viernes, 4 de julio de 2014

Inside Lewyn Davis


Inside Lewyn Davis

Los hermanos Coen logran cosas extrañas, pero casi nunca que una de sus creaciones me guste de principio a fin.
Quizá se deba a que termino encontrando desparejos sus vaivenes, sus cambios de estilo, de guiones, de género.
Pero lo que no puedo discutir es la personalidad y el clima que tienen cada una de sus producciones. Al estar al comando del 100% de los temas, de cada uno de los detalles y control total sobre sus producciones, no hay fisuras, logran siempre lo que se proponen como obras redondas, aunque a veces, como en este caso, me dejen con un sinsabor al terminar de verla.
Inside Lewyn Davis no recorre la biografía de ningún cantante verdadero, pero puede ser la de los varios que, a principios de la década de los 60, poblaron las calles del Greenwich Village neoyorquino.
Será entonces una historia íntima, cruzada por canciones, de un trovador incomprendido, desapegado de las cosas de este mundo, que intenta sobrevivir a fuerza de canciones en un mundo demasiado hostil para una música de cantantes solos.
Después de perder (se suicida) al compañero con el que había creado un dúo con algo de suceso, su carrera solista se irá desfigurando, borroneando, hasta hacerlo dudar si debe seguir con su guitarra a cuestas intentando.
Hay algo de espíritu libre, de vagancia extrema, de melancolía y de resignación en cada uno de los diálogos.
La película recrea muy bien esos momentos de comienzos de los años 60, con sus hambrunas y sobre todo por la presencia del frío, el frío extremo de las calles del Village, el frío que se siente calar hondo cuando uno anda corto de efectivo, y Lewyn estará toda la película sobreviviendo con apenas un puñado de billetes.
No hay mucho más, historias de desencuentros, resignaciones, cosas que salen mal y dudas sobre el talento y apariciones fugaces de bellos personajes secundarios.
Hacia el final, en el mismo escenario en el que cantará Lewyn su recital casi íntimo, un tugurio de mala muerte para artistas nóveles a la gorra, aparecerá un inconfundible Bob Dylan casi ignoto también.
Es una sutil parábola, película pequeña de toques románticos y no mucho más.
La música, que podría haberla salvado, es correcta, pero nada memorable tampoco.

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