sábado, 17 de abril de 2010

Como entrenar a tu dragón


Lara que me dice, estoy aburridísima, todos están haciendo algo y yo no. Y que es Viernes Santo y es cierto, hay una placidez pero con tareas en la casa, de esas que esperan días y días para hacerse, colgar un espejo, poner otra pastina a la base del bidet, arreglar algo que pierde, y eso.
Todo aburrido para una chica de 7 con muchas inquietudes.
Y me mira y me dice, y si vamos al cine?
Me fijo en el diario, tengo el cine a la vuelta de casa, y llegamos a Cómo entrenar a tu dragón en 3D, y allá fuimos.
Ya lo dije en alguna otra ocasión, este cine para los chicos, con tantos estrenos, con voces de famosos, con merchandising por anticipado y grandes bandas de sonido, este cine para los chicos es una maravilla.
Todo es una fiesta, comparado con la época nuestra, la del cine Los Ángeles, la de los dibujos de un solo plano, colores pastel y movimientos amorfos y poca onda, poca risa, mucha lágrima.
Está bien, si que me acuerdo de los clásicos y todas las que disfruté, pero esto es otra cosa, esto es otro flash como dice García.
Cómo entrenar a tu dragón es otra historia, como lluvia de hamburguesas, de hijos incomprendidos por sus padres, pero que están a punto de seguir sus convicciones y demostrarles a todos que hay otra manera de hacer las cosas, que se pueden romper las reglas y dejar de hacer lo que se hizo por siglos para cambiar el curso de las cosas y por ende, la vida de todos.
Es una maravilla de relato, tiene ternura, tiene acción de la buena, tiene ritmo, tiene buena música, personajes entrañables, divertidos, y una historia simple pero efectiva.
Y el 3D! esa maravilla (de la que creo que se está abusando un poco) que nos hace sentir otra dimensión de la gran alegría que es el cine.
Otra vez lo digo, si no son padres, sean buenos tíos, buenos padrinos, pero consíganse un niño para ir al cine.

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