sábado, 12 de mayo de 2012

Un amor


Un Amor

Paula Henández es una directora de historias. De historias y personajes, y es muy capaz para crear climas.

Herencia, Lluvia, son sus antecesoras en esto de las historias bien contadas.

Un amor es una gran historia y está contada con ternura y con la dosis de sentimientos justa y necesaria.

Ellos tres, Peretti (a esta altura creo que un Darín del cine no taquillero) Elena Roger y Luis Ziembrowski, serán los protagonistas de un amor fuerte, que traspasa los años, los recuerdos y perfora en la construcción de sus vidas futuras, como una burbuja en el cemento de sus cimientos.

Compañeros de colegio en la ciudad vecina al río, vivirán la parsimonia de sus vidas de pueblo, sus siestas y asados, sus guardapolvos y bicicletas, sus picados de fútbol y tardes de domingo en el río, hasta que Lisa llega a sus vidas para cambiarlo todo. Para poner todo patas para arriba y hacerles frente en sus sueños.

Lisa será entonces, como ellos mismos lo dicen años después, un tajo cuando llega y un abismo cuando se va.

Durará poco la estadía en el pueblo, tanto como les lleve a sus padres universitarios buscar otro lugar para esconderse en los setenta. Y es corto plazo entre ellos será el principio de todo.

Del amor, de la osadía, de una amistad varonil solo fisurada por el amor de una mujer demasiado provocadora para sus modorras.

Y a su manera, cada uno con sus armas y sus silencios, se dejarán vencer por ella, de tal forma, con tal intensidad, que nunca podrán olvidarla.

Ser irá de sus vidas de adolescentes como el llanero solitario, tan misteriosamente como había llegado, una mañana no irá al colegio porque ya no irá nunca más. Y por supuesto sin avisarles, y por su puesto dejándolos solos.

Cuando vuelva, cada uno con sus vidas ya armadas o descosidas, será para recordarles lo que no hicieron, lo que podría haber sido y lo que soñaron tanto tiempo que podría llegar a pasar si se volvieran a ver, vuelve a funcionar.

Es tan poético el relato, que se hace difícil abstraerse, se hace difícil no pensar en sus propias historias, en sus tiempos de paz y de descubrir la vida, en los protagonistas de cada historia particular.

Aunque no hayamos tenido el río, aunque no hayamos vivido en un pueblo, toda la historia nos es familiar y nos es cercana.

Y eso que sospechamos, que cuando algo es tan fuerte en esos días ya no se altera, no cambia con los años se guarda, se esconde, toma otras formas y vuelve irremediablemente en el silencio de nuestras añoranzas más profundas y solitarias, en la película se hace real, se pone en palabras y en gestos y en abrazos y en besos escondidos, en miradas y en silencios cargados de sentido.

Sucede.

Ni más ni menos que eso que esperamos que suceda.

Lo que fue fuerte, lo que nos marcó, está ahí. Aunque para cubrirlo y para olvidarlo hayamos construido enormes estructuras a su alrededor.

Serán otra vez los tres.

Uno que leyó cada una de las postales que Lisa le mandó y el otro, que nunca abrió lo que le llegaba a él, que eran cartas.

Todo volverá a ser lo mismo, a reírse en los mismos lugares y lagrimear en los mismos sinsentidos.

Pero los tres saben que no es lo mismo y eso está presentes de manera categórica.

Es una hermosa película. Es remolona, el texto y la historia no se bancarían otra cosa.

Está muy bien filmada y está muy bien actuada. Qué más le pedimos al cine?

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