lunes, 20 de septiembre de 2010

Recital de Jorge Drexler en el Gran Rex Amar la Trama


Recital de Jorge Drexler en el Gran Rex – Septiembre de 2010

Drexler es íntimo. Es capaz de enamorar de hacer reír. De hacerte pensar y dejarte con ganas de moverte en la silla cuando, casi como al pasar, sus canciones entran en el mundo del ritmo uruguayo.

Pero queda poco de eso. Del candombe, del Río de la Plata. Y hay mucho de Europa en sus nuevas cosas. Otros cuidados en la presentación de un espectáculo impecable. Sincronizado. Prolijo, que sin embargo emociona.

Es un gran autor. No hay dudas de eso. Cuanta historias con buena técnica. No cae en canciones que son compilaciones de frases más o menos ingeniosas, tampoco es el rey de la rima. Sus temas son historias menores, pero contadas con sabiduría y con sorpresa permanente.

Se mueve en el escenario con una ductilidad y una plasticidad que seguro está lejos de aquél Drexler de hace 10 años, cuando daba sus primeros pasos en Buenos Aires. Hoy, que hace tres Gran Rex al hilo y se queda corto, es otra cosa lo que comparte con el público.

Incorporó vientos, menos máquinas, una orquesta súper profesional en la que no hay ni un solo uruguayo, como si estuviera definitivamente en el camino de un intérprete internacional con vocación de baladista sin fronteras.

De todas maneras tampoco defrauda a esos otros, a los que, incondicionales, lo siguen desde aquellos días.

Es una mezcla de Michael Bubblé y un rócker nacional. Extraña mezcla de chico de corbata y zapatillas, que está dispuesto a dar todo y lo demuestra.

Genera con el público una complicidad de confesiones, de bromas, de pedidos, de silencios para escuchar a la platea cantando que pocos artistas logran en semejantes puestas en escena. Y no molesta, y tampoco suena forzado. Se da todo muy naturalmente.

Incluso se mete con la tecnología, generando una suerte de complicidad con aquellos que prefieren grabar todo y verlo a través de sus pantallitas iluminadas. Dice, qué bueno, enciendan sus celulares así la luz de las pantallitas los iluminan y puedo verlos yo a ustedes.

Brinda un buen recital. Dos horas y media de pura música, cambios de climas, una buena puesta de luces y algunas coreografías con sus músicos. Dicho se de paso, qué bueno que es ver tanto cuidado en una puesta.

Pueden gustarte o no sus canciones, quizá solo conozcas la de la sopa, pero no pasa desapercibido. Tiene un lugar en Buenos Aires, y aunque cada vez es menos rioplatense y más trovador del mundo, creo que sabe que acá siempre lo van a esperar con los brazos abiertos.

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