domingo, 15 de marzo de 2015

The Equalizer

The Equalizer



Antoine Fugua, el director, conoce a Denzel Washington, lo dirigió con maestría en Día de Entrenamiento, y vuelve a recostarse sobre ese talento sobrio para hacer esta película entretenida.
Washington (está grande) será MacCall, un tipo sin pasado viviendo una vida tranquila, pero que veremos con el transcurso de la película, que será capaz de cosas increíbles para defender a los desprotegidos del sistema.
Su refugio será un enorme supermercado, en el que es algo así como un jefe de turno, pero parecería que además consejero, buen compañero y líder  informal, y su casa, desprovista de afectos y llena de libros que leerá metódica y prolijamente, para cumplir con el sueño de su esposa ya fallecida.
Esa tranquilidad se altera cuando en un bar al que va todos los días de madrugada a leer (duerme poco) se encuentra con una chica muy joven (van chicas de la noche a llenarse la panza para seguir sus turnos) que es sometida a una brutal paliza de parte de los rusos que la regentean.
Sin perder por un minuto su tranquilidad y frialdad, emprenderá un raid de búsqueda de justicia por mano propia, que lo develará como una máquina poderosa y llena de trucos y habilidades especiales, que dejará al descubierto un pasado de agente secreto, de brazo armado de alguna agencia secreta, que aflorará en cada una de las decisiones que toma.
Al vengar a la joven a partir de una memorable escena coreográfica en la que él solo se enfrenta y vence a una banda de peligrosísimos (y caricaturescos) rusos en una habitación privada en un restaurante, comprenderá que sus días de anonimato están a punto de terminarse.
Y esa tensión y las dudas que nos genera su pasado, serán la viga central de este relato de acción sin tregua.
Washington es correcto para este tipo de papeles, tiene el aplomo, la sonrisa, la agilidad y la potencia de un cuerpo no maltratado y la capacidad de contar y expresar esas cosas a la cámara.
La cuestión de haberse encargado de esa pandilla escalará, porque ellos no se dedicaban solo al negocio de las chicas, eran parte de una poderosa red de negocios rusos en Estados Unidos, no solo dedicada a la trata de personas, sino que abarcaban negocios petroleros, de importación, drogas y cuestiones de geopolítica.
Para ajustar las cosas, el poderoso jefe ruso, manda a Estados Unidos a una máquina de matar, a uno de sus ajustadores más temidos, un malo al viajo etilo, bien interpretado por Marton Csokas.
Ese enfrentamiento, una especie de juego de gato y ratón, de pistas falsas y de continuas chicanas entre ambos, será lo más interesante de la película.
Ese proceso y las apariciones en breves papeles de Melissa Leo y Bill Pullman, en la piel de un matrimonio poderoso, aparentemente encargados de dirigir alguna de esas centrales de inteligencia especiales.
Le darán cobijo, información, y será una especie de autorización para que el ecualizador opere con permiso.
Se encargará de todos y de todos, hasta irá hasta Rusia para terminar el trabajo.
Es un rato de diversión, con malos malos y buenos muy buenos con pasado, una buena combinación para una de acción.
No defrauda, per no busquen nada más.



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