domingo, 5 de junio de 2016

Borgen

Borgen

Unos años antes que House of Cards y con la inocencia del deber ser





8 Butacas



Las series escandinavas son, sin ninguna duda, de una factura y ritmo sorprendentes. Tan acostumbrados como estamos a las propuestas de la gran industria del entretenimiento, a veces por falta de acceso (no están ni en Netflix ni en los canales que nos trae nuestro menú de Cablevisión) no llegamos a ver estas maravillosas realizaciones que sobre todo en términos de suspenso, policiales y política (alta política) están disponibles en diversos formatos fuera de sistema desde hace algunos años, pasando de mano en mano como los viejos discos piratas de los 70.

Así como elogiamos en este blog a Forbrydelsen, o Bron/Broen y la maravillosa Wallander (ambas, la original y la de la BBC) Borgen (the government)se inscribe perfectamente en esa línea d una serie bien hecha, creíble, bien actuada y entretenida.

Por cierto que aquellos que han disfrutado House of Cards tendrán un sinsabor, una pequeña decepción inicial, puesto que en Borgen las cosas no serán tan salvajes y el formato escandinavo es bien diferente al que propone el modelo de gran escala.

Borgen es más íntima, más inocente, pero igual de poderosa.

Se ubica en la llegada al poder, de una mujer que se convierte en Primer Ministro de Dinamarca en una de las tantas movidas parlamentarias que deciden los cambios de gobierno en esas democracias de articulaciones y negociaciones permanentes.

Primera cosa rara, los primeros capítulos serán entonces esas negociaciones entre partidos para ver quién asume el poder y cómo lo comparte en ministerios. Una gran lección de negociación permanente hasta que, no exentos de juego sucio y traiciones, veremos encaramarse a las nuevas autoridades.

Una mujer será, por primera vez, Primer Ministro y esto será un dato fuerte en toda la primera temporada.

La veremos crecer en su puesto, aprender a tomar decisiones siempre difícil, la veremos cambiar al carácter y sus costumbres y su intimidad, lo que conlleva un buen desafío actoral para la protagonista.

Un buen balance entre política, un asesor de prensa siempre presente y protagonista, un canal de televisión muy metido en las decisiones de gobierno y una realidad que nos es lejana en términos estructurales (no estamos acostumbrados a ver esquemas de poder tan negociado, tan fragmentados en coaliciones) pero que nos es tremendamente cercana en términos de influencia de la opinión pública y el periodismo en el desvelo que supone para los gobernante controlar ese discurso.

El costado humano de la Primera Ministro, cómo empieza a dañar la relación con su marido y sus hijos, cómo interfiere hasta en su cotidianidad más íntima, es un desarrollo paralelo a las intrigas palaciegas, que dan al personaje un matiz de credibilidad y endeblez que conmueven

Es muy recomendable verla

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