martes, 26 de noviembre de 2013

Paranoia

Paranoia



Con dos columnas, con solo dos columnas sólidas se sostiene un relato a la medida de los nuevos tiempos.
Tiempos de tiburones del mundo virtual. En el que los poderosos no son ni industriales ni financistas. Son los creadores de aparatos de gran tecnología, de programas, de proyectos para cambiar al mundo virtual.
Los dos pilares son Gary Oldman (siempre bien) y Harrison Ford (qué grande está) y fueron socios, y tocaron el cielo con las manos, y se separaron mal para detestarse de por vida, y ahora no pararán hasta sacarse los ojos.
Son dueños de empresas enormes, los dos, y están en la carrera por la tecnología como dos chicos.
Son taimados, tiburones en aguas complejas, y saben jugar el juego.
Cuando llega a sus vidas el joven Liam Hemsworth (ascendente australiano al que nos vamos a tener que acostumbrar) y con su ambición y su osadía, se mete entre ambos para que las cosas se compliquen demasiado.
Uno de ellos, con una artimaña simple pero efectiva, lo hará meterse en la organización del otro para nada menos que robarle su última invención.
Es decir, una historia clásica. De espionaje clásico, con las reglas del juego clásicas. Pero ambientada en la actualidad de las empresas de tecnología.
Está claro que los dueños de las empresas no son tan hijos de puta, ni las cosas están en ese nivel de paranoia, pero la historia está bien contada, es ágil, tiene todos los condimentos del género, y es atrapante.
No faltan el romance, el padre del joven que es bueno y la reserva moral de la película, el arrepentimiento clásico del que pisa el palito en el cine americano, y el comienzo de nuevo, de cero, con sus amigos para comerse al mundo desde un garaje de Brooklyn.
Lo que estoy describiendo la hace un plomo, ya lo se.
Pero es bueno decir que tiene todos los condimentos del clásico del género, y con eso se evitan las sorpresas desagradables. Uno sabe a lo que va cuando se mete en la aventura de una película de género. Hasta se puede sonreír con alguna escena que parece exagerada, pero lo que es cierto es que, si está bien hecha, uno prescinde de todo eso y se mete en hora y media de pura diversión.
Y en eso la película es efectiva.
Nada más que en eso, claro.

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