sábado, 17 de abril de 2010

Law abbiding citizen


Sabemos por las películas que el sistema de justicia de los Estados Unidos tiene ese no se qué. Eso que parece que es una perfecta maquinaria que siempre funciona, pero que también posee ese detalle que son las negociaciones. Esa instancia previa a un juicio en la cual, si uno está bien asesorado, puede declararse culpable de algunas cosas con tal de zafar de otras.
Soy muy básico, ya lo se, pero es interesante el concepto.
Sobre todo, porque siempre parece que allí la justicia es rápida, los jurados hacen su papel, y no hay nadie que tenga quejas por ese sistema.
En contraposición, uno ve que lo nuestro es tan patético como debe ser. Es decir, si nos basamos en el cine, de eso se tratan estas notas, las pocas películas que recuerdo que tienen cuestiones judiciales en el medio son terribles. Bueno, con la salvedad de El Secreto de sus Ojos, que viene a redimir al género.
Pero si alguno por casualidad recuerda la del caso Monzón sabe de lo que estamos hablando.
Ahora está planteado el tema, el ascendente Gerard Butler (qué esperan para ofrecerle hacer de Bond?) está trabajando en su casa lo más pancho, con su pequeña hija y su mujer, parece que llega el delivery de pizza y cuando abre la puerta, la pesadilla. Entran a los palos un par de hijos de puta que le arruinan la vida, no voy a entrar en detalles porque son bastante jodidos, pero están bien filmados y hacen que uno mastique bronca toda la película cuando arrancan esas escenas.
A partir de ahí se mete el negro jammie Foxx, muy perdido en papeles cada vez más políticamente correctos pero sin brillo, lejos de su Ray, que es un fiscal de distrito que se las sabe todas, que trabaja mucho, pero que parece no ponerse en los zapatos del otro.
Los dos guachos van a juicio, pero adivinen, uno de los dos, el más terrible de los dos asesinos, hace una gambeta con la ley y ofrece un acuerdo con la cabeza de su compañero, para zafar con solo tres añitos a la sombra, después de haber sido el autor material de los crímenes de la esposa y la hija.
Butler se toma nada menos que 10 años para planear cómo se va a vengar de todos.
Eso es al menos lo que pensamos, pero la cosa se pone más y más compleja a medida que avanza la historia, por qué, porque el tipo no quiere solo vengarse de los turros que le jodieron la vida, quiere dar algunas lecciones de moral y quiere señalar que el sistema tiene fallas, y que los que se la creen, los que están convencidos que hacen las cosas bien y se merecen todo lo bien que les va en sus carreras, son funcionales a toda esa porquería que está subyaciendo en la valoración que la gente tiene del sistema.
Pavada de tema, hay fallas señores, y yo me encargo de señalarlas.
Ese es el tema.
En el medio uno simpatiza con Butler, claro, la emoción violenta que le dicen, uno también como espectador quiere que se haga justicia. Pero hacia el final, como pasa a veces que este tipo de películas, hay que buscar un giro espectacular para el final y eso, a veces, conspira contra la solidez narrativa.
En este caso hay demasiadas cuestiones un tanto tiradas de los pelos desde la mitad de la película hasta el final.
Butler maneja todo desde la celda, todo, u eso debería tener algún límite más creíble.
De todas maneras está bien, es entretenida y se deja ver.
Aunque no creo que la reflexión alcance, al menos es bien lejana para nosotros, cuando nos ponemos a pensar, al menos esos acuerdos que parecen ser tan injustos para algunos, son una forma de justicia que nos queda bien lejos.
Hay también reflexiones acerca del deber, de lo que está bien y lo que está mal, y acerca de cumplir con la ley.
También hay un par de perlas, cuando la Alcaldesa (una negra muy fiera y consternada con lo que está sucediendo en su ciudad, Filadelfia) llama a su concejo de seguridad y les dice, metan un cana en cada esquina, militaricen, busquen, que le gente perciba que estamos todos en la calle, no puedo permitir que un tipo nos paralice.
Pavada de escena! Qué bien suena que una mujer política se ponga al frente de una lucha contra el crimen, y meta todo lo que hay que meter en las calles, sin asustarse porque un par de asociaciones de derechos humanos van a cortarle la avenida.
Suena raro de mi parte, pero es un buen ejemplo de que lo que hace falta para que el tema de la seguridad empiece a cambiar, aunque sea en algo, es decisión política. Es un tema de la política, aunque miren para otro lado. No se puede dejar un tema tan sensible en manos de policías o milicos, que, por lo general, están bien lejos de saber pensar.
Vuelvo al cine, es entretenida, se va al pasto en los últimos 20 minutos, pero se van a entretener.
La estrenan en estos días.

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