sábado, 6 de julio de 2013

Welcome to de Punch


Welcome to the Punch


Policial inglés. Si, policial inglés.
No hay prejuicios, hubo buenos. Pero no es este el caso.
Es una historia pretenciosa. La dupla actoral protagonista es lo que salva algo de la hora y media larga que dura.
James MacAvoy, el chico galés que filma tanto y tanto (Penélope, Wanted, la de la conspiración para matar a Lincoln) es un policía joven e idealista que persigue sin descanso a un malo malo malo, que protagoniza en este caso ;ark Strong, si, que siempre hace de malo, un buen actor inglés de papeles no tan destacados lamentablemente en la industria.
El malísimo un día escapa de un espectacular robo de banco, y en la salida, le pega un tiro en la pierna a su perseguidor.
El perseguidor persigue, claro, y no escucha lo que le dicen, es joven, piensa que puede solo, pero en ese tiro en la rodilla que lo marcara de por vida, se entera que no puede todo y mucho menos solo.
El malo se va lejos. Tiene mucho dinero como para preocuparse por tonterías, y un día, con una llamada telefónica que le hace su hijo, que sigue en Londres, deberá volver para salvarlo, aunque no llegará a verlo con vida.
El joven, que a partir de su rodilla rota cambió sus hábitos, tiene la chance de vengar lo que le pasó. En definitiva es un especialista en ese tipo que vuelve. Lo conoce demasiado bien.
Pero a medida que la historia avanza, se entrelazarán las corrupciones policiales, sus jefes estarán envueltos, será nuevamente el némesis del malo, y habrá un giro de la historia que los hará pelear del mismo lado, los buenos no son tan buenos y requieren de fuerza más inteligente para ser combatidos.
Si lo contamos así el guión es prometedor. Pero hay algo en esta historia, quizá la falta de tradición inglesa para los policiales, el afán permanente por parecerse a los americanos, con efectos especiales y climas prefabricados, algo falla, y falla mal.
Y la historia que prometía cuando nos la cuentan, fracasa en la narración cinematográfica. Y fracasa mal.
Porque hay cabos sueltos, porque es obvia, porque no nos terminamos creyendo nada de lo que los actores componen (y eso que son buenos) porque el elenco es muy pero muy desparejo, en fin, sobran las razones para defraudarse.

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