sábado, 28 de agosto de 2010

Five minutes of heaven


Five minutes of heaven

Es eso lo que en estos días nos están tratando de decir desde el gobierno, que lo que pasó hace 35 años todavía no cerró, que se necesitan escarmientos, que las miradas todavía duelen.

Esta película es una película más sobre el conflicto irlandés. Pero desde la mirada de dos personas. Un adolescente y un niño que se van a ver solamente una vez en la vida y se volverán a ver otra vez 35 años después con los odios y los fantasmas intactos.

Qué pasa con las vidas de los que intervienen en un atentado? Adónde van esas madres? Qué pasa con esos padres que pierden a sus hijos? Las culpas? Los reproches? De esos duros caminos sin salida trata esta película.

Demasiado estática, como si fuera una obra de cámara, de teatro, desarrolla dos vidas divididas, diferentes, pero con un pasado común. Mejor dicho, con un instante en el pasado en común, pero que será una herida abierta para siempre.

Un suelo recurrente, un rostro familiar.

Alistair tiene 17 y se alista en su barrio como militante armado. Le dan su primera misión y solo quiere cumplirla Matar a un católico. Va a hacerlo y al llegar a la casa en la que está su target, su hermano menor juega a la pelota en la calle y ve toda la escena. Sus ojos se cruzan un instante eterno.

35 años después, con los acuerdos de Belfast sobre la mesa, un programa de TV los quiere reunir, a ese joven idealista y al hermano de la víctima, que se convirtió él mismo en un alma en pena, centro de los reproches de su madre y si poder sacarse de la cabeza esos ruidos, esos ojos del asesino que acababa de terminar su faena.

Pero no se da. Nada de reconciliación, lo único que cree que lo va a salvar es la muerte del sicario.

Vivió estos 35 años para eso. Ni la familia que formó importa. Nada.

Será eso lo que quieren desde el gobierno que hagamos? Que salgamos a vengarnos? Que volvamos a vivir toda esa mugre?

No lo creo. Creo que ese marco les da un inmejorable marco para hacer nuevos negocios. No hay ideas ahí. No hay desdichas ni historias que no cerraron.

Es buena esta película. Es una dura reflexión sobre eso que se llama reconciliación. El cierre de viejas heridas. La reconstrucción de la vida.

Pero es difícil. Muy difícil que suceda.

Es un relato justo. Con un idioma irlandés indescifrable. Acento áspero, canto irrepetible.

Es corta. Dura menos de una hora y media.

Y tiene una actuación, la de James Nassbitt que es sencillamente magistral.

No exagero.

Es para disfrutar, pero deja pensando en nuestros días en Argentina.

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