domingo, 24 de febrero de 2013

On the road


On the road

Seguro que los puristas dirán que no está el espíritu de Kerouac, que le falta, que no transmite todas las emociones, pero qué buena pintura de época y de lugar que hace el brasileño Walter Salles con este libro!
Ya un producto del mainstream cinematográfico, se las arregla para crear los climas perfectos, las miradas y los susurros en medio del desenfreno.
Esas almas que todo lo buscan, que se desesperan por vivir todo lo que la vida les pone adelante, esos primeros pasos para todos los excesos, están retratados con perfecta caligrafía por Salles.
Y muy bien interpretados por todos los personajes, desde el trío protagónico (con la apagada y tan desteñida como su pelo Kristeen Stewart en el rol de Marylou) hasta los marginales papeles secundarios, entre los cuales brilla Viggo Mortensen.
Está muy bien la película.
Vidas al límite, un final de década del 40 marcado por la amenaza del comunismo, la presidencia de Truman en medio de la recuperación del país y los incipientes primeros albores de lo que será la revolución de los años 60 entre los jóvenes del mundo.
Sal, proyecto de escritor, conoce a Dean, un marginal semental y poderoso, y juntos, el intelecto y la energía, recorrerán en un viaje iniciático varias veces el territorio de los Estados Unidos.
Las drogas, el exceso de todo, alcohol, sexo libre, experiencias del camino, la cosecha de algodón, los trenes viejos que van a ninguna parte, el hacer dedo en la ruta en medio de la nieve, todo será anotado en las libretas de Sal, casi como un reflejo de supervivencia, y se convertirá en el libro que marcó a toda una generación e inspiró a los que vinieron.
Pero qué hace Salles con esa obra maestra de la desesperanza, los límites, la amistad y el desenfreno? Hace lo que puede! Pero no es poco.
Acompañado otra vez por los climas que le impone Gustavo Santaolalla en la banda de sonido, y con una producción que no ahorró un centavo en darle credibilidad a que estamos en los primeros días de los años 50, esta película es en si misma una postal, una interpretación de lo que el libro contiene, sin apartarse de su clima y de su sentido pero transformándolo en otra cosa.
En algo placentero para ver, para disfrutar, para tener ganas de ir a comprarlo y leerlo si todavía no lo hicieron, porque vamos a adivinar que ha de haber mucho más escondido en esas páginas famosas.
La película es un buen cuadro, una interpretación poderosa y abrumadora de clima de la época.
Una amistad, un amor, el arte, los límites, el jazz, el tabaco, el sexo sin códigos ni moralinas, el cemento, la ruta, las almas perdidas que no terminan de encontrarse, el deseo secreto de parar un poco, de frenar para aferrarse a un amor verdadero, duradero, suave, tranquilo.
Y las libretas (Moleskines?) y todo el poder de esos trazos hechos en las paradas de los buses y al costado del camino.
Una linda experiencia.
Un placer está película.

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