sábado, 8 de marzo de 2014

The Fifth Estate

The fifth estate



Es curiosa esta película basada en la creación de Wikileaks, y su creador Julian Assannge. Curiosa porque no llega a ninguno de los puertos que pretende, es decir, es una película pretenciosa, pero en el intento deja algunas pistas.
Quizá cuando nos enteramos que buena parte de su relato está basado en lo que deja escrito uno de sus seguidores cuando ya no puede seguirlo, por los desbordes del ego enorme de Assange, lo deja como un ser despreciable y vanidoso, pero es qué nos importa!
Quiero decir con esto que la película se queda entonces a mitad de varios caminos, a medio camino de esa historia fabulosa que es la aparición de wikileaks e la escena política, diplomática y mediática mundial, que hubiera sido fascinante, y a medio camino de asomarnos a la compleja psicología de un líder carismático y complejo, a la medida de nuestra época.
Benedict Cumberbatch (ya me ocupé de él varias veces, entre otras con su genial interpretación de Sherlock Holmes para BBC) compone a un cuidado Assange, bien medido, bien misógino, bien indescifrable, apasionado y celoso y es quizá el mejor rasgo de esta película.
Los que lo acompañan también están bien (destaco a Peter Capaldi como capo de The Guardian) y entre todos se las ingeniarán para intentar explicarnos cómo es esto de wikileaks, tan moderno, con parámetros de lo tradicional.
Acá está la decepción más fuerte, al menos para mí, no me sirivió para nada para comprender un poco más el fenómeno de la creación colectiva de sentido en red, de las nuevas tecnologías al servicio de parámetros nuevos de la comunicación, de la nueva configuración del poder y la diplomacia y los negocios, no me sirvió para nada de esto, porque las explicaciones que nos brinda la película (y tiene un pretendido sesgo aleccionador toda la película) lo hace desde los modelos tradicionales, como un traductor masivo de lo nuevo, entonces pierde valor, porque debe arraigarse a todo lo que conocemos, para explicarnos lo que todavía no llegamos a entender.
La ficción, creo, permite otros caminos.
Es un pantallazo entonces, unas fotografías dispersas que están unidas por una buena actuación y caracterización y algo de contenido real, basado en lo que deja escrito uno de los decepcionados.
Tuve la mala suerte me parece, de haberla visto meses después de leer el libro Comunicación y Poder, de Manuel Castells. Desde ese conocimiento nuevo, esta película me pareció demasiado básica, pero entiendo que como muestra para asomarnos a lo nuevo, puede funcionar.


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