sábado, 17 de abril de 2010

Sherlock Holmes


Cuando tenía 12 o 13 años leí Estudio en Escarlata, la primera de las aventuras SH y no pude dejarlo nunca más. Una tras otra cada capítulo de la saga me metía más y más en el universo creado por Connan Doyle, hasta hacerse imprescindible.
Me acuerdo de más de una edición de la Feria del Libro de Buenos Aires, a la que íbamos invariablemente con mis amigos del colegio, recorriendo los stands para encontrar esas ediciones baratas, que me permitían hacerme de toda la colección. No quería dejar pasar una sola.
Así sufrí con su última aparición, leí las circunstancias en las cuales el autor decidió matarlo y me alegré con su vuelta, resucitado de aquel peñasco del cual había caído.
Cada vez que fue llevado al cine, al menos unas cuantas veces, porque parece que es el personaje de ficción que más han filmado (unas 275 veces, incluida esta última) me sentí extraño ante la mirada del director de las mismas páginas que hacía unos cuantos años había transitado con pasión adolescente.
Hoy a la tarde entonces, con todos estos antecedentes de más arriba, me metí en las maravillosas salas del DOT, las premiun, para ver este nuevo intento.
Primero lo primero, qué placer enorme es ver películas en esas salas!! Los sillones, el espacio, el sonido, la calidad de la imagen, qué bueno que en una época de cerrar cines, haya gente que apueste a que ese placer siga y siga.
La elección de la pareja protagónica es el primer acierto de esta aventura, no por que sean fieles a los libros, creo que todo lo contrario, no hay nada en ellos que se asemeje a lo que Connan Doyle describió con maestría, ni la delgadez ni la altura ni la nariz de Holmes, ni lo regordete, ni los cachetes ni la estatura de Watson, salvo la cojera, producto de heridas de guerra.
Pero no es ese detalle de fisonomía solamente lo que es distinto a la literatura, tampoco la historia que se narra es de los libros, y mucho menos la extraordinaria acción que (no podía ser de otra manera en un relato de Guy Ritchie) recorre toda la película.
Este es un Holmes de estos días, no es por la fecha de la asombrosa recreación del medio ambiente victoriano que hace el director (imaginen que varias escenas recortan y suceden en el London Bridge, pero cuando se estaba construyendo!!!) sino por el ritmo, el vértigo, y l acción que, una película de los grandes estudios para las grandes audiencias deben requerirle al director.
Lo interesante es que no está nada mal. Ni para los que somos amantes del personaje. Es decir, no nos defrauda, sabemos que Holmes era más cerebral que físico, pero le gustaba el box y era un buen espadachín. Sabemos que no sabía de mujeres y este Holmes no sabe nada de ellas. Sabemos que toca el violín, que prueba químicos, que duerme días enteros para que su extraordinaria cabeza descanse y que experimenta con cosas peligrosas. Y está todo acá, aunque otra vez, con algo más de físico de lo que las historias nos han dejado imaginar.
Pero es muy fiel a la esencia del personaje.
Por otra parte, está filmada a lo Ritchie, con esas escenas en cámara lentísima que descubrimos en Snatch, persecuciones en carruajes y una Londres gris, ominosa, con calles de barro y sucia como pocas veces vimos.
La música y el cásting son dos buenas muestras de la buena mano para hacer la película.
Parece como si, deliberadamente, se hayan elegido ciertas cuestiones para hacer una especie de Harry Potter, una saga que va a atener más de un capítulo.
Lo que estaría bueno es que sean otros directores quienes intenten nuevas miradas, aunque tengamos la misma pareja protagónica y quizá el mismo inspector Lestrade, y también estaría buenísimo que se elijan historias de los libros, que son demasiado buenas como para estar inventando cosas nuevas.
Imagino lo que viene.
Nuevamente, aunque sean dos carilindos que se parecen poco a lo que seguro más de uno de nosotros imaginó leyendo a Connan Doyle, hay una buena cantidad de reflejos que han sido cuidados, el gusto por el disfraz de Holmes por ejemplo, su disciplina a la hora de concentrarse y la falta de ubicación y honestidad brutal.
Este Holmes es mucho menos pagado de si mismo que el Holmes literario, quizá por eso de que para ser masivo ese es un rasgo de pedantería que no hubiera quedado bien.
Hay algo también de Dos Tipos Audaces, en la música, en la acción, en los roles de los protagonistas en la acción. Algo de Roger Moore y de Tony Curtis, especialmente en los toques finales, acompañados por una música con un punteo muy característico inglés que recuerda a ese pasado televisivo.
Es probable que Ritchie también lo tenga en el ADN, como Law y Downey Jr. en definitiva son todos de escasos cuarentas, como nosotros.
Bien por el intento. Es muy entretenida (y en ese cine es un placer adicional) y ojalá que sirva para que la gente siga comprando los libros y se los lea uno tras otro, mientras espera la próxima entrega.
Si no lo hacen, se quedarán con la idea de que el personajes es como en la pantalla, y eso no está bien.

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