viernes, 20 de marzo de 2015

Birdman

Birdman



La frase que acompaña al título (también en español) es “la inesperada virtud de la ignorancia” y ayuda mucho a entender esta película de González Iñárritu.
Al menos esta vez nos propone un relato lineal, pensé, y no se regocija con esas idas y vueltas temporales que tanto le gustan, los planos, contraplanos y trucos que conlleva contar como nos sale el relato, apelando siempre a lo que se nos viene a la memoria como agolpado.
Tampoco hay excesiva crueldad, ni violencia, ni sangre, ni desgarros del alma.
Se podría decir entonces que estamos ante un relato “normal” del mexicano? Claro que no, que sea más lineal que lo habitual y que no apele a situaciones de violencia física no quiere decir que no nos tenga en una tensión constante durante toda la película.
El problema (buen problema, que se entienda) es que este director sabe filmar, usa los recursos (a veces demasiado) y entonces cada viaje que nos propone no puede pasarnos desapercibido, será una marca, un dato distinto.
Birdman es una rareza en un concierto de películas parecidas unas con otras, es una canción escuchada en YouTube. Quiero decir, produce el mismo efecto, uno se emociona con las canciones, y a la vez ve cómo se produce, cómo es el que la canta, quién toca el bajo y cómo se mueve.
Es la historia de un actor que conoció la fama al más alto nivel, al nivel de una celebridad, al encarnar una saga de súper héroe (Keaton el protagonista fue Batman) y en esa cima de locura se fue desprendiendo de su esencia, sus amigos, su familia, por pura presión del entorno.
Tanto que hasta parece haber perdido la esencia creativa del actor.
Del paciente trabajo, del camino, de la lucha con las fuerzas interiores congeladas en un pasado glamoroso, de la búsqueda de su esencia actoral será de lo que trata la película.
El reencuentro con el que era antes de ser Birdman, el padre, el esposo, en el marco de la puesta de una obra de teatro de Carver en Broadway, adaptada y dirigida por el protagonista.
No hay más secretos que este para entender la cuerda en la que vibra Birdman.
Cuidada, estética, con una batería inicidental que funciona a veces como latido de corazón y a veces como orquesta, a veces desnudando lo que ocurre atrás, en un delgado equilibrio, y a veces apelando a lo onírico, a lo sorprendente, a lo sobrenatural sin esfuerzo.
Es una buena película, con todas las letras, filmada por uno de los directores más versátiles y arriesgados de la actualidad.
Un director, hay que decirlo, que puede aburrir cuando filma arriba de su altísimo ego, pero que sin dudas tiene una cuerda estética y narrativa que hay que disfrutar.

Un viaje al corazón del que perdió todo con el mareo de la altura, eso es esta película que está bueno disfrutar desde la ignorancia.

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