domingo, 25 de agosto de 2013

Killing Season


Killing Season



De Niro es un grosso. No hay dudas de eso. Y si hay dudas, hay que ver algunas de sus interpretaciones, cualquiera, de esas que nos emocionaron y conmovieron. Pero también es un hombre de negocios, que tiene sus cosas extra arte que le demandan, seguro, inversión y dinero. Quizá sea esa la razón por a cual acepta algunos papeles.
Papeles que no están a su altura, que el señor Robert resuelve con oficio de artesano, nos mohines, sus caras de culo célebres y no mucho más, es todo lo que se necesita.
Pero hay que ver algunas cosas que rompen los ojos.
Killing Season es una de esas películas que salen como mi carnicero hace longanizas. Entran por un lado y salen hechitas por el otro.
Una anécdota que ya vimos muchas veces, una deuda de guerra que se cobra en el futuro. El escenario es Bosnia, y los americanos tienen que hacer algunas cosas sucias en medio de los dramas más terribles. Uno que casi muere (Travolta), y vuelve a buscar a su ejecutor (De Niro).
Para Travolta un párrafo aparte, gordo, forzando un acento raro, poco efectivo también en su rol, con una barba y un corte de pelo que lo hacen parecer más una parodia que un verdadero tipo desesperado.
Y la historia que no ofrece ni giros ni sorpresas hacen de Killing Season una película poco memorable.
Se entiende en el contexto que describo más arriba. Hay que pagar cosas, no hay que esforzarse demasiado, y estamos seguros que solo con esos dos rostros nos aseguramos un piso de espectadores que justifican la inversión de los socios.

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