domingo, 22 de agosto de 2010

Greenberg


Greenberg

Ya había intentado con otras producciones del joven director Noah Baumbach, había visto la de la ballena con Laura Lynn y me había divertido la vida acuativa con Steve Zissou, pero Greenberg no me gustó.

Tenía expectativas con la actuación de Stiller, que está explorando también hasta dónde puede llegar, en un papel no muy en línea con sus personajes eléctricos y llenos de palabras que salen a borbotones.

En Greenberg compone a un adolescente eterno, un tipo de 41 que no hae nada, y no quiere tomar compromisos de ninguna naturaleza, que por un viaje de la familia de su hermano se va a hacer cargo de la casa donde vive este con su familia en Los Ángeles, lugar adónde creció, y pretende que todos los que fueron sus amigos y todavía viven allí no hayan modificado en nada sus vidas, como si las tuvieran congeladas en ese momento en el que se fue, como pasa con los exiliados, que fijan sus recuerdos en ese último momento en el que compartieron vida con los suyos.

Pero Greenberg es un exiliado interno, un tipo complicado, que por estar encerrado en sus convicciones, se fue alejando de todo y de todos. Tanto, que hasta tuvo que vérselas con una internación psiquiátrica.

Ni el amor, ni el sexo, ni los amigos, ni la familia parecen poder sacarlo de la morosidad en la que se retuerce.

Las películas de Baumbach son morosas. Todo se desarrolla en una velocidad incómoda. Hay planos muy cortos, muchos momentos en los que se ve a los personajes haciendo las cosas en tiempo real y mucha ironía.

En algunas funciona.

En esta no.

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