lunes, 1 de abril de 2013

Silver Linings Playbook


Silver Linings playbook

Almas perdidas, despojos de una sociedad que solo busca el éxito y no perdona. Marginales emocionales, sueños por cumplir, conformarse con poco, vivir caminando en los bordes de lo correcto.
De todo esto va esta bella película, y de mirar siempre el lado bueno de las cosas.
Ese pequeño detalle, el pequeño heroísmo, la salvación por una canción, por una sonrisa.
Bradley Cooper es un perturbado, pasó tiempo en una institución mental por cagar a trompadas al amante de su esposa cuando lo encuentra en la ducha con ella, un día que vuelve a casa temprano.
Sale, tiene que ir a lo de sus padres, está emocionalmente equilibrado, pero con solo escuchar unos acordes de la canción que sonaba en el equipo de música el día que descubrió sus cuernos, ese delicado equilibrio se va al diablo.
Con lo cual hay que sostenerlo, y en la familia, en esa que le toca, nadie regala templanza y tranquilidad.
Papá (De Niro) y mamá están sin empleo, salvándose con apuestas en el fútbol y un destino de restaurante.
La única obsesión de nuestro protagonista es volver con su ex mujer. Mejoró para ella, hasta leyó todos los libros que ella enseña en la escuela, para entenderla mejor.
Pero cuando todo parece que se encamina, aunque tenemos siempre dudas que pueda encaminarse, aparece en la vida Jennifer Lawrence (por Dios lo que ha crecido esta mina como actriz!!) y llegará para poner todo patas para arriba, llevarlo a su punto más complejo y desafiante, hasta desatarlo y con eso, poner las cosas en su lugar.
Es una trama compleja, pero que se lleva muy bien con el ritmo del relato. Está cimentada en diálogos increíbles y buenas actuaciones de la pareja central.
Es que ella, Lawrence, también es una chica con un equilibrio delicado, acaba de enviudar de un policía y se desenfrenó sexualmente apenas sola, y está por todos los medios tratando de corregirse.
Dos almas en pena, dije más arriba, dos desamparados tratando de ayudarse mutuamente, salvando para sí algo de paz.
Una excusa, una apuesta, un momento compartido ensayando una rutina de baile les devolverá la luz.
Y a partir de esa luz que se les cruza, el amor lógico, casi como una consecuencia ineludible.
Es bella esta película.
Porque tiene ritmo, porque tiene humor, porque tiene tragedia pero tratada en sentido reparador y esperanzador, porque no tiene héroes ni villanos, porque se atreve con  un tema sensible sin dar sermones y porque cuando llega la luz, cuando llega el amor, todos lo dejan entrar y aparece el lado bueno de las cosas.
Un amigo dice que hay que pasarla bien, aún con cosas chicas, gestos, momentos, porque cuando uno la pasa bien es feliz, y la felicidad está hecha de esos momentos.
Ver el lado bueno de la vida no es para cualquiera.
Pero qué bueno que alguien lo haya puesto en una pantalla, para que podamos darnos cuenta de cuántas pequeñas cosas nos hacen feliz cada día.

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