viernes, 8 de agosto de 2014

Non Stop

Non Stop


Liam Neeson es definitivamente un actor que fue buscando un camino extraño, o fue encontrando mejor dicho.
A sus viejos papeles heroicos, complejos, se le fueron dando en los últimos años algunos de tipos vencidos, perdedores, melancólicos, puestos en situaciones en las que hay que redimirse y demostrar heroísmo.
Y no lo hace mal.
El punto es lo creíble que son los argumentos, ya que lo que descansa en su capacidad actoral, para mi gusto, funciona bien.
En este caso el argumento no está mal, pero es fallida su puesta y resolución.
Encarna a un alguacil de aviones, de esos agentes encubiertos que se suben a los vuelos al azar, después del 11 de Septiembre, y que tienen que trabajar en el aire previniendo secuestros y delitos en el aire.
Nada raro hasta acá, salvo que, por ejemplo, nos enteraremos que odia volar, que perdió una hija, que es alcohólico y que en el trabajo lo tienen entre ceja y ceja.
Tanto para ponerlo en tensión?
Es el recurso que encontraron.
Entonces la historia que viene de despegue se transformará en una pesadilla.
Hay que ser muy bueno y tener un guión a prueba de fisuras (claro y actuaciones a la altura) para poder desarrollar una historia en un ambiente confinado.
Y eso, con algunas honrosas excepciones como la del maestro Alfred H con The Rope, no es nada fácil de lograr.
Acá la tensión tiene que desarrollarse en un vuelo que dura 6 horas y adentro del fuselaje.
Pero no logra ni tensión narrativa ni sorpresa, salvo por momentos.
Y una película así tiene que tenerte todo el tiempo en el borde de la butaca
No es este el caso.

Es un buen entretenimiento, pero de a ratos.

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