lunes, 23 de mayo de 2016

The Adderall diaries

The Adderall diaries

Y si nuestro pasado es un relato ficcionado? Y si el coro de miradas nos devuelven algo que no nos gusta?



6 Butacas



Todos acomodamos nuestro pasado a un relato que nos conforma. Es la clave para entender esta película nada complaciente que tiene a James Franco (entrampado en esa máscara de desaliño e indolencia que parece componer siempre) y a Ed Harris como pareja protagónica.

El relato se construye con imágenes en Súper 8 mezcladas con la realidad presente, pero vamos descubriendo que esos fragmentos siempre muestran una parte de los sucesos, que de alguna manera fueron construyendo el presente de un escritor maldito, exitoso, que se las arregló para construir una realidad literaria basada en sus experiencias como hijo abusado y sometido.

Pero a poco que la película va creciendo, con la excusa de la presión por la edición de un nuevo libro y un repentino interés por destrabar un bloqueo creativo a partir del seguimiento de un juicio por asesinato (una suerte de "a sangre fría" que todo lo resuelva) vamos descubriendo que las cosas no son como se nos presentan, sino que hay un sustrato escondido mucho más complejo, mucho más triste, que el autor/protagonista ha omitido o torcido deliberadamente.

No es una película fácil. Se presenta como un modelo clásico de contar una historia con el recurso de los flashbacks permanentes, pero iremos descubriendo también a partir de algunos excesos (de sustancias, de autodestrucción) la naturaleza perversa de ese escritor protagonista, con una sonrisa tierna y desamparada que compone Franco.

No hay golpes bajos (y podría haber sido un recurso valorado en este tipo de películas) tampoco hay estridencias ni piruetas narrativas. 

Pero tampoco hay demasiadas sutilezas estéticas y la directora cae en algunos clichés que podrían haberse ahorrado, ya el texto, la historia es suficientemente poderosa.

En definitiva, una película con mucha búsqueda, que tiene un nudo interesante, eso de que no siempre los demás ven lo que nosotros queremos con toda fuerza que vean, más en el caso de un escritor que puede poner en palabras esas intenciones, pero que desde el punto de vista de la realización, no termina de encontrar el tono.


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