martes, 6 de junio de 2017

Silence

Silence

Scorsese, el catolicismo, las causas perdidas y la maestría de contar


8 Butacas



Si uno lee antes que va a ver una película que trata sobre la vida de unos sacerdotes jesuitas portugueses que en el siglo 17 van a buscar a Japón a su mentor, perdido hace años en medio de su campaña evangelizadora, probablemente busque cambiar el programa.

Pero está Scorsese, está un libro poderosísimo, y está su maestría en contar historias, entonces la película se hace además, necesaria.

Es reveladora, al menos para este blog, la historia de los jesuitas en Japón, que llegan con la misión del evangelio. Un país que los rechaza desde el inicio, y que exige que ese rechazo se transforme en agresión a la cruz y a los símbolos más sagrados de la religión.

Dos sacerdotes emprenderán la búsqueda de su mentor, perdido por años en medio de las montañas japonesas y del que nada se sabe (Andrew Garfield y Adam Driver, que buscarán a Liam Neeson). En medio de esa búsqueda, que lleva años, pasarán por todas la pruebas, por todos los tormentos, hasta por negar la propia fe para mantenerse con vida.

Ese periplo, contado con la maestría de Scorsese, y no mucho más, son los elementos centrales de esta historia.

Es morosa, es bella, es silenciosa, tiene un libro acotado, está llena de símbolos, y es en definitiva un producto cinematográfico puro, una historia, un puñado de actores buenos y una cámara inquieta y hábil.


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