miércoles, 21 de diciembre de 2011

Killer elite


Killers Elite

Uno se entusiasma. Lee De Niro, lee Jason Statham, lee Clive Owen y ve el afiche de los tres armados hasta las muelas y se prepara para una buena de tiros, carreras, persecuciones y huesos rotos.

Pero además está De Niro!! Quizá nos regala otro personaje y otra tensión similar a Ronin, en la que nos dejan la mejor o una de las mejores persecuciones de auto de la historia del cine de acción.

Lo que vemos es un fiasco monumental.

70 millones de dólares de presupuesto para eso (que no llegó ni a cubrir los costos, como uno adivina cuando la termina de ver) una película insípida, incolora, poco creíble, a pesar de estar basada en hechos reales.

Hay cosas malas y muy malas, pero lo realmente pésimo de este fallido es el guión. Hay que ser muy malo para al menos no hilvanar con hidalguía un guión en una de tiros. Quiero decir, no nos están pidiendo reflexiones ni anticipaciones de teorías políticas, solo se le pide a la película de acción que sea honesta, medianamente creíble, para que nos dejemos atrapar por los personajes y vivamos unas horas en sus pellejos sudorosos.

Pero el guión es tan malo, que ni los actores pueden salvarlo.

A esta altura uno sabe que De Niro labura por plata, que le interesa el cheque, que tiene otras inquietudes en la vida, y que, cuando quiere, hace un papel de esos que se nos caen las medias. Pero siempre guardamos la secreta esperanza que esos minutos que el tipo da en pantalla para una película, tengan algo distinto, su toque.

Bueno, ni eso pasa.

La historia es de asesinos, de uno ya grande que está siempre por retirarse, de un discípulo que va a arriesgar su vida por salvarlo, de un jeque árabe y de un oscuro jefe de fuerzas de seguridad de elite británicas que ya no están en actividad.

Demasiado complicado? Y si, pero eso no es lo peor, lo peor es que los guiones son tan malos, tan malos, que no los pueden salvar los actores, que dan unas caricaturas terroríficas, llenas de mohínes y máscaras sin sentido.

Pésima.

Ni la vean de prestado.

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