sábado, 25 de abril de 2015

Stonehearst Asylum

Stonehearst Asylum




Uno se preparara porque sabe de antemano que nada debería salir mal cuando está frente a un cuento de Edgar Allan Poe llevado al cine. Se prepara bien, se predispone, porque salvo algunos horrores, por lo general se descansa en una historia sólida y solo hay que ir llevándola.

En este nuevo transplante del papel al celuloide hay una sorpresa, y de las buenas. El director es Brad Anderson, y si bien no dice mucho todavía su apellido, si dirá si consigno ue es el director de varios capítulos de la serie The Killing (una de mis series favoritas) de 911 y de Finge, Treme o El Maquinista.Tiene oficio y sabe cómo lidiar con este tipos de historias en donde las cosas en algún momento se ponen patas para arriba y nada es lo que parece.

Un joven psiquiatra llega hasta los confines más fríos del universo, a probarse en un asilo famoso por su desconsuelo y su lejanía. Allí lo recibirían extrañamente sorprendidos ya que no lo esperaban, un director y su séquito, un director nada convencional.

A partir de ciertas sutilezas y cuestiones fortuitas (no hay que pedirle al relato clásico los atajos o las sutilezas propias de una construcción más televisiva de nuestros días) se irá construyendo una historia en la que ninguno de los personajes resulta ser el que dice ser y se irá descubriendo un verdadero submundo debajo de los salones del asilo.

La película tiene un plus, cuenta con un reparto increíblemente efectivo, la belleza (algo inexpresiva, pero a quién le importa) de Kate Bckinsdale, la frescura (y posterior sorpresa) del joven Jim Sturgess (que no loe va mejor porque no elige buenos roles) y una trilogía de monstruos que encabeza Michael Caine y se completa con Ben Kingsley (está muy bien) y Brendan Gleeson.

Habrá intriga clásica, habrá horror (leve) habrá sorpresa, todo ambientado en un clima muy Poe, fabulosamente escalofriante, y habrá algo de romance y traición.

Una mezcla clásica, como tomarse un buen Old Fashioned preparado por la barra del Plaza Hotel, es cierto, se sirve también en el Ponnyline, quizá hasta sea mejor, pero el clásico es el clásico.

En esta película pasa un poco eso, hay mejores guiones hoy, más jugados, más intrigantes, mejor elaborados, pero acá empezó todo, Poe lo inventó todo, y hay que volver a él de vez en cuando. Bien llevados en este caso de la mano del joven director.

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