martes, 2 de abril de 2013

Take this waltz


Take this waltz

Sarah Polley es una gran actriz. Un rostro de esos que se reconocen escondidos detrás de los grandes nombres. La vida secreta de las palabras es quizá la película en la que la recuerdo con más cariño, por la emoción de su personaje. Es canadiense, es joven, y también es directora!
Y de ella, en su barrio (Toronto) y con una poesía increíble es Take this waltz.
Con Seth Rogen y Michelle Williams en los roles principales, desde los primeros minutos hasta que termine, no nos podremos deshacer del clima de poesía y de romanticismo de la película.
La trama es simple, muy simple, una pareja de treinta y pico, con sus rutinas, sus juegos, sus momentos de intimidad y de familia, como la de cualquiera, y el personaje de Michelle Williams que, en un viaje y por obra de la casualidad más absoluta, conoce al hombre con el que pasará el resto de sus días. Aunque en ese momento no lo sepa.
La vuelta a casa es en asientos juntos, es en chistes, es en no decirse nada más que lo que dejen ver sus primeras intenciones. Al bajar del avión y compartir el taxi, de nuevo la casualidad, descubrirán que viven cerca, a metros uno del otro aunque nunca se hallan visto.
Y a partir de esa vuelta a casa, cada minuto contará para que ella lo empiece a descubrir. Es un artista, es increíblemente seductor, y el mundo en el que vive y cómo vive en ese mundo, es cada día más fascinante para ella.
Es ahí donde la película muestra su costado más desgarrador. Ella está casada con el personaje de Seth Rogen que es, además de un buen compañero, divertido, solidario, un buen tipo.
Cómo le dice? Cómo frena lo que parece no poder dar espacio ni para la reflexión? Sabe que lo va a destruir y no puede parar. Lo intenta, pero no puede. El amor que se despierta en ella ya no podrá parar.
Y es ahí cuando descubrimos que lo que en realidad sucederá es que empieza la segunda mitad de la vida de ella, otro amor, otras experiencias, otra vida absolutamente distinta.
Es cierto, no hay hijos, las cosas son quizá menos dolorosas, pero está magistralmente reflejado en la película cómo duele el amor, cuando está naciendo en la adultez, y de la manera menos esperada, rompiendo todos los esquemas conocidos, tirando bombas de profundidad en los cimientos mismos de tu vida.
Es romántica, tiene una gran banda de sonido, está bien actuada. Es una de amor como las de antes, pero contando con detalles y sutilezas los conflictos de ahora, de estas épocas.
Hay dos momentos de gran vuelo, uno en un bar, Martinis de por medio, en un rato robado a la tarde, en la que los dos abren su corazón por primera vez y otro en una fabulosa cámara giratoria, cuando se instalan los nuevos enamorados en su nueva morada, cómo se va registrando el paso del tiempo entre ellos, con una cámara que no para de dar vueltas y se esconde tras los armarios mientras ellos viven una vida plena, se aman, bailan, se aburren, todo en menos de cinco minutos!
El guión es otro hallazgo. “quiero hacer una cita con vos, dice ella, para besarte. A las dos de la tarde de dentro de 30 años…”
No van a esperar 30 años, aunque esa frase les haya marcado de manera tan fuerte el presente.
Romántica, chiquita, profunda, sensible. Hermosa

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