domingo, 11 de agosto de 2013

Walt y El Grupo


Walt y El Grupo

En 1941 Walt Elías Disney se embarca en un avión de American Airlines con un grupo importante de colaboradores de su empresa.
Había estrenado ya Blancanieves y por primera vez contaba sus ingresos en cientos de miles. Su apuesta había dado resultado y tenía en el banco unos dos millones de dólares, que no tardó en volcarlos uno arriba del otro, en la construcción del estudio en California.
Eran momentos complejos para el mundo, y Walt disfrutaba del éxito de su largometraje animado, que era el comienzo de algo grande, él lo sabía
Pero no todo era camino recto. La primera huelga, la extorsión de un delegado que todavía no representaba a nadie, pero que sabía cómo hacer el trabajo sucio, y la paralización del estudio en medio de la crisis que la guerra originaba.
La gran guerra ya estaba en el patio trasero, aunque todavía no había sucedido Pearl Harbor, las restricciones a los insumos, los problemas económicos, la hacían sentir de manera fuerte y continua.
En medio de toda esa convulsión, en medio de la huelga que paralizaba todo, Roosevelt le propone a Walt un viaje, un largo viaje por el “patio trasero” de América, para hacer un programa de buenos vecinos.
EL Departamento de Estado se ocupará de todo, sobre todo de los altos costos de un viaje de más de tres meses, recorriendo el ABC tan famoso, Argentina, Brasil y Chile, para Walt y el equipo de dibujantes, músicos, guionistas, que él designara. Había que ir y ver, había que traer ideas, personajes, conocer, llevar cultura, en un abrazo político sin precedentes.
Y el bueno de Walt, de paso, se evitaba el terrible deterioro cotidiano que significaba una huelga muy difícil.
EL viaje fue pagado por el gobierno, que también controló los objetivos políticos y de comunicación de semejante movida. Que también tenía un correlato industrial, ya que la idea era producir dos películas, cuya taquilla o ingresos, estarían garantizados vayan o no los espectadores.
Buen negocio para Disney, que solo tenía que ir, ver, conocer, llevar su sonrisa y sus ideas y absorber cultura.
Este sensacional documental cuenta con detalles domésticos ese viaje extraordinario.
La producción de las dos películas, “Saludos amigos” y “The three caballeros” y todo lo que encerró el viaje en términos de intercambio cultural y político, está plasmado en tono parsimonioso, completo, atractivo y con imágenes increíbles de los países en la época.
No hay dudas que lo más rico desde el punto de vista cinematográfico fue Brasil, inspirador de personajes (el grillo malandro) y que los ilustradores quedaron deslumbrados por los colores y la belleza de Río de Janeiro. Pero también Fulgencio Batista y su despliegue de glamour y poder.
En Buenos Aires, la dominante fue el gaucho, no el tango como podría pensarse al haberse instalado en el corazón de la ciudad (armaron un estudio completo en la terraza del Alvear Palace) y se reflejan toda suerte de asados con cuero, visitas a estancias y domas de caballos, que fascinaron a Walt, que en toda la película se muestra como un chico juguetón y amante de las bromas.
Peor más allá de toda la pintura de época, del momento complejo de la guerra, de los folcklores típicos de los países, la potencia la lleva el eje central del documental, la decisión del gobierno de Estados Unidos de evangelizar con sus valores, al resto de la región, desde una posición de tutela, de hermano mayor, es cierto, pero con fascinación por todo lo que fueron encontrando.
Un gran evento de Relaciones Públicas, un perfecto engranaje de propaganda, de comunicación gubernamental, de sofisticación, para seducir a una región enorme, potente, dinámica, que podría ayudar a torcer las cosas.
Lo mismo hacían desde Alemania, pero con métodos más rudimentarios, igual de ricos en términos de dinero, pero infinitamente menos complejos.
La cultura, la comunicación, el cine y su potencia, la creatividad, y la incipiente industria de la animación, como en este caso, al servicio de las ideas de un país.
Acaso el cine no busca siempre decir cosas? Aún en esas películas que se nos presentan como inocentes desde el punto de vista ideológico, a poco que alguien nos abre los ojos, y vemos sus productores, sus mensajes, sus mensajes no dichos, comenzamos a entender un poco más de sus objetivos, y del ideario que tienen detrás.
La gran herramienta cultural, junto con la televisión después, para decir lo que no se puede decir de frente, mirando a los ojos, para emocionar cuando se lo dice, para que lo diga uno que es más atractivo que el presidente, al que por otro lado, ya nadie le cree.
Eso puede la comunicación a través del arte, de la cultura.
No hay referencias a esos encuentros con Perón, que tanto mito tejieron alrededor, de las visitas a los parques en Bariloche, de la idea para los parques temáticos cuando visitaron la República de los Niños, este viaje transcurre en 1941 y este documental lo refleja con toda su complejidad.

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