lunes, 1 de abril de 2013

The Master


The Master

Le entro con ganas. Está uno de los actores preferidos de mi generación, el que siempre nos regala algo distinto, que se le atreve a Capote. Philip Seymour Hoffman, y está un director que hizo Magnolia y Petróleo sangriento. Sabe dirigir actores, crea climas. Y el indescifrable Joaquín Phoenix, contrahecho, raro actor al que solo le vi dos o tres cosas que perduran pero que siempre renueva la promesa (probablemente fomentada por cosas por afuera de la actuación) .
Le entro con ganas, digo, están también las nominaciones. Pero cuando entro, tengo ganas de salir a los 10 minutos.
Uno que vuelve de la guerra, el trauma de la guerra, un borracho, u tipo raro, complejo, demasiado enroscado en una maraña extraña.
Vuelve a la vida civil y no tiene nada, como les pasará a muchos ex combatientes, tendrán que inventarse una vida.
Pero en este caso, será un fracaso tras otro, casi siempre motivado por él mismo. Hasta que, ve un bote en el que hay una fiesta, se mete de polizón y allí mismo encuentra a El Maestro, el bueno de PSH.
Y a partir de allí será el conejillo de indias de los seguidores de “la causa”. Una religión pagana que sigue las habladurías de un charlatán y farabute que embauca a todos (especialmente la gente con plata) que mediante un absurdo juego de preguntas y repreguntas, bucea en el pasado, en la forma de vidas anteriores, hasta llegar a la raíz de los problemas que impactan en el presente.
Y toda la película serán las preguntas, los interrogatorios, los ejercicios, el fanatismo, el absurdo.
Bien recreada en los 50, bien armada las atmósferas, malos los diálogos, malo el guión, aburridos los planos perezosos de los primeros planos obsesivos de los protagonistas.
Se salva la música, se salva el siempre buen trabajo de Seymour Hoffman, y poco más.
Es muy aburrida esta película.

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