lunes, 11 de febrero de 2013

Dos más dos


Dos más dos

Falsa comedia. Hay poco para reír en esta película que está protagonizada por especialistas en hacer reír. Dirigida por Diego Kaplan, que en su ópera prima también había dirigido a Suar, es un buen guión, una correcta puesta, pero un clima que no termina de ubicarse nunca en el registro que necesita.
El cuarteto actoral lo integran una correctísima y extrañamente sensual Julieta Díaz, un Juan Minujín haciendo muy bien su papel de exitoso tranquilo superado, Carla Peterson que compone a la sensual del cuarteto y a un Suar haciendo de ese personaje neurótico, medio Woody Allen, que habla rápido y es gracioso que suele entregarnos.
Los 40 para las dos parejas, quizá menos, les va bien, son rutinarios, pero descubren (la pareja de Peterson y Minujín) que en el mundo swinger hay una posibilidad de liberarse de vivir en los parámetros del amor libre pero cuidando a tu pareja, de liberar fantasías para consolidar y fortalecer el amor. Recrear el mundo sin irse de él.
Ante la confesión de sus amigos, la pareja que compone Suar con Díaz, que son normales, como se definen, van poco a poco entrando en ese juego. Ahí es donde la película abandona el tono de comedia, más allá de la aparición siempre sólida de Alfredo Casero, que será el único personaje que, por el absurdo siempre nos llevará al registro de la risa, ahí es donde la historia gira y entra en una espiral dramática, que como no es jugada en ese tono, se pone incómoda.
Una “infidelidad” en el seno mismo del cuarteto ya swinger superado, hace que todos los personajes vuelvan a su núcleo tradicional y conservador, y todo el andamiaje de la fantasía se desmorone.
Hay violencia en esas escenas, hay diálogos fuertes, y hay en definitiva el verdadero sentido de la película, que más allá de lo que declame es profunda y misteriosamente conservadora.
Pretende dejar mucho para que pensemos como espectadores, pero en realidad nos da las cosas bastantes cocinadas. Después de verla, con el final así, cantado como viene (aunque hay una interesante cuota de suspenso hasta el final por saber cómo van a seguir sus vidas los personajes) no hay mucho espacio para la reflexión y el debate, más allá de la condena por la práctica swinger.
Es conservadora en ese punto, y juega todo el tiempo entre el tema pesado de los sentimientos y la falta de fantasía y el desamor y el desencanto, y la comedia liviana a las que nos tienen acostumbrados estos rostros televisivos.
Es una película extraña, fuera de registro, bien contada.
Es correcta, aunque lo que pretende, que es que debatamos sobre el intercambio de parejas, no pueda darse por la fuerza de sus propias convicciones.

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