martes, 3 de septiembre de 2013

Séptimo

Séptimo



Es una historia chica, bien contada, muy bien actuada y con una calidad visual muy al servicio de esa escasez de espectacularidad que imponen las historias íntimas.
Tiene ritmo, tiene una banda de sonido que hace que el corazón se agite en el momento justo y que la sorpresa sea sorpresa y un cuidadísimo dispositivo de juego actoral en el que los cambios de ánimo están muy bien logrados.
Hay una complicidad con el espectador, y eso juega como trampa.
La complicidad es homenaje a Hitchcock. Gentes comunes metidas en un parpadeo en una pesadilla absurda, pero bien posible.
Darín es un abogado (penalista…) que anda a mil, como los abogados. Recién separado, está camino a una cita en tribunales para encargarse de un asunto político y pasa a buscar a sus hijos para llevarlos al colegio.
Típicas escenas de reclamos con la que será su ex mujer en días, papeles que hay que firmar, el apuro por lo que se viene en tribunales y los excesos de besos a los chicos que ya no ve como quisiera.
Cuando se ponen en marcha, repiten una vez más ese juego que tanto les gusta. Es un edificio añoso, y bajarán los 7 pisos, los chicos por la escalera y el padre por el ascensor.
Pero esa mañana los chicos no llegan a la planta baja.
Algo pasó en el camino. Se desvanecieron.
Esa desaparición, esa tensión inicial es de lo mejor de la película.
Y Darín le pone el cuerpo de manera vibrante. Su sonrisa, que adora la cámara, se va transfigurando hasta convertirse en una mueca de desesperación.
Este es el mejor momento del relato.
Después será difícil sostenerlo.
Porque la resolución es una resolución sorpresiva pero simple.
Porque habrá un giro en el final, pero es un giro previsible y porque hay algo que no termina de sorprender.
Eso en cuanto a la historia. Que repito, está bien, es sólida y está bien contada, pero que a mi gusto funciona con algún desequilibrio. La promesa inicial, la adrenalina de los primeros 20  minutos, se desvanece.
Los rubros técnicos, los silenciosos, juegan muy a favor de la debilidad de la resolución de la trama.
Con gran protagonismo de la música y hermosas imágenes de Buenos Aires desde el cielo, con esas tomas aéreas tan comunes en el cine norteamericano, en el que la imagen y el sonido de la ciudad nos va metiendo de lleno en el vértigo cotidiano, para decirnos que a cualquiera de esos que caminan como hormiguitas llenando todo, les puede pasar algo sorpresivo.
Las pistas del protagonista son pistas creíbles, y la resolución también lo es. Y es quizá ese aspecto el que de alguna manera está en falta, un giro más una mueca más en la resolución de la trama, hubiese hecho una película perfecta.
Pero está muy bien de todos modos.
Y uno se queda con esa sensación horrible. Esa sensación de desesperación cuando algo involucra a los hijos.




1 comentario:

  1. Comparto la critica, tan buenos ingredientes ...me hubiera gustado un final soso, me gusto el comisario de Santoro y el portero de Zambrosky. Un inicio interesnante,si algo del Gran Alfred, no desilusiona pero daba para mas. Si fuera una maestra diria, sigue asi pero debes esforzarte mas. Otra cosa cuarta peli casi al hilo que Darin hace de Boga...nene anotate en Alcorta y empeza a estudiar, sacate las ganas.Cristian del Rosario

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