lunes, 22 de agosto de 2011

Win Win



Win Win (creo que se va a llamar Ganamos Todos)

Los seguidores de estas notas ya van notando algunas predilecciones, algunas pistas y comentarios que ya no les son desconocidos, también los metejones y los caprichos.
Paul Giamatti está entres esas líneas recurrentes. Es para mi gusto un actor extraordinario, un todoterreno capaz de la emoción y de la risa con la misma mirada.
En Win Win compone a un abogado, con su pequeño estudio en los suburbios de New Jersey, su vida con algunos aprietes económicos, producto de la recesión, encuentra una vía para hacerse de unos dólares extra asumiendo la custodia de un hombre solo, que tiene un buen patrimonio, pero que ya no puede vivir así sin que represente un peligro. Como él lleva el caso, se propondrá como tutor, con la condición de que siga viviendo en su casa. A cambio de este nuevo rol, le entrará todos los meses un cheque de 1500 dólares, que le será de gran ayuda.
Ese es el comienzo de una serie de temas y de historias que se desencadenan a partir de la vida de este hombre al que tiene que cuidar.
Y ahí viene lo interesante de la historia, es un gran guión original (fue nominado a los últimos Oscar) en el que los giros y las cosas nuevas serán introducidas de manera sorpresiva, no invasiva, y todo va a tener que ver de manera importante con la historia.
Giamatti es, por las noches, entrenador del equipo juvenil de lucha libre, un débil equipo del estado, muy acostumbrado a que les peguen palizas memorables en todos sus encuentros. Pondrá su pasión ahí.
Un día, de la nada, aparece en la puerta de la casa el señor al que tiene que cuidar (pero que ya no lo hace vivir ahí como quería y fue convenido con la justicia) que para su comodidad ha mudado a un asilo de ancianos, un adolescente muy especial. Cuando se bajan con su mujer a preguntar, será el nieto del hombre, el hijo de la única hija (al parecer adicta, que nunca apareció para hacerse cargo del hombre) personajes que conocían solo de referencia en los escritos judiciales.
Para tapar con su familia el verdadero motivo de por qué esa casa está vacía (no le contó a nadie su pequeña trampa) se llevarán al adolescente a su casa por unos días.
En esa convivencia lo invitará a que lo acompañe a su entrenamiento de lucha en el equipo. Le preguntará si quiere hacerlo y otro giro de la historia.
El chico será una maravilla, un luchador distinto, concentrado, indominable, que en pocas semanas lo llevará a la cima de las competencias del estado.
El relato irá subiendo en emoción hasta esa noche, la gran noche de la competencia por pasar definitivamente de escala, cuando aparecerá la madre del chico y todo se vendrá abajo.
Viene a vivir con su padre (por los 1500) viene a quedarse con la casa, viene a desequilibrar todo lo que se había encaminado.
Y descubrirán todo lo que estaba oculto y el tono de comedia cambiará otra vez.
El director es Thomas Mc Carthy, una cara que seguro reconoceríamos como actor, pero que entre sus dos películas anteriores encontramos nada menos que The Visitor, aquella de los tambores, tan finamente filmada.
Un tipo para seguir.
Lo de Giamatti es gigante, este año ya me había hecho emocionar y divertir con Barney’s Version, y ahora esta otra genialidad. Nada le queda grande a este pedazo de actor.
Es una buena película, no es comedia, pero seguro pasarán un buen rato, no es un drama, pero se vana conmover, no es un guión con estridencias, pero tiene giros, sutilezas, matices, que lo hacen casi perfecto.
Muy recomendable.

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