martes, 27 de marzo de 2012

Tintín


Tintín – El secreto del Unicornio

Por dónde empiezo? Tintín es maravillosa. Es un reencuentro con un viejo conocido que, adopta nuevo lenguaje pero sigue fiel a sí mismo, no es una de DC Cómics que uno no sabe nunca con qué súper amigo se va a encontrar. Acá está Tintín.

Largamente esperada, la animación es increíble, la historia vibra de tal manera que no hay forma de parar y los personajes son excepcionales.

Qué más? Un guión a prueba de balas, y acá es literal.

Spielberg hace un una secuela de Indiana Jones sin Harrison Ford, hay escenas de la película que recuerdan el vértigo y los planos secundarios de la saga del arqueólogo. Y crea con una técnica de animación que es asombrosa, pero que no deja ni un instante de estar al servicio pleno de la historia. Quiero decir, es una película!! A los 15 minutos estamos prescindiendo de la animación y los trucos.

Los planos, los contraplanos, las sombras, los contrastes, todo es impecable.

Pero además hay una historia. Hay un guión, que hace nada menos que Steven Moffat, el inglés culpable de Sherlock, la excelente miniserie de la BBC. Y está Steven, y Peter Jackson en la producción y entre los actores está Jamie Bell, el chico que ya creció que interpretó a Billy Elliot en pantalla grande, está Daniel Craig, están Andy Serkis y Nick Frost, nombres desconocidos pero rostros familiares para los que gozamos con la nueva comedia británica.

Y además, la historia es simple, es contable, no recurre a giros raros para dar un golpe de efecto, no recurre a extraterrestres que explican todo ni a intrigas internacionales ni a recursos tan vistos para contar una aventura hoy en día.

Hay un barco, hay un tesoro, hay un capitán y hay malos (muy malos) que quieren tomar lo que no es suyo.

Aventura pura!

Y hay la esencia de su creador, Hergé, en todo el relato. En eso, y es una gran noticia, hay sido fieles, no hay hecho una historia “basada en los personajes creados por Hergé” acá está su impronta.

Bienvenido Tintín, y que vengan más.

Resulta bueno para todos, para los que mediamos los 40 porque lo tenemos muy fresco en la memoria, para los chicos, por la calidad de la historia y porque pueden acompañarnos, y hasta para los mayores, que consumían estas historias de posguerra en los diarios y revistas de los 40 y 50, por la fidelidad con el recuerdo.

Muy recomendable

sábado, 24 de marzo de 2012

A Dangerous Method


A Dangerous Method

Es el método del psicoanálisis en sus comienzos. Los vaivenes de esos duros primeros pasos experimentales en los que la materia prima de laboratorio eran los caos. Sara F. José V. Y tantos ignotos sufrientes.

Esta es la historia de Freud y Jung, padre de la teoría y el mejor alumno. Para algunos el mejor psicoanalista de todos los tiempos.

Y también es la historia de Sabina Spielrein, paciente de Jung, amante y célebre doctora al final.

Un trío de celos, de descubrimientos, de ciencia, de academia, de mentes que brillan y dicen cosas y escriben mucho para que podamos hoy seguir discutiendo sus descubrimientos.

Dirigida por David Cronemberg, veterano director canadiense que firmó Crash, La Mosca, Promesas del Este entre tantas y le brinda a este relato la belleza de los paisajes con una fotografía increíble, y un ritmo lento, pero que no para nunca de crecer.

Los tres intérpretes principales sostienen la tensión permanente entre ellos de manera soberbia. Se destaca Viggo Mortensen (que ya había trabajado para Cronemberg) componiendo a un maduro Freud, inseparable de su habano y consciente ya de su grandeza y de los peligros que acecharon todo el tiempo a sus teorías.

Keira Knightley, que compone a Sabina, no está tan bien. Hay mucha exageración en el comienzo de la película, componiendo a una loca de atar, y una apasionada amante hacia el corazón del relato. Pero hace poco creíble el final, en el que se vuelve el verdadero fiel de la balanza entre ambos genios.

Es una linda película, pero creo que necesita mucho conocimiento previo. De los personajes, de sus creaciones, de sus teorías, de sus vidas, aunque sea de manera referencial.

La fotografía es fabulosa.

Las Acacias


Las Acacias

Hay ternura, hay silencios (quizá demasiados) hay paisajes de los que nunca se muestran, hay costumbres, hay gentes simples y hay una historia que se va insinuando y que nunca termina de arrancar.

Las acacias se cortaron en el monte paraguayo y desde esa caída fuerte, ruidosa, demoledora y sistemática, partirán las maderas para un aserradero de Buenos Aires, desde el corazón del Paraguay.

De ese desierto que queda después de tirar los árboles, nace una historia simple, que se irá revelando muy lentamente pero que se adivina desde el primer momento.

El ruido del camión es casi una banda de sonido permanente, perforadora, creíble y le va dando al relato la candidez y el ancla con la realidad que necesita.

Rubén, el camionero, tendrá que hacer un favor a su patrón y llevar a Jacinta a Buenos Aires. Justo él, que tiene casi cronometrada sus paradas, sus meadas, sus cigarrillos y sus tragos de agua largos. Justo él tendrá que acceder, porque se lo pide su patrón, a traer a una extraña nada menos que por tantos kilómetros.

La sorpresa del encargo será Anahí, de 5 meses, sin padre, que vendrá con ellos.

Los tres empiezan un viaje por el litoral, de la tierra colorada a la panamericana, que los hará ir descubriéndose lentamente, contando sus soledades de a palabras mezquinas y mezcladas y dándose sonrisas a cuentagotas.

Y será nomás lo que pensamos desde el primer momento. Rubén, el duro, osco, barbudo, rústico chofer de circunstancia, se revelará solitario de a puro golpe de vida, tierno y deseoso de llenar sus viajes con alguna compañía.

Anahí pondrá los llantos, la ternura, la sonrisa y unos ojos increíblemente ciertos.

Jacinta una sonrisa plena. Diáfana. Gigante.

Los tres harán su viaje hacia un lugar que pronto les será familiar.

Muy premiada, por guión, por originalidad, por argentina. Es una película noble, no se si es buena o mala, uno la mira con una sonrisa insinuada todo el tiempo. Y eso está bueno.

50/50


50/50

Son dos buenos actores Joseph Gordon-Levitt y Seth Rogen. Un director joven y un intento par contar una historia que trate al drama de una enfermedad terminal en un joven, de manera llevadera.

Es un buen intento, pero demasiado disperso.

No alcanzan un par de gags y chistes y desaliños de Seth Rogen para darle al relato la temperatura de comedia, que cura, como parece insinuar.

Entonces no hay drama, no hay comedia, y no hay por ende emociones.

Basada en una historia real, un chico de 27 años es diagnosticado con un raro cáncer de espina dorsal, y todo su mundo se empieza a desmoronar.

Su mejor amigo, su novia, su madre (enorme Angélica Huston) serán sus sostentes, endebles, revirados.

Hasta la aparición de su joven terapeuta, la que tendrá la misión de ayudarlo a llevar la enfermedad y hacer foco en lo importante. Es joven digo, es su tercer paciente, pero lo logrará por afuera de la medicina. Y esta es la mejor historia dentro de la historia.

Por lo demás, previsible, poco emotiva, poco divertida.

domingo, 18 de marzo de 2012

Recital de Roger Waters en Argentina 2012


The Wall

Roger Waters en Buenos Aires 17 de Marzo de 2012

Creo que tengo que hacer unas aclaraciones, soy de Waters. No soy anti Gilmour pero soy de los que vibraron más con esta, su obra conceptual, más que con el lado oscuro de la luna, la del otro mostro.

Será por la edad en la que la escuché, por las circunstancias especiales del País por esos días, porque la película (del enorme Alan Parker pero tan personal de Waters) también llegó para mover mis neuronas en el momento justo, pero The Wall fue para mi la primera gran obra conceptual de esa música que escuchaba con devoción adolescente.

No tengo mucho más para agregar, conozco el disco, sus letras, sus escenas repetidas en mi vida una y otra vez.

Hey You se convirtió en un himno de mi madurez, lo escuché una y otra vez estando triste y estando enamorado. Es una banda de sonido eterna.

Ahora, qué fui a ver ayer? Una vez que hice todas las aclarciones que creo tengo que hacer.

Lo que vimos en Buenos Aires es como el juego Forbbiden Journey en el parque Universal en Florida. Es sencillamente un escalón, un peldaño nuevo en eso de vivir los recitales. Obvio que me voy a bancar el de Charly con las cosas que no funcionan y un tercio del sonido, pero el estándar que se inaugura con The Wall para los internacionales, es una vara difícil. Va a requerir inversión y mucha creatividad.

A los 68 la voz de Waters es una excusa, casi no funciona. No hay una música nueva que parta la cabeza, pero hay un concepto llevado al límite de la creatividad escenográfica y de realización. Y eso es mucho decir.

Todo es vibrante, un sonido increíble, que hace que todo el tiempo des vuelta la cabeza para ver de dónde vendrán los tiros, o los helicópteros o los aviones lanzabombas. Pero además no es estridente, envuelve y deja todo en paz con los que no quieren ver recitales al aire libre “porque no se escucha como el disco”.

Nada de eso con The Wall, todo el tiempo hay sonido de living de tu casa.

Hay histrionismo, hay pasión, hay concentración para seguir y descubrir lo que viene y lo que no esperamos.

Una pantalla enorme, una pared que se va construyendo despacio, para terminar cubriéndolo todo, y que es a la vez la escenografía perfecta para un montaje multimedia que no para de darnos y darnos sorpresas.

Veremos allí frases, las clásicas animaciones de la película gigantes, efectos, colores, y el seguimiento de la banda y del propio Waters filmado en unos primeros planos enormes, pero en HD y fílmico! Como si estuviéramos asistiendo ahí mismo al montaje de la película del recital que estamos viendo.

Las voces no me gustaron. El coro esta ves de hombres y…no es lo mismo. SI uno cierra los ojos y se acuerda de las mil versiones de Mother que escuchó en su vida, siempre, invariablemente, nos vamos a acordar de esa voz femenina inolvidable que lo acompañó tantas veces. Esta vez los coros, aún lo s más jugados, los hará un hombre. Y no es lo mismo.

Después lo obvio, los mensajes, los títulos, los símbolos ya no son lo que eran. Mejor dicho, si lo son, pero no impactan en mí como entonces. Ya aprendí un poco mejor qué es eso del capitalismo. Aunque los tramos referidos a las violencias, distintas violencias que provocan distintas muertes todas absurdas, siguen siendo potentes.

Ya no tengo en la cabeza los temores, eso de asomarme al vacío sin saber qué esperar, los interrogantes. Hoy hay otros, estos de The Wall quizá no funcionen como en aquellos días, pero vale la pena volver a sentirlos.

Musicalmente hay algo distinto. Suena muy bien, pero hay algo que no trae aquellos acordes. Pero todo se completa y se potencia con la puesta.

Una ópera en vivo. Moderna. Increíblemente pasional y poderosa.

Alrededor lo de siempre. Trapitos, el agua a 20 pesos y el merchandising clásico.

También el reflejo del paso del tiempo. Verlo mejor sentado. Más cómodo. Con la previa del disco remasterizado sonando en el stéreo del auto (que seguro suena mejor que aquél en el que lo escuché por primera vez) y también la adrenalina intacta.

Es una gran experiencia este show