viernes, 22 de abril de 2011

Los próximos tres días


Los próximos tres días

La clásica fórmula del gran Hitch, unn hombre común en una situación limite, de la cual será muy difícil verlo emerger. En esa línea Paul Haggis, que tiene mucha experiencia televisiva y se le nota, pero que también es el responsable de un par de 007 de la nueva era y como escritor del guión de las muy premiadas Million Dólar Baby y Crash, hace un relato que trata todo el tiempo de no apartarse de una cotidianeidad que nos ponga en la idea de que nos puede pasar a nosotros.

Es una película de acción, si, pero que también muestra el deterioro enorme que implica que una pareja normal, con un hijo normal, con profesiones normales, se vea abruptamente rota una noche, cuando llega la policía a la casa y se lleva detenida a la madre por un asesinato.

Hay un esfuerzo por hacernos ver esa vida de todos los días, ahora enfocada en una ilusión real, la de un posible escape de una prisión.

Habrá ritmos muy cambiantes, veremos a un Rusell Crowe gordo, doméstico, pero con su habitual carga contenida de furia que hace que pensemo que en cualquier momento va a explotar y a mancharnos a todos los que estamos viendo la película, de sangre.

Es un hombre manso Russell, ama a su esposa, ama a su hijo, es incapaz de ver otra cosa, y solo quiere volver a la vida como era antes de esa noche.

Incluso renuncia mansamente a la posibilidad cierta que el destino le cruza en su camino, cuando conoce en el parque a la mamá de una nena con la que su hijo jugaba todos los días.

Ese es el foco.

Es inverosímil la manera en la que se encuentra con la posibilidad de un escape, mucho más inverosímil el pequeño papel que tiene Liam Neeson, como un experto en escapes, pero no importa, es cine.

Habrá una ruptura muy pronunciada cuando se inician “las operaciones” es decir, cuando el plan empieza a funcionar. Y habrá nervios y sorpresas.

Aparece en escena un policía negro, muy inteligente, muy cana, muy perseguidor, que va a complicar las cosas.

No adelante el final, pero está bueno.

Cuidado, están todos los viejos trucos, pero funcionan. Como cuando recién fugados se mezclan con una multitud a la entrada de un estadio visitendo los colores del club que juega, como en el caso Thomas Crowne.

Pero todo funciona.

Quizá unos 20 minutos menos. La peli dura dos horitas. Que se hacen entretenidas al final, cuando todo se acelera.

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