lunes, 15 de abril de 2013

It´s 40


It’s 40

En este blog dije varias veces que me gusta mucho la nueva comedia americana. Que me gusta la acidez, lo bizarro, las actuaciones.
Pero no siempre funciona.
Y tenía que pasar eso de esperar algo bueno porque en los papeles todo está a ganador, pero no comprobar en los hechos que se logra lo buscado.
La pareja protagónica tiene anotados varios buenos momentos de este segmento de nueva comedia, tanto Leslie Mann como Paul Rudd vienen siendo de los 10 actores más representativos y mejor preparados de esta movida.
El director, Judd Apatow es el director de Virgen a los 40 y Ligeramente embarazada, dos buenas exponentes del género. También hace el guión esta vez.
Pero hay algo que no termina de cerrar esta vez.
Quizá no hay tanta situación hilarante, quizá hay demasiada reflexión, quizá el personaje femenino es demasiado histérico (y su voz lo es, sin dudas) quizá no terminamos de identificarnos con toda la situación (lo que nos pasa es que nos identificamos con algunos momentos, como por ejemplo del iPad en el inodoro) pero algo no termina de cerrarnos nunca.
Es como si la elección por un tema complejo, en lugar de tomarlo 100% en broma, tiene una base, un sustento dramático o reflexivo, que hace que no nos terminemos de tomar el tema en clave de comedia nunca!
De todas maneras las actuaciones son buenas, la historia es sólida, y hay para todos los cuarentones en el relato, pero me queda la sensación que podrían haber hecho mucho más con el mismo tono. El mejor ejemplo es el de “ligeramente embarazada” del mismo director, todo funciona en un tono, en una clave, que hace que se resignifique toda la historia. No importa lo moral, o lo correcto, cuando estamos contando en base y en tono de comedia dura, cuando se intenta además tener un juicio moral, toda la comedia se desvanece.
De lo último en esta nueva y fabulosa aventura de la comedia gringa, es lo que menos me gustó.
Entre el reparto se lucen Chris O’dowd (un tipo al que hay que seguir) y Jason Segel como pareja de segundo plano y la deslumbrante Megan Fox.

sábado, 13 de abril de 2013

Masterplan


Masterplan

Marcelo Panozzo, Levy, el chico de Graduados. De entrada hay elementos para entusiasmarse. Un poco al menos, tampoco mucho, pero ponerle expectativas.
Me gusta el cine nacional, me gusta mucho, porque se cuentan nuestras cosas, porque tiene nuestro tono, nuestra melancolía, nuestro sarcasmo. Cómo no me va a gustar!
Pero Masterplan dinamita todas y cada una de mis buenas expectativas previas.
El guión es errante, no pasa nada ni gracioso, ni bizarro, ni penoso. No pasa nada.
La película es, sencillamente mala.
Lo siento.

martes, 2 de abril de 2013

Ruby Sparks


Ruby Sparks

El proceso creativo, la hoja en blanco toda perfecta ya dispuesta en la máquina de escribir, los desafíos del que, para todos nosotros crea una historia memorable.
Todo está en juego en esta hermosa película, no en vano dirigida por el mismo director de Little Miss Sunshine.
Quizá por eso Paul Dano, quizá por eso los climas, quizá por eso la historia basada en un guión sólido y bien narrado.
Paul Dano es Calvin, un escritor joven, que hizo una gran primer novela y que ahora enfrenta a todo lo que hacer una primera gran novela entraña, las entrevistas, los que lo tratan de genio, los que esperan su segundo gran trabajo que quizá no llegue nunca, los que quieren llevar al cine su primera gran novela y los que, de una u otra manera se acercan al monstruo de la literatura. Sea para adularlo, para preguntarle cosas o para seducirlo.
Pero Calvin no es muy sociable, da vueltas con su psicólogo por todos los temas que trae en su mochila, carga con un hermano que le reclama que con su vida tiene que tener vinculaciones con otra gente, conocer chicas, vivir con algo más de vértigo. Una madre (Annette Benning hermosa) que, al enviudar, deja de lado toda la formalidad con la que vivía y se muda con un artista callejero (increíble Antonio Banderas) y un cócktail demasiado complejo para la atormentada realidad del escritor sin desafíos.
Hasta que un día, después de un sueño, un mágico momento lleva del papel, de los sueños, de la fantasía, a la vida real, a la chica más hermosa, sexy, inteligente y tierna que la imaginación puede crear para compartir su vida.
Y esa virtualidad, que lo atormenta, pero que a la vez lo hace explotar de creatividad, al punto de mandarse de un saque casi todos los capítulos de su nueva novela, que la tiene a Ruby, claro, como centro de toda la historia.
Ruby vive mansa en la imaginación del escritor enamorado, hasta que un día, sin que medie nada lógico en el medio, se materializa de manera virtuosa, haciendo el milagro de la vida y tornando todo en pasión, en comprensión, en aventura.
Calvin, cuya vida social es un desastre, de pronto tiene quién lo entienda, quien lo quiera, quién le cocine lo que le gusta, quien lo espera, y quien lo hace vibrar entre las sábanas.
No se lo cree, pero resulta que los que están a su alrededor ahora la ven. Ruby está ahí, y todos son testigos.
Guarda el manuscrito que le dio vida, lo pone bajo llave con las esperanza de no tener que recurrir a él nunca. En definitiva, lo que Calvin escribe en esas hojas en blanco, se ve reflejado en las características de carácter, de comportamiento de Ruby en la vida real. Si Calvin dice que Ruby habla francés, de inmediato se escucha en su cocina un francés perfecto, si dice que se desconsuela llora toda la tarde, si dice que se llena de felicidad, reirá y reirá todo el tiempo.
Ya no puede ajustarla, se lo tiene que decir, ya pasó demasiado entre ellos como para seguir guardando ese secreto duro.
Y cuando lo hace, el desenlace será duro, pero poderoso.
Terminará su libro, en definitiva todo fue parte de ese proceso creativo, ese mundo interior del escritor, tan fabuloso como su mente y su capacidad y sus recuerdos y su ficción pueden y dejan que sea.
Escribirá su libro, será un nuevo suceso, quedará vacío nuevamente por haberlo dejado todo y una tarde, paseando a su perro, verá a alguien en el parque, leyendo su libro, con la misma sonrisa de Ruby, y sabrá que solo se había anticipado a todo.
Excelente.

Les miserables


Les Miserables

Confieso, yo quería ver esta adaptación de la mano del talento de Baz Luhrmann, con toda su grandilocuencia a las órdenes del eterno duelo entre Jean Valjean y Javert, en la eterna novela de Víctor Hugo, pero se ladieron al director de El discurso del Rey, un educado Tom Hooper, entonces todo es prolijidad.
La película no sale ni un milímetro de la puesta de Broadway, agrega voces, agrega a esos actores que queremos ver cantar (por ese viejo mito de que los actores allá hacen todo bien, cantan, bailan…) como en el caso del polifacético Rusell Corwe, pero todos, todo lo que se ve, está al servicio de la historia, y eso es bueno.
Quiero decir, ya sabemos todo lo que va a pasar, y sabemos que va a suceder de tal o cual manera, y en este caso, creo que está bien.
Aunque la dimensión enorme e ese texto clásico e inmortal, hubiera dado para alguna aventura un poco más jugada, algo de vísceras, algo de adrenalina, que en ningún momento la película destila.
Es tan correcta, que a pesar de seguir el texto casi obsesivamente, le sobran al menos 30 minutos.
Yo tuve la suerte de verla en Broadway hace una pila de años. Esas canciones me emocionaron y lograron emocionarme otra vez, pero de manera distinta.
Es que creo que a pesar de los correctos trabajos de Hugh Jackman, del casi afinado Rusell Crowe, de las correctas apariciones de Amanda Seyfred y el elenco, la única que logra una nota realmente emotiva es la increíble Anne Hathaway.
Que se le atreve a todo, a un papel corto pero jugadísimo, como es el de Fantine, que la lleva al limite de su expresividad, y les aseguro que es un viaje que queremos hacer.
Fantine sufre por su hija, por el pelo que vende, por las muelas que  pierde, por la integridad que regala por unas monedas, por la injusticia, y todo eso en apenas uno minutos de película. Es realmente conmovedor lo que hace esta actriz que no teme perder su belleza a manos del peluquero que la deja casi como un varoncito.
Por lo demás, las canciones son bellísimas, la puesta es correcta, la escenografía es de una profundidad asombrosa y el relato se deja llevar. Es mucho más lograda que versiones del Fantasma de la Ópera, o Rent, que vi años atrás.
Pero la cuerda emotiva, la persecución eterna, la bondad y la maldad, el trasfondo de la revolución francesa, quedan en un segundo plano demasiado lejano en el devenir de la película. Quizá por las decisiones del director, quizá porque son dos horas y media, quizá por tantas cosas, algo no termina de cerrarnos nunca, aunque el espectáculo visual vale la pena.
Si le sacamos unos 30 minutos que, sin la emoción requerida realmente sobran, es una linda película.

Take this waltz


Take this waltz

Sarah Polley es una gran actriz. Un rostro de esos que se reconocen escondidos detrás de los grandes nombres. La vida secreta de las palabras es quizá la película en la que la recuerdo con más cariño, por la emoción de su personaje. Es canadiense, es joven, y también es directora!
Y de ella, en su barrio (Toronto) y con una poesía increíble es Take this waltz.
Con Seth Rogen y Michelle Williams en los roles principales, desde los primeros minutos hasta que termine, no nos podremos deshacer del clima de poesía y de romanticismo de la película.
La trama es simple, muy simple, una pareja de treinta y pico, con sus rutinas, sus juegos, sus momentos de intimidad y de familia, como la de cualquiera, y el personaje de Michelle Williams que, en un viaje y por obra de la casualidad más absoluta, conoce al hombre con el que pasará el resto de sus días. Aunque en ese momento no lo sepa.
La vuelta a casa es en asientos juntos, es en chistes, es en no decirse nada más que lo que dejen ver sus primeras intenciones. Al bajar del avión y compartir el taxi, de nuevo la casualidad, descubrirán que viven cerca, a metros uno del otro aunque nunca se hallan visto.
Y a partir de esa vuelta a casa, cada minuto contará para que ella lo empiece a descubrir. Es un artista, es increíblemente seductor, y el mundo en el que vive y cómo vive en ese mundo, es cada día más fascinante para ella.
Es ahí donde la película muestra su costado más desgarrador. Ella está casada con el personaje de Seth Rogen que es, además de un buen compañero, divertido, solidario, un buen tipo.
Cómo le dice? Cómo frena lo que parece no poder dar espacio ni para la reflexión? Sabe que lo va a destruir y no puede parar. Lo intenta, pero no puede. El amor que se despierta en ella ya no podrá parar.
Y es ahí cuando descubrimos que lo que en realidad sucederá es que empieza la segunda mitad de la vida de ella, otro amor, otras experiencias, otra vida absolutamente distinta.
Es cierto, no hay hijos, las cosas son quizá menos dolorosas, pero está magistralmente reflejado en la película cómo duele el amor, cuando está naciendo en la adultez, y de la manera menos esperada, rompiendo todos los esquemas conocidos, tirando bombas de profundidad en los cimientos mismos de tu vida.
Es romántica, tiene una gran banda de sonido, está bien actuada. Es una de amor como las de antes, pero contando con detalles y sutilezas los conflictos de ahora, de estas épocas.
Hay dos momentos de gran vuelo, uno en un bar, Martinis de por medio, en un rato robado a la tarde, en la que los dos abren su corazón por primera vez y otro en una fabulosa cámara giratoria, cuando se instalan los nuevos enamorados en su nueva morada, cómo se va registrando el paso del tiempo entre ellos, con una cámara que no para de dar vueltas y se esconde tras los armarios mientras ellos viven una vida plena, se aman, bailan, se aburren, todo en menos de cinco minutos!
El guión es otro hallazgo. “quiero hacer una cita con vos, dice ella, para besarte. A las dos de la tarde de dentro de 30 años…”
No van a esperar 30 años, aunque esa frase les haya marcado de manera tan fuerte el presente.
Romántica, chiquita, profunda, sensible. Hermosa

lunes, 1 de abril de 2013

Silver Linings Playbook


Silver Linings playbook

Almas perdidas, despojos de una sociedad que solo busca el éxito y no perdona. Marginales emocionales, sueños por cumplir, conformarse con poco, vivir caminando en los bordes de lo correcto.
De todo esto va esta bella película, y de mirar siempre el lado bueno de las cosas.
Ese pequeño detalle, el pequeño heroísmo, la salvación por una canción, por una sonrisa.
Bradley Cooper es un perturbado, pasó tiempo en una institución mental por cagar a trompadas al amante de su esposa cuando lo encuentra en la ducha con ella, un día que vuelve a casa temprano.
Sale, tiene que ir a lo de sus padres, está emocionalmente equilibrado, pero con solo escuchar unos acordes de la canción que sonaba en el equipo de música el día que descubrió sus cuernos, ese delicado equilibrio se va al diablo.
Con lo cual hay que sostenerlo, y en la familia, en esa que le toca, nadie regala templanza y tranquilidad.
Papá (De Niro) y mamá están sin empleo, salvándose con apuestas en el fútbol y un destino de restaurante.
La única obsesión de nuestro protagonista es volver con su ex mujer. Mejoró para ella, hasta leyó todos los libros que ella enseña en la escuela, para entenderla mejor.
Pero cuando todo parece que se encamina, aunque tenemos siempre dudas que pueda encaminarse, aparece en la vida Jennifer Lawrence (por Dios lo que ha crecido esta mina como actriz!!) y llegará para poner todo patas para arriba, llevarlo a su punto más complejo y desafiante, hasta desatarlo y con eso, poner las cosas en su lugar.
Es una trama compleja, pero que se lleva muy bien con el ritmo del relato. Está cimentada en diálogos increíbles y buenas actuaciones de la pareja central.
Es que ella, Lawrence, también es una chica con un equilibrio delicado, acaba de enviudar de un policía y se desenfrenó sexualmente apenas sola, y está por todos los medios tratando de corregirse.
Dos almas en pena, dije más arriba, dos desamparados tratando de ayudarse mutuamente, salvando para sí algo de paz.
Una excusa, una apuesta, un momento compartido ensayando una rutina de baile les devolverá la luz.
Y a partir de esa luz que se les cruza, el amor lógico, casi como una consecuencia ineludible.
Es bella esta película.
Porque tiene ritmo, porque tiene humor, porque tiene tragedia pero tratada en sentido reparador y esperanzador, porque no tiene héroes ni villanos, porque se atreve con  un tema sensible sin dar sermones y porque cuando llega la luz, cuando llega el amor, todos lo dejan entrar y aparece el lado bueno de las cosas.
Un amigo dice que hay que pasarla bien, aún con cosas chicas, gestos, momentos, porque cuando uno la pasa bien es feliz, y la felicidad está hecha de esos momentos.
Ver el lado bueno de la vida no es para cualquiera.
Pero qué bueno que alguien lo haya puesto en una pantalla, para que podamos darnos cuenta de cuántas pequeñas cosas nos hacen feliz cada día.

The Master


The Master

Le entro con ganas. Está uno de los actores preferidos de mi generación, el que siempre nos regala algo distinto, que se le atreve a Capote. Philip Seymour Hoffman, y está un director que hizo Magnolia y Petróleo sangriento. Sabe dirigir actores, crea climas. Y el indescifrable Joaquín Phoenix, contrahecho, raro actor al que solo le vi dos o tres cosas que perduran pero que siempre renueva la promesa (probablemente fomentada por cosas por afuera de la actuación) .
Le entro con ganas, digo, están también las nominaciones. Pero cuando entro, tengo ganas de salir a los 10 minutos.
Uno que vuelve de la guerra, el trauma de la guerra, un borracho, u tipo raro, complejo, demasiado enroscado en una maraña extraña.
Vuelve a la vida civil y no tiene nada, como les pasará a muchos ex combatientes, tendrán que inventarse una vida.
Pero en este caso, será un fracaso tras otro, casi siempre motivado por él mismo. Hasta que, ve un bote en el que hay una fiesta, se mete de polizón y allí mismo encuentra a El Maestro, el bueno de PSH.
Y a partir de allí será el conejillo de indias de los seguidores de “la causa”. Una religión pagana que sigue las habladurías de un charlatán y farabute que embauca a todos (especialmente la gente con plata) que mediante un absurdo juego de preguntas y repreguntas, bucea en el pasado, en la forma de vidas anteriores, hasta llegar a la raíz de los problemas que impactan en el presente.
Y toda la película serán las preguntas, los interrogatorios, los ejercicios, el fanatismo, el absurdo.
Bien recreada en los 50, bien armada las atmósferas, malos los diálogos, malo el guión, aburridos los planos perezosos de los primeros planos obsesivos de los protagonistas.
Se salva la música, se salva el siempre buen trabajo de Seymour Hoffman, y poco más.
Es muy aburrida esta película.