sábado, 17 de abril de 2010

Synecdoche New York


Seguro no significa nada que diga que es la mejor película que vi en el 2010. Estamos a 2 de Enero, y de no ser por esa frase que tanto describe a mi amigo Juan Bautista " el año está jugado", la verdad es que decir eso no es un valor en si mismo. Pero realmente esta es una película superior.
De gran complejidad, créanlo, gran complejidad narrativa, es la mejor interpretación que le vi a ese bestia de la pantalla americana (saben de mi predilección por los interpretes británicos) que es Philip Seymour Hoffman.
La sinécdoque que refiere el título es una licencia retórica, que describe a un todo por una partecita solamene. Como si se pudiera describir una personalidad con solo pintar sus ojos.
La dirección (es la primera película que dirige!!) es de Charlie Kauffman, y este nombre no diría nada si no viene acompañado por la referencia de que se trata del guionista de Quieres ser John Malkovich y Eterna sonrisa de una mente sin recuerdos, quizá dos de las más innovadoras películas gestadas en los Estados Unidos en la última década.
Es que en una industria que tiene que recurrir a viejas series, remakes y americanización de films exitosos en otras lenguas, por la grave crisis de guionistas y de ideas, que tiene la necesidad de recuperar rápido los millones invertidos (como si se tratase de un dentífrico) cuando aparece un zafado que va por algo más y te hace pensar un poco con un guión fuera de las reglas, es una bendición que te hace volver a creer en que se pueden hacer cosas buenas en un mercado de alto perfil industrial
Este es el caso, no hay dudas.
Kaufmann, que no iba a dirigir pero se cayó el director que habían elegido los productores, nos cuenta a través de la vida de un director de teatro de nueva york, una particular mirada acerca de cómo construimos el mundo. Nada menos.
Se van mezclando los planos de esta narración, se van entrecruzando la realidad y las ficciones que van poblando esa realidad y nos encontramos con un director apasionado, visceral, que va viendo cómo su entorno familiar, amoroso, social, se desmorona ante su propia incapacidad para sostenerlo y decide, a partir de ganarse una beca importante que le solventará sus costos, montar una obra que se va creando a sí misma, con personajes basados en su propia vida y recreación de escenarios que tienen que ver con esa vida de manera metódica y detallista.
Así llega a conseguir un enorme galpón en las afueras de la ciudad que se irá poblando de actores representando a sus fantasmas y a las personas que tienen que ver con su mundo, pero también de trabajadores, de edificios, de recreaciones de sus escenografías domésticas y las de sus seres queridos.
Mientras todo esto crece, mientras esta ciudad se va a haciendo más y más grande y empieza ya a tener su propia vida, la vida del director se va desmoronando casi al mismo ritmo, permitiendo que Seymour Hoffman componga un complejo trabajo de envejecimiento no solo físico, sino de gran decadencia moral y confusión, que conmueve.
Es una gran película, pero no es de esas películas para ver sin estar prevenido. Es más, probablemente necesite más de una lectura y más de una vista.
Lo merece.
El relato es tal complejidad, que un buen consejo es dejarse llevar.
No enroscarse en la linealidad del relato puede ser de gran ayuda, de lo contrario, uno puede sentir que algo no encaja, y no creo que esa sea la clave de esta película.
Vale la pena el ejercicio, es desafiante y es asombroso y deja pensando.
No tenemos todos una manera de ver los que nos rodea?
Qué pasaría si nos ofrecieran un dineral para que, a partir de esas experiencias podamos montar una obra con nuestra propia vida? Cómo lo haríamos? Qué sería lo que veríamos de una manera que nadie más ve?
Deja muchísimos más interrogantes.
Es una de esas películas en las que, además de encontrarnos con una trama compleja, unas actuaciones muy interesantes, estaría bueno verlas como antes, entre amigos, para después pasarnos horas comentándola.

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