domingo, 22 de junio de 2014

The book thief

La ladrona de libros


Algunas veces las películas son palabras, es decir, se transforman suavemente en libros visuales, potentes, desgarradores y emotivos.
La ladrona de libros es una de esas películas que conmueven.
Porque ambientada en los años duros de la segunda guerra mundial, en la tierra de los prepotentes, de los que se llevaban todo por delante, esa historia contada desde una familia común, con historias comunes, esas que en las clásicas películas de guerra vemos como extras, que miran para abajo cuando llevan a judíos por la calle desfilando rumbo a su muerte segura, en esta, son los protagonistas.
Es una nena, rubia, con profundos ojos azules pero más profunda mirada, que recorre con su madre y su hermano una enorme distancia en un tren en medio de la nieve, solo para buscar un refugio. Su madre, comunista, debe dejarlos a los dos al cuidado de una familia alemana, para salvarlos.
Allí, en esa escena primera, aparece un protagonista excluyente de la historia, un narrador en off que estará presente todo el tiempo, la muerte, que a través de su relato descarnado, nos hará conocer su mecanismo perverso y elemental.
Y su fascinación por los humanos, lo más refinado que recluta.
Su hermano morirá en el intento, y sus días en la casa sustituta comienzan mal, con frío y preguntas.
Es en ese hogar, compuesto por los muy buenos Emily Watson y Geoffrey Rush (cada vez me gusta más este actor) aprenderá a amar lo que en definitiva le salvará la vida: Las palabras.
Todo ese relato sutil se construye con bellas imágenes de la fealdad.
La guerra, la violencia, la suciedad, el frío, las necesidades, la barbarie, las preguntas in respuesta, la desazón, la injusticia, estarán demasiado presentes todo el tiempo. Oprimiendo la belleza de un relato que se construye a partir de textos, de libros, de palabras que fluyen y ayudan a descubrir.
La película es eso, un excelente relato tejido de imágenes y sensaciones hechas palabras.
Y es un hermoso relato, que es obvio, es cierto, y es hasta sensiblero y básico a veces, pero que no deja de conmover.
Para aquellos que aman las palabras, que creen que es a partir de ellas que entendemos la vida, esta película es obligatoria.
Aquí no están demás, no son decorativas, no buscan golpes bajos ni bombas de efecto, son la historia misma y son una buena historia de noblezas y redenciones.