domingo, 14 de julio de 2013

The Call


The Call



Vértigo. Es eso lo que tiene esta película, el vértigo que imponen las tecnologías, las grandes ciudades. La protagonista contempla desde la terraza del edificio que alberga a las fuerzas de intervención de emergencias de la ciudad (entre nosotros, qué lejos estamos de eso como ciudad) a una de esas típicas imágenes aéreas de las grandes orbes, muchas lucecitas, ruidos de sirenas, rumores lejanos, ventanitas de edificios iluminadas, y nos va metiendo en la cabeza de una operadora de los servicios del 911, que puede ver la miseria y el peligro en ese escenario en el que nosotros solo vemos lucecitas.
Del director Brad Anderson (que además de su filmografía muy personal tiene en su haber la dirección de capítulos de series de culto como The Killing, Treme, Fringe o Alcatraz) esta película que vino a presentar hace pocos meses su protagonista (hermosa Halle Berry) a Buenos Aires, es uno de esos relatos chiquitos, en los que estoy seguro vamos a adivinar casi todo, pero que aún así nos dejan atornillados en la butaca.
Desde que arranca no hay respiro, y el gran dilema que se plantea es hasta dónde llega la responsabilidad, el involucramiento de esas voces anónimas que, segundo a segundo toman esas llamadas desesperadas.
De eso hablamos, de la desesperación de la vida en la ciudad, de las soledades, de los límites, de los horrores anónimos.
El personaje de Berry atiende una noche una llamada. Se trata de una adolescente en peligro, la llamada será una “bad call”, una de esas que no terminarán bien, y hará una muesca en la psiquis de la protagonista. Siente que en algún lugar podría haber hecho más para salvarla.
6 meses después, alejada del trajín diario, se convierte en una entrenadora de los novatos, una experimentada que les cuenta todos los secretos de los llamados, los viernes son el infierno, los domingos los suicidios, les cuenta.
Y una llamada que no pueden manejar será su vuelta al centro de la escena, se involucrará de nuevo y lo hará de manera impecable.
Ahí está lo bueno de la película, como en la mítica Sorry, wrong number protagonizada por Barbara Stanwyck, todo gira alrededor de una llamada que no puede contarse, nosotros sabemos lo que pasas del lado de la comunicación en donde está el peligro, pero no lo saben en la oficina de emergencias, y en esa tensión se basa el relato.
Con una participación mínima pero contundente de Michael Imperioli (Los Soprano) y buenos actores de reparto (el malo es malísimo) la película tiene un muy buen ritmo y es lo que la hace buena.
Hasta ahí, buena a secas, pero no es poco.
El final es muy para la tribuna. Pero es el que eligieron.

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