martes, 2 de abril de 2013

Les miserables


Les Miserables

Confieso, yo quería ver esta adaptación de la mano del talento de Baz Luhrmann, con toda su grandilocuencia a las órdenes del eterno duelo entre Jean Valjean y Javert, en la eterna novela de Víctor Hugo, pero se ladieron al director de El discurso del Rey, un educado Tom Hooper, entonces todo es prolijidad.
La película no sale ni un milímetro de la puesta de Broadway, agrega voces, agrega a esos actores que queremos ver cantar (por ese viejo mito de que los actores allá hacen todo bien, cantan, bailan…) como en el caso del polifacético Rusell Corwe, pero todos, todo lo que se ve, está al servicio de la historia, y eso es bueno.
Quiero decir, ya sabemos todo lo que va a pasar, y sabemos que va a suceder de tal o cual manera, y en este caso, creo que está bien.
Aunque la dimensión enorme e ese texto clásico e inmortal, hubiera dado para alguna aventura un poco más jugada, algo de vísceras, algo de adrenalina, que en ningún momento la película destila.
Es tan correcta, que a pesar de seguir el texto casi obsesivamente, le sobran al menos 30 minutos.
Yo tuve la suerte de verla en Broadway hace una pila de años. Esas canciones me emocionaron y lograron emocionarme otra vez, pero de manera distinta.
Es que creo que a pesar de los correctos trabajos de Hugh Jackman, del casi afinado Rusell Crowe, de las correctas apariciones de Amanda Seyfred y el elenco, la única que logra una nota realmente emotiva es la increíble Anne Hathaway.
Que se le atreve a todo, a un papel corto pero jugadísimo, como es el de Fantine, que la lleva al limite de su expresividad, y les aseguro que es un viaje que queremos hacer.
Fantine sufre por su hija, por el pelo que vende, por las muelas que  pierde, por la integridad que regala por unas monedas, por la injusticia, y todo eso en apenas uno minutos de película. Es realmente conmovedor lo que hace esta actriz que no teme perder su belleza a manos del peluquero que la deja casi como un varoncito.
Por lo demás, las canciones son bellísimas, la puesta es correcta, la escenografía es de una profundidad asombrosa y el relato se deja llevar. Es mucho más lograda que versiones del Fantasma de la Ópera, o Rent, que vi años atrás.
Pero la cuerda emotiva, la persecución eterna, la bondad y la maldad, el trasfondo de la revolución francesa, quedan en un segundo plano demasiado lejano en el devenir de la película. Quizá por las decisiones del director, quizá porque son dos horas y media, quizá por tantas cosas, algo no termina de cerrarnos nunca, aunque el espectáculo visual vale la pena.
Si le sacamos unos 30 minutos que, sin la emoción requerida realmente sobran, es una linda película.

1 comentario:

  1. Si le sacáramos esos 30 minutos, habría que sacrificar algunas líneas de las bellas canciones, y no se me ocurre cuáles. La vi en Broadway, en Buenos Aires y escucho cada tanto la banda sonora. Aun así, logró conmoverme la película porque se acerca ahí donde el teatro pone el conflicto en escena completa y distante.Por eso me permitió meterme en Jean Valjean como no lo había hecho en ninguna de las experiencias previas, con lo que para mí, ese fue el personaje. Gracias por esta crítica.

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