lunes, 10 de octubre de 2011

Page Eight


Page Eight

David Hare es uno de esos escritores y directores de poca pantalla personal pero de cuyos productos, estoy seguro, hemos gozado alguna vez. Como escritor le debemos la adaptación al cine de El Lector y Las Horas, por ejemplo. Es el director de Page Eight, película para la BBC de reciente estreno.

No voy a andar con vueltas, es lenta, su trámite es lento y tiene mucho texto, pero es vibrante y no hay manera de perder el interés en cada coma.

Una clásica película de espías, y ya sabemos, para películas de espías no hay como los ingleses.

Es una historia muy actual, un Director General de MI5 antes de morir, quiere que se sepa un secreto muy importante, los ingleses, algunos ingleses, sabían de torturas en prisiones de los Estados Unidos, a pesar de ser socios en algunas de ellas.

Con estética de serie de televisión de los años de Dos tipos Audaces, una muy buena banda de sonido (jazz) nos metemos en la vida taciturna pero a la vez riquísima de un capo en inteligencia, Bill NIghy, que nos irá desgranando sus misterios, siempre de manera callada y poco ruidosa, de una forma que no nos dejará mover de la butaca.

El elenco es sobresaliente, la hermosa Rachel Weisz, que está filmando cosas muy interesantes, Michael Gambon, como el jefe que muere y Judy Davis en un papel turrísimo.

Cuando digo que hay mucho texto no lo digo como un dato negativo, todo el texto tiene que ver, los parlamentos son largos pero ricos, y la acción, que es mínima, lo acompaña de manera soberbia.

Una noche, mirando con su recién conocida vecina Weisz un video de Ella Fitzgerald cantando con Lester Young (ama el jazz) le dice en medio de su parlamento, “su pasión por Lester Young no la deja estar en pié cuando él toca…” ó cuando, contemplando los cuadros desgarradores que pinta y expone su hija le dice “…no mees la vida antes de vivirla…”

Hay joyitas, que seguro conocemos, como cuando en una reunión de gente de inteligencia preguntan quiénes leyeron un informe y todos aseguran haberlo leído entero, pero nadie había reparado en el último renglón de la página 8.

En el papel del primer ministro británico aparece Ralph Fiennes, este es un actor dúctil, para mi gusto comparable en su estilo interpretativo a Daniel Day Lewis, aunque más tranquilo en la elección de su repertorio. Aquí está irreconocible como el primer ministro. Está estupendo. Más gordo, relleno, altivo, vulgar, muy político en definitiva. Y despiadado, muy alejado de los suaves papeles en los que solemos verlo. Tiene un registro enorme.

Se irá desentrañando una historia actual, perversa, llena de intereses cruzados que iremos descubriendo de manera sutil y reveladora.

“Me fueron forzando a meterme en temas más cercanos a la política que a la inteligencia” le dice en una discusión sin gritos a su jefe el primer ministro del País.

Dejará todo detrás de sí. Confiará en una desconocida vecina, Rachel Weisz y le terminará dejando todo lo que deja detrás de sí cuando, hacia el final del relato, comprenderá que es hora de soltar amarras y cambiar de rumbo.

La creación de un servicio de inteligencia paralelo, mentiras y secretos cruzados, son los ejes de la película. Pero también lo son la amistad, el honor, el amor y el servicio a la patria, con lo que esto signifique.

Una buena película.

Muy recomendable.

Solo tengan en cuenta, siempre hay que advertirlo, que no es una de Matt Damon haciendo de Bourne. Es otro timming, son otras veredas mojadas y otros sobreentendidos.

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