lunes, 18 de abril de 2016

Backtrack

Backtrack (Ellos vienen por tí)

No tan bien lograda, la salvamos por Adrien Brody




Queremos todo lo que hace Adrien Brody, nos cae bien, nos parece que sufre, que su extremada delgadez y su facha siempre desgarbada y casi sucia, son blanco de todo lo malo que puede pasar. Y por eso bancamos esta película.

Porque se sostiene casi con exclusividad en su caudal expresivo, ya que el guión tarda demasiado en ponerse bueno.

Es decir, hay que pasar una media hora larga para sostener la historia sentado en la butaca. Parece que no va a arrancar nunca, hasta que se pone en movimiento y logra algo de sentido hacia el final.

Un viejo accidente ferroviario en un pueblo, hace unos 30 años, deja una cantidad de vidas truncadas, de historias que no se desarrollan, de frustraciones, que reclaman un cierre, un final más allá del oficial que le dieron "accidente".

Algo no cerró en aquel caso, algo más profundo y sórdido que un mero accidente, y será el psicoanalista que compone Brody el encargado de descubrirlo a costo de su propio equilibrio emocional

Es que de la nada, en medio de su trabajo ya trastocado por la muerte de su propia hija en un accidente en la calle, apariciones en medio de sus sesiones de personas aparentemente en problemas, empiezan a desequilibrarlo y a hacerle plantear preguntas incómodas, hasta que decide ir en busca de su propio pasado para despejar esos fantasmas.

Lo hace, va a casa de su padre, un policía retirado, y al llegar y reconstruir su propio vínculo con aquél accidente, todo cobrará un nuevo sentido.

Es más o menos por ese momento de la historia en el que la película cambia de ritmo y las piezas empiezan a fluir en un rompecabezas que tiene a pacientes extraños, una historia reciente desgarradora para el protagonista y un oscuro accidente ferroviario. 

El tema es que cuestan los primeros minutos, demasiado inconexos, oscuros, y con esa pesadumbre propia de Brody que, cuando tiene todo el peso del relato sobre sus hombros, quizá no sea la mejor opción a nivel narrativo.

Después todo se despeja, la historia fluye y ofrece un final interesante.

Daddy's home

Daddy`s Home

Puro entretenimiento con moralina gringa, pero con un comediante gigante



No hay mucho para reseñar, es una comedia más, ni siquiera de la nueva comedia norteamericana que tanto nos gusta. Es una más en todo sentido.

En el sentido clásico, ya que recurre a los gags como fuente de risa, y a un guión efectivo pero nada sofisticado. Y a una realización correcta, ajustada al género.

El director sabe de esto, es Sean Anders, desconocido pero efectivo, es ante todo un escritor efectivo, hizo los guiones de Horrible Bosses entre otras y también dirigió la secuela, es decir, sabe del asunto.

Pero en esta, todo el peso, o casi todo, recae sobre los hombros de Will Ferrell que es, sin dudas, uno de los mejores comediantes que tiene la industria.

Capaz de parodiarse a sí mismo una y mil veces, acá compone a un padrastro que, a fuerza de lucha diaria, quiere ganarse el corazón de los dos hijos de su pareja. Hace todo, aguanta todo, es ignorado, insultado, menospreciado hasta el hartazgo hasta que, cuando está punto de lograrlo, llega el padre biológico a poner todo patas para arriba y a derrumbar todo lo precariamente construido.

Ese papá muy especial lo compone Mark Whalberg.

La película está correcta, tiene, obvio, sus momentos de moralina, de bajada de línea, del estilo "el amor siempre triunfa" y con eso todos felices.

La verdad, es que arranca más de una carcajada, y eso alcanza para una comedia.


lunes, 11 de abril de 2016

Don Giovanni

Don Giovanni

Entre la belleza de la música de Mozart y una puesta escolar



Se anunció con gran expectativa el inicio de esta temporada lírica en el Teatro Colón y con justa razón, arrancar con una nueva puesta de Don Giovanni, y convocando al tenor uruguayo ERWIN SCHROTT para ponerse en la piel del amante eterno, justificaban el alboroto.

EL teatro está majestuoso como siempre, la apertura de funciones fue, puntualmente glamorosa, como se corresponde con la tradición del alto arte local y los moños y los brillos fueron dando marco, con los flashes de los fotógrafos a la caza de apellidos y conquistas, hasta que todo fue acomodándose suavemente.

Y los carraspeos dieron lugar al primer aplauso para director y orquesta y todo quedó en silencio y en oscuridad.

Hay dos planos para contar la experiencia, el de la musicalidad de Mozart, pegadiza, virtuosa pero a la vez de una simpleza diáfana y confortable, y el de la puesta y las voces.

Me impactó gratamente lo primero, es decir lo que ya conocía, y me dejó algún sinsabor lo segundo.

Por que la puesta fue para mi gusto demasiado escolar, demasiado declamativa, mucho de todos en fila mirando al frente a decir lo suyo.

Salvo por las zancadas del protagonista (bien adueñándose del espacio) que seguro tiene que ver más con su naturaleza expansiva (la del virtuoso tenor que se sabe divo y virtuoso) que con las marcas del regiseur (creo, a juzgar por el resto del reparto).

Las voces desparejas. Almenares, en la piel de Donna Anna está bien, no tanto como supimos disfrutarla, y Simón Orfila hace un buen Leporello, siguiendo muy bien al protagonista. Hay unos buenos pasajes de la Donna Elvira de María Bayo y un muy poco encantador y efectivo Jonathan Boyd como Don Ottavio (hagan algo con sus anteojos por favor!!!! se los pone y se los saca unas 467 veces en toda la puesta).

No ayuda a una puesta más dinámica el colosal dispositivo escénico de Daniel Bianco. Ya que sus líneas rectas y paredes al frente, le quitan casi cualquier vestigio de profundidad al escenario.

El resultado general es bueno por la calidad musical y por algunos pasajes actorales.

Entre los que se destaca la buena dupla de Zerlina y Masetto, interpretados por Jaquelina Livieri y Mario De Salvo.





domingo, 10 de abril de 2016

El Clan

El Clan

La corrección de Trapero para la sordidez de una historia demasiado cercana



Trapero es efectivo y se mueve como nadie en esos límites de los marginales. Desde Carancho o La Leonera, sabemos de su capacidad para captar esos seres despiadados que son capaces de hacer cualquier cosa para alimentar su ambición.

En El Clan hace un trabajo artesanal, tomando la historia real del Arquímedes Puccio y su familia, introduciendo muy bien en la historia el factor histórico, y recreando (aquí creo que falla el guión) de manera lineal y cronológica, lo secuestros y asesinatos de personas de la acomodada familia de San Isidro.

El contexto es importante, y es el mejor aporte del filme, ya que se retrata muy bien el paso tembloroso de la dictadura a la primavera Alfonsinista, y una democracia que da sus primeros pasos.

Es en ese momento en el cual, los operadores de las sombras, las células díscolas que se dedicaron más a hacer plata que a entrarle a los enemigos por cuestiones ideológicas, deben pasar a retiro porque se quedan sin apoyo de las cúpulas del poder.

Está muy bien contado eso, están también bien resuelta la tensa relación en el seno de la familia, testigo mudo o indolente de aberraciones, y sus posteriores reacciones ante lo inevitable.

La película desde esos aspectos formales es buena.

Creo que quizá en el guión, demasiado lineal a veces, se podrían haber encontrado toques menos documentales y más cinematográficos, pero en el balance, la película cumple con su objetivo artístico.

Francella compone bien a Puccio, al límite de sus nuevos papeles, y con sabiduría. Hace a un tipo frío, calculador, capaz de asesinar sin perder la calma, cristiano y asceta.

Y está bien secundado por Peter Lanzani, en una actuación con matices interesantes.

Buena recreación de una época en la que todo era esperanza, y la fuerza de esa esperanza terminó definitivamente con lo más oscuro de la historia reciente.

Es también una historia de traiciones y de revelaciones.

No es fácil meterse con algo tan reciente, ahí están los diarios, los clips de los noticieros, los sobrevivientes, para recordar detalles que seguro no están en el relato. El trabajo del director es elegir qué contarnos, cómo hacerlo, y Trapero tiene oficio para esto.

Eva no duerme

Eva no duerme

Visualmente atractiva, no logra ni conmover ni aportar datos a la historia



El peregrinaje siniestro del cadáver de Eva, esa mujer, que movilizó masas en secreto e hizo delirar a más de un militar encargado de custodiarla, es el centro de esta historia contada de a pedazos.

Quizá en esa mirada, fragmentada caprichosamente, esté el problema de la continuidad narrativa. Requiere que el espectador sepa mucho d ella historia de los 25 años que el cadáver peregrinó secretamente hasta retornar al País en los 70.

Requiere haber leído Santa Evita de Tomás Eloy Martínez, para poder aunque sea asomarse a entender por qué la tortura y la locura que se apoderaba de cualquiera que estuviese encargado de la custodia, para entender las velas que misteriosamente se dejaban en su camino, para entender el magnetismo de esa figura embalsamada.

Eva fue embalsamada y preservada en el edificio de la CGT de la calle Azopardo hasta que, llegada la Revolución Libertadora, comienza un periplo insano hasta ser sepultada en un cementerio en Milán, secretamente, bajo el nombre de María Maggi de Magistris.

La Libertadora pensaba que el cadáver, exhibido de cualquier manera, era un talismán peligroso, un recordatorio permanente, un llamado a cualquiera de las reacciones sofocada a fuerza de bala.

El director elige contar este peregrinaje con el formato de un rompecabezas, pero de un rompecabezas de esos de los chicos más chiquitos, de piezas grandes, no más de 4 o 6.

Entonces toma al embalsamador (un Pedro Ara interpretado por Imano Arias) a un coronel encargado de un traslado y al Dictador (Fanego en la piel de Aramburu) que es obligado a contar qué sabe del destino del cuerpo en el sótano en el que va a ser ejecutado por Montoneros.

Todo muy bien filmado, con una estética cuidadísima, pero sin un pegamento, sin un hilo conductor, con saltos caprichosos de la historia.

Es un buen hallazgo algunas de las imágenes de archivo, de gran calidad, que se entremezclan en el corte final, y un muy buen trabajo de sonido.

Es decir, estamos ante una película de buena factura técnica, pero que no logra transmitirnos ni la locura, ni el dolor, ni el orpobio, de la larga vejación que sufrió ese cadáver, de esa mujer. Ese tótem pagano cargado de política.

sábado, 9 de abril de 2016

Regression

Regression

No pierdas tiempo, pastiche psicológico sin sentido.




Qué emoción! Pensé cuando solamente vi la tapa de Regression, son buenos actores, y viene de la mano de Alejandro Amenábar, el tipo que me atrapó con The Others, esa maravillosa película en la que Nicole Kidman hace una papel extraordinario.

Acá están todos los elementos que lo hicieron conocido al director, las cosas oscuras, los ritos, los cultos satánicos, lo inexplicable.

Y Emma Watson y Ethan Hawke.

Bien para empezar.

Pero el problema es que nunca empieza eso que esperaba.

La película se desgaja de obvia, da vueltas en un par de ideas remanidas, y lo que pretende dejarte al borde de la silla, en realidad corre el riesgo de darte gracia en algún momento.

Sobreactúan todos, la Watson, Hawke, sin lograr ni por asomo una intriga al rededor de una idea que podría haber estado buena si hubiera sido resulta de otra manera.

Hay una confesión de una violación, eso desata demasiado rápido una derivación hacia un culto a satanás, y a partir de allí todo desbarranca.

Una pena.