jueves, 2 de abril de 2015

Betibú

Betibú



Claudia Piñeiro tiene oficio. Sabe lo que asusta, lo que conmueve y lo que intriga. Conoce o sabe surfear en las miserias, los pactos secretos, las apariencias de la clase alta que vive en un estado de permanente tensión entre sus verdades ocultas y lo que deben mostrarle al mundo.

Sus libros se leen amablemente, transcurren, atrapan de alguna manera sutil, son relatos que conocemos, o que creemos conocer en su devenir porque todos tenemos a alguien así o parecido a sus protagonistas cerca nuestro. Por eso son relatos verosímiles y cercanos.
El tema es, una vez más, el paso del papel a la pantalla. No siempre se logra.

Betibú tiene encanto, tiene una estética interesante, una cámara que se muestra inquieta e inteligente en planos secuencia bien resueltos y una atmósfera de novela negra (sostenida por un personaje central que es el Brena que interpreta Fanego, una especie de turco Sdrech de la gráfica) que le agrega interés y aire de clásico.

Una muerte en la primera escena, un trío desparejo de dos periodistas y una narradora (ex novelista) compuesta por Mercedes Morán (siempre muy parecida a ella misma) un escenario que Piñeiro conoce bien, las intimidades de un barrio cerrado, gente de buena posición económica, y una trama que habrá que ir deshilvanando como un ovillo enmarañado.

Y se irá logrando bien, hasta que, por el tiempo transcurrido habrá que resolver todo en los minutos finales, como es bastante frecuente en este tipo de relatos.

Es decir, nos entretenemos con el desarrollo de una trama bien plantada, hasta que por falta de tiempo tenemos que recurrir a algo extraordinario, algo sobrenatural, o una trama histórica de lealtades y salvajismos juveniles que, como en este caso, tendremos que revelar por un tercero en escasos 5 minutos.

En este caso no serán marcianos, sino una misterios "organización" que todo lo puede y que es capaz de limpiar de la faz de la tierra a 5 personas mediante el pago de una suma.

La música está muy bien, apoya muy bien el relato, para situarnos mediante un jazz clásico y pegadizo en una atmósfera más de cine negro, es una buena decisión, y de las actuaciones sobresale el oficio de Fanego, no mucho más.

Lito Cruz hace lo que sabe, un comisario que asusta, y le agrega sus mohines y sonrisas socarronas que son tan efectivas. Y Norman Brisky, en el papel de Gato, que a pesar de sus muecas de loco y su atuendo ad hoc, cumple con oficio.

Es un buen intento que entretiene y homenajea a los clásicos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario