lunes, 22 de agosto de 2011

The Conspirator


The Conspirator



En la mejor tradición de ese revisionismo tan abordado en el cine americano, Robert Redford dirige esta película en la que, como es su costumbre, además de hacer un impecable trabajo de dirección, nos va a tratar de transmitir algunas ideas sobre l que está bien y lo que está mal.
Es un director distinto, muy militante, que no deja pasar ninguna oportunidad para bajar alguna línea y que cree, vaya si lo sabe, que el cine puede transmitir esas nociones de manera perfecta.
En The Conspirator toma uno de los eventos más traumáticos de las luchas norte sur de los Estados Unidos, el asesinato del presidente Abraham Lincoln, y se mete de lleno en el proceso que inmediatamente le seguirán a los que capturan, esto es, una banda de jóvenes radicales y la dueña de la pensión en la que se juntaban a conspirar. No tendrán ni al asesino ni a su principal cómplice, que es el hijo de esta señora dueña de la pensión. Pero los que cayeron, que son varios, alcanzarán.
A partir de ese momento todos, absolutamente todos, necesitarán ver gente colgada. Necesitarán que les cuenten algo que los conforme, que los pacifique, que los haga sentir justos, y en ese camino, la verdad no importa.
La ley es ciega en tiempos de guerra, dice el abogado que acusa.
EL ministro de guerra (virtualmente a cargo del gobierno) será el diseñador de este proceso en el cual tiene que haber culpables sí o sí.
Una corte marcial para juzgar civiles es el comienzo de algo que no encaja, cuando un capitán recién llegado del frente de batalla y abogado, excelente interpretación del ascendente James McAvoy (el de El último rey de Escocia y Se Busca) que parece empezar a elegir con gran cuidado sus roles, es convocado por un viejo senador de Maryland (otro gran papel, sólido, de Tom Wilkinson) para defender a la señora en cuestión.
En el papel de una señora ya grande, viuda, sufrida, sostén de sus dos hijos y luchadora, evemos a una madura y siempre hermosa Robin Wright (antes Penn, señora de Sean) la eterna novia de Forrest Gump que compone acá a una madre católica siempre de negro que conmueve.
Estos son los trazos de Redford, una historia fuerte, un dilema moral, una gran recreación de época (para aquellos que conocen Washington es increíble el trabajo que han hecho con las imágenes, una casa blanca en medio del campo por ejemplo) y un elenco sensacional son los ingredientes.
Vamos a encontrarnos con la transformación del personaje del abogado, que entrará al juicio a defender a una acusada a la que quiere ver muerta y terminará sufriendo por querer hacer valer la falta de garantías. Es a su hijo al que quieren, pero si para eso tienen que colgarla, lo harán no importa cómo.
También vamos a ver que para algunos, cuando tienen un plan en la cabeza, no importan los poderes del estado, no importan los procedimientos y la constitución, es necesario vengar y pacificar.
En el papel del secretario de guerra está un viejo conocido, Kevin Kline.
Una buena película, relato del tipo épico, con el clásico ingrediente de las películas de Redford, en las que, en algún momento nos hace parar un poco la pelota y nos pone frente a un espejo que no nos gusta.
Por lo demás, la manipulación de los jueces, los sistemas hechos a la medida de los caprichos o las ideas de los gobernantes, los intereses, fueron siempre y son en el año 1865, idénticos y previsibles.

Win Win



Win Win (creo que se va a llamar Ganamos Todos)

Los seguidores de estas notas ya van notando algunas predilecciones, algunas pistas y comentarios que ya no les son desconocidos, también los metejones y los caprichos.
Paul Giamatti está entres esas líneas recurrentes. Es para mi gusto un actor extraordinario, un todoterreno capaz de la emoción y de la risa con la misma mirada.
En Win Win compone a un abogado, con su pequeño estudio en los suburbios de New Jersey, su vida con algunos aprietes económicos, producto de la recesión, encuentra una vía para hacerse de unos dólares extra asumiendo la custodia de un hombre solo, que tiene un buen patrimonio, pero que ya no puede vivir así sin que represente un peligro. Como él lleva el caso, se propondrá como tutor, con la condición de que siga viviendo en su casa. A cambio de este nuevo rol, le entrará todos los meses un cheque de 1500 dólares, que le será de gran ayuda.
Ese es el comienzo de una serie de temas y de historias que se desencadenan a partir de la vida de este hombre al que tiene que cuidar.
Y ahí viene lo interesante de la historia, es un gran guión original (fue nominado a los últimos Oscar) en el que los giros y las cosas nuevas serán introducidas de manera sorpresiva, no invasiva, y todo va a tener que ver de manera importante con la historia.
Giamatti es, por las noches, entrenador del equipo juvenil de lucha libre, un débil equipo del estado, muy acostumbrado a que les peguen palizas memorables en todos sus encuentros. Pondrá su pasión ahí.
Un día, de la nada, aparece en la puerta de la casa el señor al que tiene que cuidar (pero que ya no lo hace vivir ahí como quería y fue convenido con la justicia) que para su comodidad ha mudado a un asilo de ancianos, un adolescente muy especial. Cuando se bajan con su mujer a preguntar, será el nieto del hombre, el hijo de la única hija (al parecer adicta, que nunca apareció para hacerse cargo del hombre) personajes que conocían solo de referencia en los escritos judiciales.
Para tapar con su familia el verdadero motivo de por qué esa casa está vacía (no le contó a nadie su pequeña trampa) se llevarán al adolescente a su casa por unos días.
En esa convivencia lo invitará a que lo acompañe a su entrenamiento de lucha en el equipo. Le preguntará si quiere hacerlo y otro giro de la historia.
El chico será una maravilla, un luchador distinto, concentrado, indominable, que en pocas semanas lo llevará a la cima de las competencias del estado.
El relato irá subiendo en emoción hasta esa noche, la gran noche de la competencia por pasar definitivamente de escala, cuando aparecerá la madre del chico y todo se vendrá abajo.
Viene a vivir con su padre (por los 1500) viene a quedarse con la casa, viene a desequilibrar todo lo que se había encaminado.
Y descubrirán todo lo que estaba oculto y el tono de comedia cambiará otra vez.
El director es Thomas Mc Carthy, una cara que seguro reconoceríamos como actor, pero que entre sus dos películas anteriores encontramos nada menos que The Visitor, aquella de los tambores, tan finamente filmada.
Un tipo para seguir.
Lo de Giamatti es gigante, este año ya me había hecho emocionar y divertir con Barney’s Version, y ahora esta otra genialidad. Nada le queda grande a este pedazo de actor.
Es una buena película, no es comedia, pero seguro pasarán un buen rato, no es un drama, pero se vana conmover, no es un guión con estridencias, pero tiene giros, sutilezas, matices, que lo hacen casi perfecto.
Muy recomendable.

domingo, 7 de agosto de 2011

Wrecked


Wrecked
Asfixiante película. Ominosa. Compleja. Durante 25 minutos casi no habrá palabras. Advierto a los que se dejen seducir por el seguro buen tráiler que va a venir antes de sus estreno en Buenos Aires.
Es sobre todo curiosa.
Adrien Brody (qué pedazo de intérprete!) despierta en un auto chocado, arruinado (esa es más o menos la traducción del título original). Está muy golpeado y tiene una pierna atrapada entre el asiento y la guantera, sin poder sacarla.
Mira desconcertado, aturdido. Nada de lo que hay alrededor, ni el auto, ni el lugar (una hondonada en un bosque muy frondoso) le es familiar. Se desespera. Se tranquiliza. Busca.
Mira por el espejo y descubre que no está solo. Hay otra persona en el auto, no lo conoce y lleva muerto un buen tiempo.
Bueno, durante más de media hora será lo único que sabremos de la historia.
Lo veremos despertar, dormir y volver a despertar, veremos cómo va secándose la sangre y se van cerrando las heridas (gran trabajo de maquillaje, minucioso) y tendremos muy pocas pistas de lo que está pasando.
Saldrá del auto, se entablillará la pierna, será casi comido por un puma salvae (que se come a su compañero del auto).
Con la radio del auto se enterará que huno un asalto a un banco, gran botín (que va a descubrir en el baúl) dos muertos, tres asaltantes. Hay uno muerto en el auto, otro que también será presa del puma a unos 10 metros del auto y… será él mismo el tercero?
Nada encaja, no recupera la memoria, andará despistado, solo, arrastrándose por un bosque hostil y lejano, muy lejano.
Del estilo de esas películas de encierro, Wrecked tiene lo suyo.. Descubrirá qué es lo que pasó y qué papel tuvo en todo aquello. Pero lo hará de la manera más cruel y dolorosa.
Tiene la duración justa.
Exaspera.
Ahoga.
Está bien, pero es para los muy amantes del género.
No hay pochoclo que aguante.


sábado, 6 de agosto de 2011

Midnight in Paris





Midnight in Paris

París vuelve a ser una fiesta, y vuelve con todo lo que imaginamos, y un poco más. Yo tenía un compañero de colegio, y después de aventuras teatrales y después amigo y ahora entrañable evocación, que parecía venido de otros tiempos.
Éramos chicos, 14 años, y el andaba por su casa de camiseta bataraza, mate, y tangos. Obviamente se había ganado el apodo de El Tío, y parecía añorar, profundamente, hasta hacerlo condición de vida, ese tiempo del Buenos Aires de los ’40.
Sus gestos, gustos, lecturas y músicas estaban relacionados con esos años de las grandes orquestas y del hablar canyengue.
Lo traigo al Tío al relato, porque estoy seguro que todos tenemos un amigo así, un pariente, un conocido, en nuestras vidas. Esos tipos que sabemos que hubieran estado mejor en otra época. Como también estoy seguro, aunque esto es menos frecuente, que en la vida se nos puede dar conocer a un “hombre del renacimiento”, esos iluminados capaces de entender todo y entenderlo bien y desde ese entendimiento, explicar el mundo.
Ya me excusé cuando hice mi crítica de Whatever Works, de hablar de Woody Allen. Simplemente no puedo con objetividad, no me sale. Vi todas sus películas, leí la biografía de Lax, tengo sus libros de fotos, sus ensayos, obras de teatro, lo ví tocar 4 veces al menos. ¿Qué otra credencial es necesaria? Si el mundo se divide entre tipos que lo admiran y tipos que lo odian y no pueden verse una película entera, yo estoy entre los primeros. Punto.
Como todas, esta película es particular y única. En la línea de sus producciones afuera de Nueva York, bien afuera, está en un capítulo de su vida en el que puede filmar a dónde sea que vaya y en ese lugar encontrará una historia que le irá bien.
Ahora está rodando en Italia y es una historia que tiene a Italia como eje. Es decir, no es que le da lo mismo cualquier ciudad cosmopolita para contar una de esas historias que suceden necesariamente en ciudades cosmopolitas, no. Tomará de esa ciudad toda su belleza pero bajo su propio imaginario de belleza y de belleza relacionada con su imagen de esa ciudad.
Quizá sea un poco rebuscado, pero lo que explico es que Allen llega a una ciudad y le extracta el alma (según su mirada) y la devuelve hecha película.
Es todo un desafío, toma el imaginario americano sobre esas históricas ciudades europeas, extrae algunas cuestiones fundamentales de la personalidad y de la historia, y las usa como excusa para una película. No encuentro una mejor manera de mostrar una ciudad. Por favor, hagamos una vaquita y traigámoslo a Buenos Aires.
(me pregunto qué lo atraerá de Buenos Aires, alguna imagen borgeana? De malevos, de tangueros, de millonarios excéntricos?)
Medianoche en parís va de un guionista americano de cine de Hollywood (magnífica interpretación de Owen Wilson, magnífica) que de vacaciones en París, aprovechando un viaje de negocios de los padres de su novia con la que está a punto de casarse, está ilusionado con encontrar en las calles de París, lo que le falta de inspiración para terminar su novela. Aspiración de salir de la fabrica de chorizos en la que se convirtió su vida de escritor y empezar una carrera como le gustaría.
Por supuesto que su novia y la familia de ella lo verán y le demostrarán todo el tiempo que es un perdedor que no puede aspirar a nada en la vida y que solo le queda seguir con lo que hace.
La trama toma una vuelta cuando la pareja encuentra a otra pareja, con la que compartirán un tiempo de recorrida de museos y paseos, y se dejarán guiar por el hombre de la otra pareja, un pedante sabelotodo culosabio que será un dolor de cabeza para Wilson pero a la vez la ventana por donde se escapará por las noches.
Y en esas idas y venidas de no querer compartir el resto del viaje con esos pesados, una noche se irá borracho de una degustación de vinos que ofreció su futuro suegro y caerá en las escalinatas de una iglesia a las 12 de l a noche. Semidormido y pesado, será un descapotable de los años 20 el que pasará por esa calle y al verlo, los ocupantes del auto, meta champán y cigarrillos lo invitarán a unírseles.
Esa ida mágica a los años 20 será reveladora, irá a ese lugar al que creerá pertenecer una y otra vez cada noche. Allen usa una de sus armas preferidas para estos desplazamientos sin explicaciones, la magia, la complicidad con el espectador que no necesita preguntarse cómo viaja, sino que acepta que lo está haciendo.
Esta es una película aparte, el desfile de personajes con los que se encontrará será estelar y fabuloso. Están todos, Cole Porter, Scott Fitgerald y Zelda, TS Elliot, Picasso, Hemmingway (así como lo imaginamos) Buñuel, Dalí, Man Ray, la lsita sigue.
Se los encontrará, será bienvenido en esas noches de la bohemia más creativa de nuestra vida moderna y en la ciudad usina de todo. Hasta podrá hacer leer su manuscrito nada menos que por Gertrude Stern.
En esas mesas estaría sentado, tirando manteca al techo, Macoco Álzaga Unzué.
Va a estar feliz en ese mundo, va a corregir su libro, va a conocer a Adrianne.

Y se va a sentir tironeado entre ese pasado y ese presente y ya sabemos quien ganará.
En París no hace falta más que un poco de limpieza, cuidado y acomodar las cosas, para fotografiarla como en los ’20.
El loco giro de la historia lo va a descubrir con Adrianne, ella en los ‘20, como él en el 2010, añoraba la París de la Belle Époque, y hasta allí irán una noche, por el mismo mecanismo pero ahora compartido, y estarán en Maxim’s con Gaugin, con Tolouse Lautrec. Pero Adrianne elegirá quedarse, a vivir, a crear, a soñar en ese otro momento.
Una maravilla de viaje. Los artistas fieles a la idea que tenemos de ellos (en impecable y merece un párrafo aparte la enorme creación de Adrien Brody de Salvador Dalí, presten atención al acento, a los ademanes, a las ensoñaciones, es sencillamente un trabajo monumental y sabio) y la vida tal cual la imaginamos, esa noche parisina que encandiló a tantos (entre ellos a los millonarios argentinos de la época).
Allen vuelve con una película a la altura de sus clásicos, vuelve con todo. Una historia pequeña, fantástica por sus ya clásicos componentes mágicos, entrañable y filmada como solo él lo hace.
El arranque de la película solo, con una melodía sonando y fotografiando el amanecer de París, el sol, la lluvia y el crepúsculo mojado es un video clip que te hace querer terminar de verla y salir para la oficina de Air France para irte ya mismo.
Y hay romanticismo, y hay sueños que se cumplen de la mejor manera, y hay París bajo la lluvia, y hay una banda de sonido impecable y hay creaciones actorales y hay guión y HAY CINEEEEEEEEE!!!!! Que tanta falta nos hace en estos días.
Es obligatoria.