigo del padre de Jax toma el poder tras la muerte de este, y ocupa ese lugar en la cama de su madre. Jax crece con esta realidad y la desafía desde los primeros capítulos, mientras con apariciones más o menos fantasmales y unas cartas escritas y recuperadas, va escuchando la voz de su padre y sus sueños para con el Club, que están bien lejos de los de su perverso padrastro.

Ese juego, que se irá desarrollando lenta y pacientemente, es la tensión más interesante que tiene la historia.

La tercera en ese vínculo es la madre de Jax, verdadera reina del Club y complicadísima mujer que todo lo sabe y todo lo controla.

Son 7 temporadas, es imposible mirarlas indiferente, por varias razones, por el vértigo, por el cuidado de los bloques musicales, por las motos, por la violencia al límite (que por el tratamiento conmueve pero no perturba) y por el desarrollo en un aparente segundo plano, del drama palaciego.

Un placer.

lunes, 10 de abril de 2017

Five came back

Five came back

De la frase sobre el león de la Warner "Ars gratia artis" ó "El arte por el arte mismo" a este maravilloso documental en el que el arte está al servicio de una idea.


10 Butacas



Cinco grandes de hoy, Spielberg, del Toro, Greengrass, Coppola y Kasdan, nos cuentan con fondo negro, la aventura artística de 5 directores enormes (a los que admiran) que, que en la cima de sus carreras, emprendieron la misión más arriesgada, ir al frente de batalla, documentar la guerra y ayudar al gobierno a que la ciudadanía arriesgue su dinero y su pellejo en una contienda que, a diferencia de la Primera Gran Guerra, planteada como una guerra europea para los Estados Unidos, estalla en el patio hawaiano de todos después de Pearl Harbor.

Cada uno con lo suyo, sus temperamentos, sus egos y sus grandezas, emprenden este viaje con la misión de hacer la guerra comprensible para las mayorías (que por esa época tenían al cine como el entretenimiento de cabecera, se calcula que la mitad de la población asistía al menos una vez a la semana a ver una película) y a su vez, alimentar la caracterización demoníaca del enemigo en la piel del Fhurer.

Tenían a los buenos, a los villano muy villanos, y una herramienta fantástica, que usaban con maestría los alemanes con Leni Riefenstahl y su Triunfo de la Voluntad, y los británicos, con sus documentales crudos e impactantes, pero que a la vez eran buenas películas.

El documental que se puede ver en Netflix cuenta esta historia, y nos muestra con imágenes y un guión impecable, cómo el cine se puso al servicio de una idea, cómo ayudó a generar clima favorable a los gastos bélicos, y cómo fue contando a los norteamericanos, cómo era esa guerra lejana.

Ese aspecto, y el hecho nada menor de que también es una industria, de las más poderosas, en la que además se conjugaban las tensiones típicas de los intereses de los accionistas de los estudios (que tenían contratados a los cinco grandes para que produzcan películas para sus sellos) y la burocracia de Washington y sus puntos de vista militar y civil, que había encargado el trabajo pero que, cuando le mostraban resultados, no sabían qué hacer con ellos, hasta dónde ir en mostrar la crudeza de la guerra a las grandes audiencias, y hasta dónde alimentar el odio contra algunas razas, pensando en la convivencia del día después.

Esos factores, la cuestión racial en el capítulo de la participación de los negros en el ejército, las cuestiones vinculadas a la economía, y a su vez, los contenidos artísiticos, todo está en estos tres capítulos que parecen tener un imán para captar la atención.

Ya lo sabemos, el cine nunca es inocente, nunca es neutro en su postura ideológica, y nunca es un entretenimiento vacío, aún en lo más inocente, hay una mirada ideológica, una intención de conmover o de hacer enojar, un mensaje directo o indirecto, aunque más no sea, de parte del director o del guionista.

En este documental, vemos con crudeza cómo Washington, en una movida arriesgada y que no entiende del todo, pone a trabajar para su maquinaria, a cinco directores consagrados, cada uno en lo suyo, para cumplir esta misión sin precedentes.

Les otorga grado militar, les da equipo, les da fondos (que no siempre estuvieron a la altura) y los manda en misiones al frente de batalla para que documenten, para que cuenten con su particular mirada, para que la gente comprenda porqué están allí, peleando con qué amigos y contra qué enemigos, para explicar lo que muchas veces no puede explicarse.

Eran John Ford, Frank Capra, Billy Wilder, John Houston y George Stevens.

De cada uno de ellos se han escrito biografías profusas, se han visto en retrospectiva sus películas, se han analizado hasta el detalle, pero en este trabajo los vemos en aguas extrañas, aportando desde lo que cada uno sabe hacer, con sus miserias y sus grandezas, produciendo imágenes increíbles y sentido artístico allí adonde hay muerte y desolación.

Los directores actuales, admiradores y en algunos casos continuadores de aquellos, son los que con sus intervenciones, dan marco y credibilidad a todo el relato.

Y las imágenes, algunas increíbles, editadas todas juntas, son estremecedoras y didácticas como pocas veces ví, para ejemplificar esa decisiva participación del cine en los asuntos de la ideología y los conceptos.

Hay que verlo.