lunes, 18 de julio de 2016

London has fallen

London has fallen

Demasiado violenta para parodia, demasiado cómica para su crudeza


4 Butacas



No hay término medio con esta secuencia (la primera había sido ambientada en la Casa Blanca con un presidente negro) es muy violenta, se mueve entre hipótesis bien posibles de conflictos, pero de tan exagerada pierde su tensión dramática para convertirse casi en una película de "Tiburón, Delfín y Mojarrita".

Con otro despliegue, claro.

Un presidente norteamericano buen tipo, encarna los valores absolutos de la democracia y de occidente, se sorprende una mañana con un llamado que le informa que el Primer Ministro británico acaba de fallecer. Entonces hay que asistir al funeral, al que irán primeros mandatarios de todo el mundo.

Londres se blinda en un operativo de seguridad acorde, pero algo sale mal, y se desencadenan eventos insospechados, que ponen en vilo al mundo occidental.

Todo conducido por una familia de musulmanes que estaban vengando un atentado con misiles al corazón de una familia adinerada (se supone que traficantes de armas) hace unos años atrás.

El único que sobrevivirá al ataque es obviamente el presidente norteamericano y será salvado por su fiel guardaespaladas.

Hay notas y referencias a la realidad del mundo hoy, lo que transforma a la película en creíble desde algún punto de vista, pero es tan forzado todo lo que sucede, que termina convirtiéndose en una real parodia.

Y tengo mis dudas de que no sea ese el planteo real del director.

Lo que ocurre es que hay un despliegue de violencia inusitado, hasta un regodeo con la muerte a distancia, que llaman la atención "mire para arriba" le dice el vicepresidente de Estados Unidos a cargo de la presidencia y del operativo, al perpretador del ataque anunciándole que un misil está por destruir toda la aldea en la que se esconde.

Mucha tecnología, historia de vida y de relación entre el presidente y el guardaespaldas fiel, una hija en camino, historias cruzadas de honor y de valores, banderas flameando y música para lagrimear un poco.

Todo tan llevado al extremo, todo tan plantado con fórceps, que solo falta cada tanto una mirada cómplice a la cámara para cerrar la secuencia.

Gerard Butler, Aaron Eckhart, Morgan Freeman, Angela Basset y una escondida Melissa Leo (que casi ni habla) son algunos de los nombres estelares para este enchastre.

Es desconcertante-

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