sábado, 6 de agosto de 2011

Midnight in Paris





Midnight in Paris

París vuelve a ser una fiesta, y vuelve con todo lo que imaginamos, y un poco más. Yo tenía un compañero de colegio, y después de aventuras teatrales y después amigo y ahora entrañable evocación, que parecía venido de otros tiempos.
Éramos chicos, 14 años, y el andaba por su casa de camiseta bataraza, mate, y tangos. Obviamente se había ganado el apodo de El Tío, y parecía añorar, profundamente, hasta hacerlo condición de vida, ese tiempo del Buenos Aires de los ’40.
Sus gestos, gustos, lecturas y músicas estaban relacionados con esos años de las grandes orquestas y del hablar canyengue.
Lo traigo al Tío al relato, porque estoy seguro que todos tenemos un amigo así, un pariente, un conocido, en nuestras vidas. Esos tipos que sabemos que hubieran estado mejor en otra época. Como también estoy seguro, aunque esto es menos frecuente, que en la vida se nos puede dar conocer a un “hombre del renacimiento”, esos iluminados capaces de entender todo y entenderlo bien y desde ese entendimiento, explicar el mundo.
Ya me excusé cuando hice mi crítica de Whatever Works, de hablar de Woody Allen. Simplemente no puedo con objetividad, no me sale. Vi todas sus películas, leí la biografía de Lax, tengo sus libros de fotos, sus ensayos, obras de teatro, lo ví tocar 4 veces al menos. ¿Qué otra credencial es necesaria? Si el mundo se divide entre tipos que lo admiran y tipos que lo odian y no pueden verse una película entera, yo estoy entre los primeros. Punto.
Como todas, esta película es particular y única. En la línea de sus producciones afuera de Nueva York, bien afuera, está en un capítulo de su vida en el que puede filmar a dónde sea que vaya y en ese lugar encontrará una historia que le irá bien.
Ahora está rodando en Italia y es una historia que tiene a Italia como eje. Es decir, no es que le da lo mismo cualquier ciudad cosmopolita para contar una de esas historias que suceden necesariamente en ciudades cosmopolitas, no. Tomará de esa ciudad toda su belleza pero bajo su propio imaginario de belleza y de belleza relacionada con su imagen de esa ciudad.
Quizá sea un poco rebuscado, pero lo que explico es que Allen llega a una ciudad y le extracta el alma (según su mirada) y la devuelve hecha película.
Es todo un desafío, toma el imaginario americano sobre esas históricas ciudades europeas, extrae algunas cuestiones fundamentales de la personalidad y de la historia, y las usa como excusa para una película. No encuentro una mejor manera de mostrar una ciudad. Por favor, hagamos una vaquita y traigámoslo a Buenos Aires.
(me pregunto qué lo atraerá de Buenos Aires, alguna imagen borgeana? De malevos, de tangueros, de millonarios excéntricos?)
Medianoche en parís va de un guionista americano de cine de Hollywood (magnífica interpretación de Owen Wilson, magnífica) que de vacaciones en París, aprovechando un viaje de negocios de los padres de su novia con la que está a punto de casarse, está ilusionado con encontrar en las calles de París, lo que le falta de inspiración para terminar su novela. Aspiración de salir de la fabrica de chorizos en la que se convirtió su vida de escritor y empezar una carrera como le gustaría.
Por supuesto que su novia y la familia de ella lo verán y le demostrarán todo el tiempo que es un perdedor que no puede aspirar a nada en la vida y que solo le queda seguir con lo que hace.
La trama toma una vuelta cuando la pareja encuentra a otra pareja, con la que compartirán un tiempo de recorrida de museos y paseos, y se dejarán guiar por el hombre de la otra pareja, un pedante sabelotodo culosabio que será un dolor de cabeza para Wilson pero a la vez la ventana por donde se escapará por las noches.
Y en esas idas y venidas de no querer compartir el resto del viaje con esos pesados, una noche se irá borracho de una degustación de vinos que ofreció su futuro suegro y caerá en las escalinatas de una iglesia a las 12 de l a noche. Semidormido y pesado, será un descapotable de los años 20 el que pasará por esa calle y al verlo, los ocupantes del auto, meta champán y cigarrillos lo invitarán a unírseles.
Esa ida mágica a los años 20 será reveladora, irá a ese lugar al que creerá pertenecer una y otra vez cada noche. Allen usa una de sus armas preferidas para estos desplazamientos sin explicaciones, la magia, la complicidad con el espectador que no necesita preguntarse cómo viaja, sino que acepta que lo está haciendo.
Esta es una película aparte, el desfile de personajes con los que se encontrará será estelar y fabuloso. Están todos, Cole Porter, Scott Fitgerald y Zelda, TS Elliot, Picasso, Hemmingway (así como lo imaginamos) Buñuel, Dalí, Man Ray, la lsita sigue.
Se los encontrará, será bienvenido en esas noches de la bohemia más creativa de nuestra vida moderna y en la ciudad usina de todo. Hasta podrá hacer leer su manuscrito nada menos que por Gertrude Stern.
En esas mesas estaría sentado, tirando manteca al techo, Macoco Álzaga Unzué.
Va a estar feliz en ese mundo, va a corregir su libro, va a conocer a Adrianne.

Y se va a sentir tironeado entre ese pasado y ese presente y ya sabemos quien ganará.
En París no hace falta más que un poco de limpieza, cuidado y acomodar las cosas, para fotografiarla como en los ’20.
El loco giro de la historia lo va a descubrir con Adrianne, ella en los ‘20, como él en el 2010, añoraba la París de la Belle Époque, y hasta allí irán una noche, por el mismo mecanismo pero ahora compartido, y estarán en Maxim’s con Gaugin, con Tolouse Lautrec. Pero Adrianne elegirá quedarse, a vivir, a crear, a soñar en ese otro momento.
Una maravilla de viaje. Los artistas fieles a la idea que tenemos de ellos (en impecable y merece un párrafo aparte la enorme creación de Adrien Brody de Salvador Dalí, presten atención al acento, a los ademanes, a las ensoñaciones, es sencillamente un trabajo monumental y sabio) y la vida tal cual la imaginamos, esa noche parisina que encandiló a tantos (entre ellos a los millonarios argentinos de la época).
Allen vuelve con una película a la altura de sus clásicos, vuelve con todo. Una historia pequeña, fantástica por sus ya clásicos componentes mágicos, entrañable y filmada como solo él lo hace.
El arranque de la película solo, con una melodía sonando y fotografiando el amanecer de París, el sol, la lluvia y el crepúsculo mojado es un video clip que te hace querer terminar de verla y salir para la oficina de Air France para irte ya mismo.
Y hay romanticismo, y hay sueños que se cumplen de la mejor manera, y hay París bajo la lluvia, y hay una banda de sonido impecable y hay creaciones actorales y hay guión y HAY CINEEEEEEEEE!!!!! Que tanta falta nos hace en estos días.
Es obligatoria.

1 comentario:

  1. Sabés que soy un lector asiduo de este y del otro blog, que gracias a Dios se reactivó. Tomo decisiones recreativas leyendo Butaca al Centro. Voy a pedir que me devuelvas la plata de las entradas de esta fantasía de Wlat Disney!!! jaja!

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