sábado, 7 de agosto de 2010

The ghost writer


The ghost writer

Roman Polanski invita. Cómo decirle que no? Que tenemos otra cosa que hacer. SI ya lo conocemos, disfrutamos con él, nos asustamos, nos enfocamos en temas complicados. El tema es que Roman filma cada vez de manera más madura. Qué significa esto? Que sus películas ya no muestran frescura, no tienen momentos de osadía. Sus películas son redondas, industriales, pulcras, casi clásicas.

En esta película hay un muy interesante y actual relato y una tensión muy bien sostenida entre los cuatro protagonistas. Tiene un cuarteto perfecto de actores taquilleros, pero salidos de sus personajes clásicos, un Brosnan interpretando a un Primer Ministro inglés muy parecido a Tony Blair, pero más físico y derechoso, un Ewan McGregor que saca a estos personajes perturbados, tipos simples metidos en tramas siniestras, con solvencia (hubiera sido un buen actor para los preferidos de don Alfred) Kim Cattrall con esfuerzo (como James Gandolfini queriéndose alejar de su Tony Soprano) por salirse de la piel de Samantha la de Sex and the City y una estupenda Olivia Willia, madura, sugerente, creadora de climas y sostenedora de la tensión de toda la trama.

Al fin de cuentas vamos descubriendo que es por ella que ese tarado que compone Brosnan llegará a Primer Ministro, que la tensión con la secretaria de su marido se hace insoportable y que terminará en la cama con el escritor en las sombras. Todo se sostiene en su mirada, en sus bolsas, en sus labios y su acento.

Es otro detalle de la peli, la mezcla fantástica de acentos británicos.

La historia podría haberse ahorrado unos 20 minutos (dura dos horas exactas) y hubiera agregado un poco más de suspenso a la trama.

Ocurre que, a pesar de narrarse desde la mirada de los cuatro, hay afuera de ese vínculo una guerra mediática que invade la intimidad de la casa de la playa a la cual llega el escritor fantasma para mejorar el manuscrito de memorias del político, a pesar de esto, es demasiado detallista el proceso y el vínculo entre los cuatro.

Quizá un poco más de acción hubiera estado bien.

Todo se resuelve en los últimos minutos, y ese descubrimiento, que lleva al escritor fantasma a un desenlace inesperado, no es un truco demasiado elaborado.

Quizá apelando a aquello de que lo esencial está siempre a la vista y no hay que complicar demasiado las cosas, el gatillo que nos hace entender toda la película estuvo siempre ahí, al alcance de la vista.

Es un film para admirar los recursos cinematográficos de un clásico, la solidez de la narración, un seguro bello libro de espionaje muy actual y buenas actuaciones.

Pero le falta algo de sal, algún sobresalto, tiene demasiada polenta como para convertirse en una película de cámara, de actores. Había mucho alrededor como para contaminar un poco esos silencios y caminatas por la playa.

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